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Bodegas de Salta: El ucraniano Sergei Marusik llegó a Argentina buscando paz y la encontró en el valle de Cachi, donde hoy elabora “vinos de altura extrema”, únicos en el mundo por su graduación alcohólica y carácter

Cuando llegó a Argentina, hace unos 25 años, el ucraniano Sergei Marusik buscaba un poco de tranquilidad, alejado de la convulsión política-militar de su país. La encontró, ni más ni menos, ...

Bodegas de Salta: El ucraniano Sergei Marusik llegó a Argentina buscando paz y la encontró en el valle de Cachi, donde hoy elabora “vinos de altura extrema”, únicos en el mundo por su graduación alcohólica y carácter

Cuando llegó a Argentina, hace unos 25 años, el ucraniano Sergei Marusik buscaba un poco de tranquilidad, alejado de la convulsión política-militar de su país. La encontró, ni más ni menos, ...

Cuando llegó a Argentina, hace unos 25 años, el ucraniano Sergei Marusik buscaba un poco de tranquilidad, alejado de la convulsión política-militar de su país. La encontró, ni más ni menos, que al pie del imponente macizo montañoso de El Nevado, a unos 2600 metros de altitud y con vista a todo el pueblo de Cachi.

Hoy, que vuelven a correr tiempos difíciles en el país europeo, Sergei ya no se queda sólo por su seguridad, sino porque en los Valles Calchaquíes encontró su vocación y un desafío muy interesante: dirigir los viñedos y la producción de la bodega Miraluna, donde se hacen “vinos de altura extrema” y se lleva al límite lo dictado por los libros.

“Este lugar es privilegiado”, evalúa el ucraniano, que asegura que allí pueden hacerse los vinos más exclusivos, muy demandados en el país y el mundo por su “carácter” y las características que imprime el paisaje. No alcanza con hablar sólo de altura, lo de allí es otra liga, señala, con sólo cientos de kilómetros de cadenas montañosas a sus espaldas.

La tradición vitivinícola salteña es la más antigua del país, pues los libros dictan que desde allí derramó hacia Cuyo. Con el tiempo, esa región creció hasta liderar la producción nacional, pero le cedió al Norte una característica imposible de replicar artificialmente: la de la altura.

Hacia los años 2000, la familia Urtasún, de largo recorrido gastronómico en Capital Federal y en la misma capital salteña, se encontró con la posibilidad de llevarlo al límite, y en una pequeña finca de 3 hectáreas, la misma que hoy mantienen, llevaron a cabo la hazaña de producir vides a más de 2600 metros sobre el nivel del mar.

En realidad, el proyecto inició en 2004 únicamente como una propuesta turística, pero, tras construir sus cabañas, Carlos Urtasun probó implantando viñedos y, finalmente, montando su propia bodega. Eso los convirtió en pioneros de la región, pues la incursión de la actividad en Cachi era aún incipiente.

En el jardín de su complejo de cabañas, crecen las uvas Malbec y Merlot, las que mejor se adaptan a la altura extrema, los suelos pobres, la amplitud térmica y la elevada radiación solar. Allí, donde la vista es privilegiada al amanecer y al poniente, todo ello es lo que le da mayor carácter a los vinos, y lo que ha impulsado al surgimiento de incipientes proyectos productivos los últimos 15 años.

“Son los de más alto porcentaje de alcohol y están entre los más fuertes del mundo”, explicó Sergei, que no engaña a su genética y muestra predilección por lo que ofrecen esos vinos de hasta 16% de graduación.

El principal responsable de ello es el alto contenido de azúcares en la uva, fruto de la insolación extrema que genera la altura. A eso se suma el cuerpo que otorgan los taninos, mucho más presentes en esa región por la amplitud térmica, lo que también le da “carácter” a los vinos de Miraluna.

Mirá la entrevista completa:

Mucho antes de que existiera ese proyecto productivo, y de descubrir la potencia del valle de Cachi, los Urtasun fundaron el Café del Tiempo, un histórico bar que lidera las recomendaciones para cualquiera que visite el centro salteño. Esa es una de las bocas de expendio donde se distribuyen hoy sus vinos, por cierto muy demandados en el país y el mundo.

De todos modos, con una producción anual no mayor a 25.000 botellas, el volumen comercializado es acotado. Dentro del país llegan a las principales ciudades de la mano de distribuidores puntuales y vinotecas, y puertas afuera ya pudieron concretar envíos a Londres, Nueva York y Chicago.

“Esto es otra categoría, son vinos de altura máxima, porque ya estamos prácticamente en el tope de lo que uno puede aspirar produciendo de forma natural. Al no tener tanta competencia a estas altitudes, son vinos muy exclusivos y muy buscados”, señaló Marusik, a quien se le infla el pecho cuando habla de la bodega boutique que dirige.

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Con varias cosechas a sus espaldas, hay aspectos productivos que tienen muy aceitados. En la finca, la recolección suele comenzar más tarde que en Cuyo, generalmente a fines de marzo y principios de abril, ya que las uvas demoran más en madurar. La ventaja la brinda el aspecto sanitario, gracias a que el clima seco y el buen drenaje de los suelos evita que se generen hongos y propaguen enfermedades, y por lo tanto reduce la carga de agroquímicos.

Dentro de la bodega, elaboran varias líneas, algunas de ellas con crianza en roble, otras jóvenes y en algunos casos incluso con corte de uvas blancas, que compran a otros productores. En su mayoría, todos ellos llevan adelante proyectos de pequeña envergadura, que tienen igualmente mucha proyección de crecimiento. Sobre todo en esa región, donde la historia productiva aún se está escribiendo y no se vislumbra aún hasta dónde llegará.

Fuente: https://bichosdecampo.com/bodegas-de-salta-el-ucraniano-sergei-marusik-llego-a-argentina-buscando-paz-y-la-encontro-en-el-valle-de-cachi-donde-hoy-elabora-vinos-de-altura-extrema-unicos-en-el-mundo-por-su-graduacion-alc/

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