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Bodegas de Salta: “Esto es un estilo de vida más que un negocio”, explica José Nanni, hoy a cargo de una firma familiar con más de 120 años de historia y un secreto productivo muy interesante

El apellido Nanni es inescindible de la historia vitivinícola del Valle de Cafayate, pues sus orígenes se ...

Bodegas de Salta: “Esto es un estilo de vida más que un negocio”, explica José Nanni, hoy a cargo de una firma familiar con más de 120 años de historia y un secreto productivo muy interesante

El apellido Nanni es inescindible de la historia vitivinícola del Valle de Cafayate, pues sus orígenes se ...

El apellido Nanni es inescindible de la historia vitivinícola del Valle de Cafayate, pues sus orígenes se remontan a las aventuras de Pietro, un inmigrante italiano que en 1885 llegó a región desde el pequeño pueblo de Rosciolo y trajo consigo su pasión por hacer vinos. Poco tiempo más tarde, en 1897 fundó la bodega familiar que aún escribe sus páginas y que hoy dirige la cuarta generación.

José Nanni, bisnieto de Pietro, es el enólogo a cargo de la firma y uno de sus propietarios. “Ahora nos toca a nosotros”, señala, respecto a la tarea de seguir adelante con una empresa de más de 120 años de antigüedad y mucha tradición, pero también en un contexto difícil en términos de mercado.

Parece que nada asusta y nada sorprende a esta familia, que sabe bien cómo es “surfear la ola” y adaptarse a los distintos ciclos, y deja que la historia hable por ella.

La propia ubicación de la bodega, a sólo una cuadra de la plaza principal de Cafayate, da cuenta de su antigüedad. Desde sus orígenes, en el siglo XIX, la ciudad fue expandiéndose obligando a la firma a mudar sus viñedos hacia las afueras, precisamente a una propiedad que había adquirido el propio Pietro en 1905 y que escondía secretos productivos interesantes.

Quizá esa fue una de las ideas más acertadas, ya que, a pesar de estar a unos escasos 10 kilómetros al este del pueblo, la finca San José de Chimpa presenta características climáticas muy particulares, que le imprimen a los vinos Nanni un sello distintivo y le permitieron convertirse, hace ya 30 años, en la primera bodega con certificación orgánica del país.

Allí no destaca tanto la altitud -que es de 1750 metros sobre el nivel del mar, la media en todo el valle-, sino las intensas ráfagas de viento de hasta 12 horas por día y su escaso régimen de lluvias combinado con las altas temperaturas.

Son características climáticas extremas que le dan a ese terruño varias ventajas. Mientras en Cafayate pueden caer hasta 300 milímetros en un año, allí sólo llegan a 80, lo que, combinado con suelos arenosos y vientos constantes, ayuda a que la sanidad de las vides sea inmejorable.

Tanto, que desde 1996, año en que obtuvieron la certificación orgánica -la primera en el país para un viñedo- no aplican allí ni un sólo agroquímico. Es una insignia que los Nanni cuidan celosamente. “No había normas todavía para certificar vino y se fue haciendo la norma en base a nuestra experiencia”, recordó José.

Mirá la entrevista completa:

En esas 50 hectáreas de “terroir” extremo, que su padre plantó hace medio siglo, José hoy cuenta con un amplio abanico de uvas para hacer luego su trabajo. “Como todo buen cafayateño”, dice, allí tienen Torrontés, pero donde más incursionan es en las tintas, como Malbec, Cabernet Sauvignon, Tannat, Bonarda, Syrah y Ancellotta. Esta última es una variedad italiana que introdujeron hace poco tiempo.

El microclima les resuelve gran parte de los dolores de cabeza, pero el desafío siempre está en la bodega, donde deben hacer un producto que luego funcione en las góndolas. Y lo cierto es que, en un contexto de caída en el consumo, cambios en las tendencias y bajos precios, el escenario no está nada fácil.

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“Cada enólogo tiene su propio estilo, pero todos nos vamos acercando un poco a lo que a lo que la gente va pidiendo. Hace unos años se buscaban vinos muy pesados, con mucho color, mucho tanino, y alto en alcohol, pero ahora proliferan los vinos más frescos, con menos alcohol y mayor acidez. Nosotros hacemos las dos cosas”, explicó José.

Lo cierto es que hay algo del espíritu de los vinos salteños, con más cuerpo y características que les da la altura, que no quieren abandonar. Pero, a la vez, es el consumidor el que en definitiva manda, y también hay que atender a ello.

Esto ocupa, más no preocupa a José, que asegura que lo que hoy se llama crisis vitivinícola es parte de “una tendencia de más de 30 años”, en la que el consumo fue cayendo y mutando continuamente. Las bodegas fueron ensayando sus formas de contención, como el turismo o las certificaciones, en el caso de Nanni.

 

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La respuesta, asegura el enólogo, es adaptarse. Pero jamás, y bajo ningún aspecto, perder la identidad.

“Nosotros estamos desde hace más de 120 años, hemos pasado todo tipo de ciclos, cambios en el consumo y modas. Esto es un estilo de vida más que un negocio, y lo seguiremos haciendo con o sin rentabilidad”, expresó.

Porque al final del día, la hayan remado o no, lo que queda es la historia escrita por cuatro generaciones, que necesita de cada botella para no extinguirse. El rol que le cabe a José, y a los que vendrán tras él, es asegurarse de que se siga escribiendo.

Fuente: https://bichosdecampo.com/bodegas-de-salta-esto-es-un-estilo-de-vida-mas-que-un-negocio-explica-jose-nanni-hoy-a-cargo-de-una-firma-familiar-con-mas-de-120-anos-de-historia-y-un-secreto-productivo-muy-inte/

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