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Alejandro está preso en Batán, pero se siente digno y a veces libre: A cargo del gallinero, se las ingenia para ir renovando el plantel de ponedoras que los proveen de huevos frescos todos los días

En la recorrida por Liberté, el espacio de la cárcel de máxima seguridad de Batán que es autogestionado por una cooperativa de internos preocup...

Alejandro está preso en Batán, pero se siente digno y a veces libre: A cargo del gallinero, se las ingenia para ir renovando el plantel de ponedoras que los proveen de huevos frescos todos los días

En la recorrida por Liberté, el espacio de la cárcel de máxima seguridad de Batán que es autogestionado por una cooperativa de internos preocup...

En la recorrida por Liberté, el espacio de la cárcel de máxima seguridad de Batán que es autogestionado por una cooperativa de internos preocupados -y ocupados- por generar sus propios recursos y capacidades para poder llevar allí dentro una vida más digna, Alejandro (uno de sus integrantes autorizados a conceder entrevistas a Bichos de Campo) ya nos había mostrado la carpintería. Pero su boina delataba su origen rural: por eso fue natural volver a encontrarlo en el sector del gallinero, lindero a la huerta agroecológica que llevan adelante los presos.

“Siempre estuve en el campo y tenía más conocimiento. Por eso cuando se empezó con esto, me pusieron a mi a cargo”, nos dice Alejandro, cuya misión es alimentar y cuidar a un centenar de ponedoras que alguna vez el INTA, a través de su programa ProHuerta ahora desaparecido, introdujo en este penal para que los socios de la cooperativa pudieran obtener su propia producción de huevos frescos.

El esquema de producción es parecido al de las “gallinas felices”, pues las ponedoras salen a pastar de a ratos, se alimentan también con los desechos de la huerta, tienen una pequeñísima fracción sembrada con alfalfa para armar raciones, y solo regresan al gallinero a la hora de dormir y poner los huevos, que son considerados “orgánicos” por los reclusos, aunque esta condición difícilmente pueda llegar a ser certificada detrás de los altos muros y torretas de Batán.

Mirá la entrevista con Alejandro:

Lo que más le entusiasma contarnos a Alejandro y los internos que lo secundan en esta sección de Liberté es que a su vez el gallinero -además de los huevos frescos que se utilizan en la rotisería que también funciona en el lugar- aporta el guano necesario para fertilizar la huerta, en un claro ejemplo de intercambio y economía circular. “El abono que acá dentro no se consigue, como el fertilizante o la urea, nosotros lo logramos con un compostaje que hacemos con la caca de la gallina y también con pastos, barbechos distintos. Esto nos sirve para ir mejorando los suelos para cuando hacemos los plantines”, describe.

Uno de sus desafíos para los próximos meses es renovar el plantel de gallinas ponedoras, porque las que les cedió el INTA ya han cumplido cuatro años de edad y deberían haber menguado en su productividad. Sin embargo, “a nosotros nos siguen poniendo por suerte, yo calculo que también es por el buen trato que le damos a las gallinas”.

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Ese cuello de botella que se aproxima, porque el programa Prohuerta (que distribuía semillas y ponedoras) fue discontinuado por el actual gobierno, está tratando de ser enfrentado por los propios internos, que han armado una recría para tener su propia producción de ponedoras y poder reemplazar paulatinamente su plantel, así no se reduce la producción de huevos. Introdujeron algunos gallos para fertilizar huevos y -como describe Alejandro- “inventaron una incubadora” para que los huevos prosperen durante los 21 días de incubación que se necesitan.

Los presos comenzaron a probar ese sistema y vieron que tenía éxito cuando nacieron tres simpáticos patos que ahora andan por el parque, y son sus mascotas.

Como responsable del sector de producción animal de Liberté, Alejandro está más que satisfecho por ese logro y también por haber mantenido la producción de miel dentro del lugar, con una única colmena que ha sobrevivido a la falta de material y los intensos fríos. Las abejas se las ingenian de algún modo para traspasar los enormes muros que separan a los presos del resto de la sociedad. Y regresan para completar el ciclo virtuoso de la apicultura.

Alejandro nos regala un trozo de la miel que produjo esa colmena y es el mejor testimonio que tiene para ofrecernos de que, con ganas y trabajo, en cualquier sitio es posible que florezca la vida.

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