
Bodegas de Salta: Un matrimonio franco-rumano-argento encontró una “nueva vida” en una viña de Seclantás Adentro, a la que vuelven cada vez que la medicina se los permite
En Seclantás Adentro, una zona aislada pero muy bella de los Valles Calchaquíes salteños, hay una bodega homónima que hace 20 años inauguró una pareja franco-rumana-argenta muy particular....
En Seclantás Adentro, una zona aislada pero muy bella de los Valles Calchaquíes salteños, hay una bodega homónima que hace 20 años inauguró una pareja franco-rumana-argenta muy particular.
Él, Ovidiu Corabianu, es un neurólogo nacido en Bucarest. Ella, Virginia Alicia Hasenbalg, una psiquiatra argentina, nacida en Lomas de Zamora, que vivió en Francia junto a su marido por varias décadas, y dice ser salteña por adopción.
Juntos, descubrieron una vieja finca familiar abandonada, decidieron que allí había que hacer vinos, y, aunque tienen sus trabajos y pacientes en el viejo continente, vuelven religiosamente dos veces por año a Salta. En una de esas visitas los encontró Bichos de Campo, y aprovechó la oportunidad de conocer esa curiosa historia.
Ovidiu dice haber tenido muchas vidas, que aún hoy sigue entrecruzando porque se niega a abandonar esas múltiples facetas. “A los 30 años, ya recibido de médico, tuve la suerte de hacer una segunda vida en París, y a los 40, una tercera vida como viñatero en Argentina”, explicó. Y tanto le ha apasionado este curioso mundo que hoy dice ya estar mucho más cerca del terroir que de la medicina.
Esta “tercera vida” en realidad empezó de forma fortuita, cuando su esposa se enteró que le pertenecía una vieja finca perdida entre los Valles Calchaquíes, a 2200 metros de altura y con un paisaje único. “Vimos la belleza y la calidad de vida de los Valles, nos enamoramos una vez más y así empezamos una linda historia de viñateros”, recordó.
De vino sabían sólo lo que les dictaba el paladar, pero lo suficiente para saber que en esa región argentina lo que se produce no tiene parangón. Acostumbrados a las etiquetas francesas, españolas, italianas y rumanas, cuando descorcharon la primer botella salteña estos “bichos del vino” se terminaron de convencer de que su tercera vida no podía ser otra.
Para ello, se pusieron en contacto con la familia Dávalos, de la bodega Tacuil, históricos hacedores de vino de la región. Fueron quienes los asesoraron para plantar sus primeras vides en 2007 -una hectárea y media de Malbec, Cabernet Sauvignon y Tannat-, y, desde entonces, los que les cuidan la finca durante todo el año. Porque atender pacientes a distancia se puede, pero por el momento no hay “tele-vitivinicultura”.
De ese modo, hace ya más de 15 años que Ovidiu y Alicia acostumbran a instalarse en Seclantás Adentro dos veces al año, una de las cuales, necesariamente, hacen coincidir con la vendimia.
En esas 3 hectáreas, fueron los primeros en implantar la variedad Garnacha, allá por el 2017. Eso marca el comienzo de una etapa “más divertida”, admite el neurólogo, porque implicó adentrarse en lo desconocido, con una cepa originaria de España pero sin recorrido en los Valles Calchaquíes. Fue una idea de Raúl Dávalos que les entusiasmó.
Su vino se llama Seclantás Adentro, igual que la región en la que están instalados. No es una decisión fortuita ni al pasar, explica Ovidiu, sino una forma de asociar lo que hacen con el terruño, una zona espectacular donde la amplitud térmica, la alta radiación solar y los suelos arenosos imprimen a la bebida un carácter muy particular.
“Cuando haces vinos con un nombre de fantasía, no tenés nada para explicar. Pero nosotros hacemos vinos que no son de fantasía, sino de terroir. Nos interesa hacer un producto excepcional, y que diga algo de Seclantás”, aseguró.
Cuando está del otro lado del Atlántico, el neurólogo pone a ejercitar los receptores del cerebro y dice hallar en el fondo de las copas un ligero aroma propio de la Cordillera de Los Andes. Es una forma de viajar al valle y de recordar, una y otra vez, la suerte que viene de poder hacer lo que le gusta.
“No hay tanta gente que puede permitirse este tipo de cosas. Nosotros no vivimos de la viña, pero esto nos completa”, expresó Ovidiu, quien ya hace tiempo que no usa sólo a la medicina como carta de presentación, y al estrechar la mano dice ser también un orgulloso viñatero.