¡Apurate, José! En Entre Ríos ya se prepara un protocolo para sacar 500 mil vacunos antes de que el Paraná vuelva a crecer, como se espera
Apúrate, José, que ya está viniendo La creciente otra vez y no sé por qué Esta vuelta, las aguas me dan más miedo Todo el bicherío la está anunciando como nunca fue Esas ...
Apúrate, José, que ya está viniendo
La creciente otra vez y no sé por qué
Esta vuelta, las aguas me dan más miedo
Todo el bicherío la está anunciando como nunca fue
Esas líneas corresponden a Apurate José, un popular chamamé de Teresa Parodi, compuesto allá por 1985, en el que se retrataba un diálogo entre dos isleños, que apurados por la crecida del Río Paraná, debían sacar sus pertenencias antes que se las lleve el agua. Esa situación es conocida para muchos habitantes del Litoral argentino, particularmente en la zona del Paraná, ya que las crecientes del rio generan complicaciones para la vida y la producción.
En Entre Rios solamente hay 500 mil cabezas de vacunos que se crían en zona de isla, es decir, en terrenos inundables del curso fluvial. Por ahora el rio está en los niveles normales, pero se prevén lluvias intensas para la región y tambén para el sur de Brasil, lo que hace crecer el río y por ende los animales que habitan en las islas deben ser llevados a tierra firme.
En este escenario, los productores ganaderos que trabajan en las islas saben que convivir con las crecientes forma parte del oficio. Pero también saben que, cuando el agua avanza demasiado rápido, cada día perdido puede transformarse en cientos de animales aislados, falta de embarcaciones, problemas sanitarios y una carrera contrarreloj para llegar a tierra firme.
Por eso, aunque el río todavía se mantiene en niveles normales, en Entre Ríos ya comenzaron a prepararse para un escenario que hoy aparece como probable de cara a la primavera y el verano. Los pronósticos climáticos vinculados al fenómeno El Niño anticipan lluvias abundantes en el norte de la cuenca del Paraná y una creciente que, si finalmente se concreta, podría obligar a movilizar cerca de medio millón de cabezas de ganado que hoy pastorean en las islas entrerrianas.
Con ese panorama sobre la mesa, el Ministerio de Desarrollo Económico reunió a representantes del Senasa, la Fundación de Lucha contra la Fiebre Aftosa (Fucofa), Prefectura Naval, la Policía de Entre Ríos y entidades rurales para comenzar a definir un protocolo que permita ordenar los movimientos de hacienda cuando llegue el momento.
“Hoy estamos hablando de un pronóstico. El río está estable y todavía no hay una situación de emergencia. Pero justamente queremos trabajar para que, si finalmente la creciente se produce, no nos tome por sorpresa”, explicó a Bichos de Campo el director provincial de Producción Animal, Martín Sieber.
El funcionario recordó que la provincia concentra una de las mayores poblaciones de ganadería de islas del país. “Estamos hablando de casi 500.000 cabezas. El productor isleño conoce perfectamente el comportamiento del río y normalmente espera hasta que la creciente es una realidad para comenzar a sacar la hacienda. Pero ahora queremos que todo ese proceso pueda hacerse de la manera más ordenada posible.”
Esa palabra —orden— apareció repetidamente durante la reunión y también en las entrevistas posteriores. Porque, aunque los productores conocen los tiempos del Paraná y suelen seguir con atención la evolución del río en Iguazú y aguas arriba, una salida masiva siempre genera complicaciones logísticas.
“No queremos que los productores especulen hasta último momento cuando ya la creciente sea grande, porque después todo se complica: la disponibilidad de barcazas, los movimientos y toda la logística”, resumió el ministro de Desarrollo Económico, Guillermo “Willy” Bernaudo a este medio.
El funcionario sostuvo que el principal mensaje es adelantarse. “Los productores conocen el movimiento del río porque la creciente viene bajando desde Brasil y desde Corrientes. Que aprovechen ese tiempo para planificar los movimientos.”
Detrás de una evacuación masiva aparece un problema menos visible, pero igual de importante, que es la sanidad animal. Uno de los principales temores de las autoridades es que, en medio de la urgencia, animales provenientes de zonas con presencia de garrapata terminen dispersándose por establecimientos de tierra firme sin ningún tipo de control.
“Puede haber hacienda con garrapata que salga de golpe y nos genere un foco en tierra firme. Por eso necesitamos mantener la trazabilidad de los animales aun en una situación de emergencia”, explicó Sieber.
La intención es que todos los traslados continúen realizándose con el Documento Único de Transporte (DUT), que actualmente puede emitirse en pocos minutos desde un teléfono celular.
Incluso si alguna situación excepcional impide completar el trámite —por ejemplo, falta de señal o una evacuación extremadamente urgente—, el objetivo es que al menos exista comunicación inmediata con Prefectura y las autoridades sanitarias para conocer el origen y el destino de la hacienda.
“Lo que no queremos perder nunca es la trazabilidad. En el desorden, si todos salen sin documentación, después se arma un verdadero despelote”, reconoció el director provincial.
A eso se suma otro fenómeno habitual durante las crecientes: animales de distintos propietarios terminan mezclándose cuando el agua cubre las islas. Descuidos fortuitos o adrede.
“Muchas veces aparecen animales que nunca habían salido de la isla o se mezclan rodeos de distintos productores. Después vienen denuncias por robo que, en realidad, muchas veces tienen que ver con esa mezcla que genera la creciente”, describió Sieber, quien insistió en la importancia de que los animales estén correctamente identificados antes de iniciar el traslado.
Otro de los ejes de la planificación pasa por la logística fluvial. Según se informó durante la reunión, actualmente existen 29 embarcaciones habilitadas para transportar hacienda entre La Paz, en el norte provincial y Ramallo, ya en Buenos Aires. Veintidós ya se encuentran operativas y el resto necesita completar algunos trámites administrativos para quedar plenamente habilitadas. “Queremos que esas cuestiones estén resueltas ahora y no cuando la emergencia ya esté encima”, explicó Bernaudo.
Además, el protocolo prevé establecer puntos oficiales de desembarque para evitar que los animales sean descargados en cualquier lugar.
La coordinación involucrará a Prefectura Naval, la Dirección de Delitos Rurales de la Policía provincial y Producción Animal, que compartirán información sobre cada movimiento para garantizar tanto el control documental como la seguridad sanitaria.
Incluso la provincia analiza instalar corrales móviles en algunos de esos puntos de descarga. “La idea es que la barcaza pueda descargar rápidamente y volver a buscar otro viaje de animales, sin quedar esperando que llegue un camión. Esos corrales también servirán para hacer controles sanitarios y verificar la documentación”, explicó Sieber.
Tanto Bernaudo como Sieber coincidieron en que todavía no hay motivos para generar alarma.
En el puerto de Paraná, el río permanece alrededor de los tres metros, lejos de los niveles de alerta. Sin embargo, la experiencia demuestra que cuando las lluvias se consolidan en la alta cuenca del Paraná, la creciente tarda semanas en llegar, pero llega. Por eso el mensaje oficial apunta más a la prevención que a la urgencia.
“Va a haber un protocolo con los puntos de descarga, las alternativas para las emergencias y todas las herramientas disponibles para que los productores puedan actuar de la manera más práctica posible”, anticipó Bernaudo.
Mientras tanto, la recomendación seguir de cerca la evolución de los pronósticos, monitorear la altura del río aguas arriba, planificar con tiempo eventuales campos de destino y evitar esperar hasta el último momento.
Porque, como saben desde hace generaciones quienes producen en las islas del Paraná, cuando el agua empieza a cerrar los pasos, el margen para improvisar suele medirse en horas, y como José, hay que apurarse.