
Anclada en San Luis y con un problema crónico en la piel, Mercedes Paredes comenzó a fabricar jabones de leche de cabra: “Yo tenía una necesidad y decidí trabajar sobre esa necesidad para mi emprendimiento”
La vida de Mercedes Paredes ha sido y es un gran viaje. Un viaje que comenzó en su Misiones natal, criándose toda su infancia y adolescencia en un solo lugar de la casa familiar: la cocina. Allí...
La vida de Mercedes Paredes ha sido y es un gran viaje. Un viaje que comenzó en su Misiones natal, criándose toda su infancia y adolescencia en un solo lugar de la casa familiar: la cocina. Allí aprendió no solo a cocinar sino a hacer pastelería, una de sus pasiones. Sin embargo, no sería esa su salida laboral inmediata.
Con los años, vivió en Buenos Aires y trabajó en una empresa en el área de cobranzas. Agotada de esa vida, apostó por su pasión de la infancia: la pastelería, haciéndolo para una empresa de catering en Junín, Provincia de Buenos Aires.
Inquieta naturalmente, alguien, durante una conversación le mostró un documento sobre una cooperativa que venía con problemas y en caída libre. A Mercedes le picó la curiosidad, no tenía idea de cooperativas y sin demoras se dijo a sí misma: “Hay que estudiar”. Se metió en el tema y terminó dedicándose a armar proyectos productivos con cooperativas.
Ese trabajo la llevó un día a un viaje, que, por casualidad, pasaría por un pequeño pueblo de la provincia de San Luis, de menos de mil habitantes, seis cuadras de largo por tres de ancho y ubicado a 160 kilómetros al norte de la capital provincial.
El pueblo se llama San Martín y es la villa cabecera del departamento Libertador General San Martín. Evidentemente fue amor a primera vista para Mercedes, porque con 52 años y tres hijos grandes que hacían su vida, pensó a futuro en vivir allí y sin analizarlo demasiado tomó la decisión: “Vi una casa que estaba en venta, me tiré a la pileta y la compré” recordó.
La casa necesitaba refacciones, así que Mercedes iba y venía para ponerla en condiciones. En uno de esos viajes, lo que iba a ser un proyecto a futuro se convirtió en una realidad inesperada: la pescó la pandemia del Covid 19 y quedó varada en su casa de San Luis, sin poder volver a Junín y ya sin trabajo.
“En realidad yo soy de Buenos Aires, aunque nací en Misiones, pero bueno, me compré acá una casa, como para mi futuro y un día vine a hacer unos arreglos porque había que remodelarla y justo empezó la pandemia”.
Con su crianza en la cocina, primero pensó en producir conservas, pero no tenía los productos a mano en la zona que le permitiera hacerlo. Entonces, se planteó que tenía que hacer algo, un producto, una actividad cuyos insumos o servicios estuvieran cerca del pueblo donde había quedado varada.
Fue allí cuando una situación de salud que ella arrastraba de toda la vida se transformó en una oportunidad. “Yo tenía una necesidad y decidí trabajar sobre esa necesidad para hacer mi emprendimiento. Toda la vida tuve una alteración de la barrera lípida de la piel, que era barrida cada vez que me bañaba por el efecto de los jabones comerciales que todos usamos e incluso o por el agua dura como me pasaba aquí en San Luis, lo que me provocaba picazón, ronchas y un verdadero padecimiento”
Recordó que “por esto siempre tuve que tomar baños muy cortos, estar medicada con corticoides y usar cremas carísimas para la piel. Así que, pensando en esta necesidad, decidí estudiar cómo fabricar un jabón que me sirviera para resolver mi problema”.
Se puso a investigar por internet en las noches, cuando la señal era más generosa porque el pueblo dormía. Y así, investigando y estudiando llegó a descubrir que la leche de cabra era el insumo que necesitaba para su problema de la piel, y aun mejor, que la tenía a mano a un par de kilómetros de su domicilio.
Ahí le cerró la idea: “Dije, bueno listo, voy a arrancar con el jabón de leche de cabra porque tiene muchísimas propiedades y es muy bueno para la gente”
“Y arranqué con los jabones porque recién acababa de empezar la pandemia y pensé, vamos a estar 40 días o 45 días encerrados, no se podía salir a ningún lado y así fue, pero no por 45 días sino por 2 años”. Al final, nunca se fue.
“Arrancar con los jabones no fue fácil. La gente aquí no te brinda de inmediato su confianza por lo que me costó mucho. Empecé a comprarle leche a una gente que tiene cabras en la Quebrada de San Vicente, un lugar bellísimo. Pero me llevó un tiempo convencerlos de que me vendieran”.
“Iba y me daban un poquito, después me vendían otro poco y un día fui y le dije a la señora, ‘yo le compro toda la leche que tenga’, porque la usaban para hacer queso de cabra y no estaban vendiendo nada, la estaban tirando. Y ahí fue cuando me compré un freezer y lo llené de leche para guardar”.
“Hoy tengo dos freezers de 450 litros totalmente llenos y pude hacer la primera gran compra de leche de cabra con 300.000 pesos que obtuve cuando gané el premio por el emprendimiento, comenzando ahí a hacer un stock para fabricar”.
El premio al que se refiere Mercedes fue el que le dio el programa “San Luis Emprende” del Gobierno provincial, destinado a apoyar y promover el desarrollo de emprendimientos individuales o comunitarios del entorno natural puntano, que eligió su proyecto entre otros cinco para otorgarle un aporte no reembolsable de hasta 1.000.000 pesos.
Con este reconocimiento y apoyo, Mercedes pudo además comprar un segundo freezer, todas las herramientas y moldes que necesitaba y otros insumos que comenzó a agregar a los jabones para enriquecer el producto.
“Comencé a fabricar mis jabones, que puedo decirlo con mucho orgullo, son hechos cien por ciento con leche de cabra; hice un stock y me senté a esperar que viniera la ola de turismo, pero nunca llegó, así que decidí redimensionar el proyecto apuntando al diseño, un diseño de autor”.
Mercedes destacó las bondades de la leche de cabra no solo como producto cosmético sino como producto saludable, ya que fue la solución que tanto buscaba a su problema de salud en la piel: “La leche de cabra tiene el mismo PH que el ser humano y por lo tanto no le hace ningún daño a la piel, y esto fue la solución al problema que durante tantos años padecí y que hoy me permite tomar un baño como una persona normal”.
“La leche de cabra -continúa- es curativa y al tener un PH tan bajo, no es agresivo para la piel, pero mis jabones, además de ser cien por ciento de leche de cabra, son productos naturales, lo que les da un valor adicional, porque no tienen ningún químico, ni tampoco los abrasivos que traen los jabones de fabricación industrial”.
Y aunque para Mercedes el producto era prometedor, venderlo era otra cosa muy distinta. Por eso, cuando decidió redimensionar su proyecto, en lo primero que pensó fue en una huerta, y sin más, armó una huerta en su casa para el emprendimiento de los jabones.
“Comencé a sembrar calabaza, levanté mis calabazas y fabriqué mi jabón de leche de cabra con calabaza adentro y quedó espectacular. Entonces, sembré romero, ruda y otras verduras y hierbas con la misma técnica, haciendo distintas líneas de jabones”.
La huerta, fue el comienzo para luego ampliar el espectro del diseño de sus jabones: “Después comencé a agregarles arcillas, que tienen muchas propiedades para la piel y además me servían como colorantes. Y así avancé con otras líneas de jabones de leche de cabra a los que les agregué avena, mantecas de cacao, miel o aceite de oliva”.
Aunque Mercedes no cría cabras para fabricar sus jabones, su emprendimiento sí se apoya en la producción agrícola y ganadera local y regional, ya que aparte de hacer su propia huerta, el resto de los insumos los compra en Libertador San Martín y en las zonas vecinas.
Esto le permitió hacer un gran stock y como ocurre con los buenos vinos, los jabones de leche de cabra mejoran con el paso del tiempo en sus propiedades y su prestación.
“Tengo una línea especial de jabones curados por 4 años y tengo otros de hasta 6 años. Todos mis jabones son jabones de diseño y son para bañarse no para comprarlos y guardarlos en un cajón”.
“Son jabones -resalta- que no se usan como los normales, sino que, con el jabón, te mojas vos por un lado y mojás el jabón por otro, haces con las manos una espuma, una crema y te lo pasás por el cuerpo”.
Mercedes precisa que “al tener un sobre-engrasado de 8% por estar hecho con leche de cabra este jabón te humecta la piel de inmediato porque es una crema que te pones en el cuerpo. En el primer uso ya te das cuenta, es muy bueno para la piel y además alivia y ayuda mucho a quienes tienen algún problema con su piel. Yo siempre digo que es ideal para regalar, como un producto saludable y también de cosmética”
Toda la experiencia de vida que Mercedes Paredes trajo a San Luis, terminó siendo la materia prima sobre la que construyó su proyecto. Su infancia en Misiones, su vida en Buenos Aires, su experiencia trabajando en proyectos productivos. Pero, sobre todo, fue crucial su saber en pastelería.
“Mi conocimiento en pastelería fue fundamental para hacer los jabones, porque en pastelería es sumamente importante que sigas la fórmula, la receta, no se puede estar cambiando sobre la marcha ni agregar de más o cambiar las proporciones porque termina saliendo mal y eso me ayudó muchísimo para hacer estos jabones”.
“Pero, además -remarcó- yo tenía todos los elementos necesarios para hacer pastelería, que venía me juntando hacía años y que me sirvieron muchísimo para fabricar los jabones, tanto desde herramientas para decorar, como la batidora y hasta el termómetro, todo, más mi conocimiento, me sirvió”.
Mercedes asegura que le va muy bien con la venta de sus jabones, y que le podría ir mejor pero que las cosas están muy difíciles para todos. Sin embargo, ella apunta con sus jabones a la cosmética, un nicho que a su entender no afloja ni en los peores ciclos económicos.
“La cosmética creció en la época en que estaba todo re mal, porque la gente, a pesar de que todo le cuesta mucho, necesita darse al menos una pequeña satisfacción y este nicho permite esto”.
La invención de Mercedes, con un producto natural, artesanal y a pequeña escala ha ido dando sus frutos, incentivándola a perfeccionarse, aprobando un curso de Desarrollo y Dirección de Pymes en la Universidad de Buenos Aires, y representando a San Luis con sus jabones en un stand en Tecnópolis donde también fue reconocida.