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A punto de realizar el primer remate de su cabaña Las Veteranas, el veterinario Andrés Cornejo y sus hijos intentan hacer un mejoramiento genético para el mundo real y no para los concursos

Veterinario y especialista en reproducción bovina, fundó Las Veteranas en 1991, pero recién ahora convirtió aquella cabaña en un proyecto familiar que comparte con sus ijos. Después de varias...

A punto de realizar el primer remate de su cabaña Las Veteranas, el veterinario Andrés Cornejo y sus hijos intentan hacer un mejoramiento genético para el mundo real y no para los concursos

Veterinario y especialista en reproducción bovina, fundó Las Veteranas en 1991, pero recién ahora convirtió aquella cabaña en un proyecto familiar que comparte con sus ijos. Después de varias...

Veterinario y especialista en reproducción bovina, fundó Las Veteranas en 1991, pero recién ahora convirtió aquella cabaña en un proyecto familiar que comparte con sus ijos. Después de varias décadas seleccionando reproductores, advierte sobre los riesgos de cambiar permanentemente de rumbo y sostiene que mejorar no es buscar animales extremos, sino superiores, fértiles y adaptados.

Cuando Andrés Cornejo comenzó con Las Veteranas seguramente ya tenía en su cabeza una imagen del animal que quería producir. Treinta y cinco años después, esa búsqueda todavía continúa. “Todo criador genuino y honesto consigo mismo tiene un modelo mental del animal perfecto”, explicó el veterinario, especialista en reproducción y mejoramiento de rodeos de cría.

Pero entre imaginar ese animal y conseguir que sus características se consoliden dentro de un rodeo pueden pasar varias generaciones. Por eso Cornejo desconfía de los volantazos, de las modas y de la utilización indiscriminada de reproductores con objetivos diferentes.

“El peor enemigo de la genética es estar cambiando todo el tiempo. Creo que mucha gente usa demasiados toros y prueba demasiadas cosas”, afirmó.

Las Veteranas comenzó como una sociedad entre Cornejo y su amigo Miguel Ballester. Durante años realizaron remates en el oeste bonaerense, hasta que aquella primera etapa comercial terminó en 2008. El proyecto continuó luego en Estancia Renancó, en medio de las bellísimas sierras de Tandil, donde el próximo 7 de agosto se realizará el primer remate de esta etapa. Hasta ahora, la genética de Las Veteranas se desparramaba hacia diversos establecimientos mediante ventas directas o la curiosa implementación de “puntos de venta” en Entre Ríos, Corrientes y La Pampa, donde se han asociado con ganaderos locales que recrían los toritos. 

El emprendimiento de Cornejo adquirió con los años un marcado carácter familiar. Allí trabajan su esposa, Clara Pereyra Iraola, sus hijos Andrés “Negro” y Ramón, y el equipo encargado del manejo cotidiano de los animales que son de la raza Angus, la más difundida del país.

Mirá la entrevista completa:

Veterinario de campo durante muchísimos años (recién ahora está dejando sus clientes en manos de su hijo también veterinario), para Cornejo el mejoramiento comienza con una definición aparentemente sencilla: los animales de una nueva generación deben ser superiores a sus progenitores.

Pero esa mejora no puede medirse solamente por el tamaño, el peso o la velocidad de crecimiento. También debe sostenerse en el tiempo y resultar económicamente viable para el productor. “De nada sirve mejorar alguna cosa que genere más costos. Mejoramiento también es generar animales que hagan más con menos”, resumió.

Esa definición ayuda a entender el tipo de vaca que busca producir. En un rodeo de cría, las características centrales son la fertilidad y la adaptación al ambiente. Pero esos objetivos pueden ser diferentes en otras etapas de la producción ganadera. Un invernador, por ejemplo, puede priorizar el crecimiento de los animales, mientras que para el criador resulta indispensable que las vacas se preñen, paran y vuelvan a quedar preñadas regularmente.

“Muchas veces los objetivos de una actividad se superponen o directamente se oponen a los de la otra”, explicó Cornejo.

Su hijo, “Negro” Cornejo, nos explica con mayor detalle qué tipo de animales buscan producir en Las Veteranas y cómo se hace la selección:

La fertilidad cobra todavía más importancia porque las vacas suelen permanecer en los sectores menos productivos de los establecimientos. “Los lugares donde viven las vacas son los peores, porque todo lo demás es más rentable que la vaca. Si hay buen suelo, hay agricultura”, señaló. En el caso de la estancia de Tandil que ocupa la cabaña, el plantel de cría se ubica en los terrenos serranos, de más difícil acceso.

En la Estancia Renancó buena parte del campo está formada por el paisaje serrano característico de la Tandilia. Son ambientes con sectores de escasa profundidad de suelo, inviernos fríos y ventosos y veranos que pueden ser secos. Según explica la propia cabaña, allí permanecen las vacas adultas sobre campo natural y también nacen y atraviesan sus primeros meses los futuros reproductores.

El ambiente funciona así como un filtro. La vaca debe conservar su condición corporal, criar un ternero y volver a preñarse sin que el sistema necesite aumentar permanentemente los costos para sostenerla. Para alcanzar ese objetivo, Las Veteranas desarrolló un programa genético basado en la selección por fertilidad, facilidad de parto, adaptación y bajos requerimientos de mantenimiento. También procura concentrar el trabajo en pocos padres para evitar una dispersión excesiva dentro del rodeo.

Es la aplicación práctica de una de las principales ideas de Cornejo: la genética no se construye mediante cambios constantes, sino sosteniendo una dirección durante muchos años.

“La genética es una carrera de larga duración, es una maratón”, comparó.

El veterinario contrapuso esa disciplina con una carrera de 100 metros llanos, en la que el atleta puede correr a máxima velocidad durante todo el trayecto. En genética, en cambio, cada decisión tarda años en mostrar sus efectos. Cuando el resultado finalmente aparece, corregir un error puede demandar varias generaciones adicionales. “En realidad, esto se trata de cometer la menor cantidad de errores posibles”, planteó. 

Cornejo define esa precaución como la necesidad de reducir los “daños colaterales” del mejoramiento. “Mejorar es tratar de que los individuos sean mejores que sus progenitores, produciendo la menor cantidad de daños colaterales en el camino”, afirmó.

A su criterio, la ganadería atravesó etapas en las que una determinada característica fue llevada demasiado lejos. Cornejo recordó especialmente el período en que varias razas seleccionaron animales cada vez más grandes. Aquella búsqueda terminó provocando dificultades productivas que no siempre habían sido previstas.

“Hubo una etapa en la cual se apuntó a animales muy grandes y eso generó muchos problemas: problemas de parto, de terminación en los novillos, de adaptación al medioambiente. Se vio comprometida la fertilidad, aparecieron vacas que se adelgazaban y hubo problemas de tamaño y biotipo”, enumeró.

Según su mirada, ese proceso impactó particularmente sobre el Hereford, una raza que había recorrido un camino muy exitoso desde mediados del siglo XIX y durante buena parte del siglo XX en los principales países ganaderos. “El Hereford hizo un camino muy exitoso y muy potente. Después, todos estos inconvenientes del tamaño le pegaron más fuerte que a otras razas”, consideró.

Sin embargo, Cornejo cree que la base genética de esa raza continúa siendo valiosa y que los criadores ya comenzaron a corregir el rumbo. “Hay una base muy, muy buena y ahora se ha tomado un camino distinto. Me parece que vamos mucho mejor”, destacó.

En ese contexto aparece la expresión “fabricar animales”, que puede resultar extraña cuando se habla de producción ganadera. Para Cornejo, fabricar no significa producir animales en serie ni encerrarse en un laboratorio. Significa definir un modelo, mantener determinadas premisas y tomar decisiones consistentes para aproximarse a ese objetivo a lo largo de las generaciones.

“Soy bastante reacio a los cambios porque sí y me gustan los sistemas que perduran en el tiempo. De ahí viene la fabricación: uno fabrica cosas que duren”, explicó.

La uniformidad es una consecuencia de esa constancia. Aunque no sea la única característica relevante, tiene un valor comercial evidente. “El que compra hacienda quiere ver tropas uniformes”, señaló.

En Las Veteranas, los toros son criados bajo un sistema que procura respetar sus tiempos de desarrollo y evitar una preparación excesiva. La búsqueda no está orientada claramente a producir un reproductor vistoso para una exposición o una venta, sino uno fértil, funcional y capaz de trabajar durante varios años.

Otro de sus hijos, Ramón Cornejo, también se sumó al proyecto familiar luego de una interesante experiencia laboral en Australia:

Después de 35 años de trabajo intenso, el respetado Andrés Cornejo integra varios comités de la Asociación de criadores de Angus. No se detiene nunca porque no considera que el proceso esté terminado. La selección de un rodeo no tiene una meta definitiva, porque cada nueva generación obliga a observar resultados, conservar aciertos y corregir errores.

Lo explicó recurriendo a una imagen conocida por cualquier productor ganadero. “Esta actividad tiene una característica muy especial: nunca termina. En el campo uno se levanta a la mañana y siempre hay una madera rota en el corral o hay que ir al pueblo a hacer algo”, relató.

“En genética es exactamente lo mismo: no termina nunca”, se despide el experimentado veterinario.

Fuente: https://bichosdecampo.com/a-punto-de-realizar-el-primer-remate-de-su-cabana-las-veteranas-el-veterinario-andres-cornejo-y-sus-hijos-intentan-hacer-un-mejoramiento-genetico-para-el-mundo-real-y-no-para-los-concursos/

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