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El agrónomo José Solé explica las claves de la transformación de un campo de cría en uno de ciclo completo donde se duplicó la carga animal

Los resultados económicos de la ganadería ahora despiertan interés en la actividad. Pero años atrás la cuestión era bien diferente, hubo épocas tan malas en la que una vaca valía lo mismo q...

El agrónomo José Solé explica las claves de la transformación de un campo de cría en uno de ciclo completo donde se duplicó la carga animal

Los resultados económicos de la ganadería ahora despiertan interés en la actividad. Pero años atrás la cuestión era bien diferente, hubo épocas tan malas en la que una vaca valía lo mismo q...

Los resultados económicos de la ganadería ahora despiertan interés en la actividad. Pero años atrás la cuestión era bien diferente, hubo épocas tan malas en la que una vaca valía lo mismo que un par de zapatos.

En aquellos años de vacas flacas, el ingeniero agrónomo José Solé convenció a los dueños de un campo de cría que asesoraba de invertir para que crezca su productividad. Hoy cosechan los  resultados de un trabajo que comenzó hace más de una década, cuando el contexto era mucho menos favorable.

Solé, desde hace 13 años administra el establecimiento San Pedro, de unas 1.000 hectáreas ganaderas en General Alvear, en plena Cuenca del Salado bonaerense. Ese campo que era sólo de cría lo convirtió en uno de ciclo completo basado en pasturas implantadas, mejora de la sanidad, incorporación de tecnología y un fuerte trabajo sobre el equipo humano.

“Hoy es un buen momento para hacer inversiones que uno tenía demoradas y animarse a encarar cambios. Veníamos acostumbrados a jugar siempre a la defensiva y ahora el contexto nos pone en un lugar totalmente distinto”, resumió Solé en diálogo con Bichos de Campo.

Cuando tomó la administración del establecimiento, el objetivo fue claro: aumentar la receptividad para producir más carne. El primer paso fue reemplazar progresivamente el campo natural por pasturas implantadas. “Lo primero fue decidirnos a sembrar pasturas. Hoy el 100% del campo tiene pasturas; no queda ni una hectárea de campo natural”, explicó.

El proceso demandó entre cinco y seis años e incluyó una rotación con dos cultivos de maíz antes de implantar las nuevas pasturas, lo que permitió controlar malezas y mejorar la implantación.

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Los resultados fueron contundentes. “La carga prácticamente la duplicamos. Pasamos de 0,7 equivalente vaca por hectárea a 1,5. Pero lo que más aumentó fue la productividad”, destacó el agrónomo.

Ese salto permitió convertir un campo exclusivamente de cría en uno de ciclo completo, reteniendo todos los terneros para recría y definiendo cada año si los machos se terminan a corral, según la relación entre el precio del maíz, el ternero y el gordo.

“Pasamos de producir entre 120 y 140 kilos de carne por hectárea, que era lo habitual en la zona, a producir alrededor de 300 kilos de carne por hectárea de manera sostenida”, precisó.

Pero la transformación no terminó en las pasturas. Solé impulsó un intenso trabajo sanitario para reducir enfermedades que generan pérdidas silenciosas, como la paratuberculosis, la diarrea viral bovina y la neosporosis. Ese manejo permitió disminuir notablemente la prevalencia de esas patologías y mejorar los resultados reproductivos.

Otro cambio llegó hace seis años, mucho antes de que comenzaran las exigencias oficiales sobre identificación electrónica. “Pusimos caravanas electrónicas y capacitamos al personal para usar el bastón lector. Ahora es obligatorio, pero nosotros empezamos hace seis años para poder identificar rápidamente las vacas positivas y manejar mejor la sanidad del rodeo”, contó.

Sin embargo, para Solé la tecnología por sí sola nunca alcanza. “Cualquier incorporación tecnológica o cambio en los procesos, si no trabajamos también con las personas y el equipo de trabajo, es una inversión a la que le va a costar generar la rentabilidad proyectada”, afirmó.

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Por eso cada integrante del establecimiento tiene un rol claramente definido y participa del seguimiento de los resultados. “Es clave que cada uno sepa cuál es su posición en la cancha, cuáles son sus responsabilidades y que todos estemos alineados detrás de una visión compartida”, comparó, apelando a una metáfora futbolera.

Para el ingeniero, el éxito del establecimiento descansa sobre varios pilares que deben avanzar juntos. “No es solo incorporar tecnología, no es solo la pastura ni la caravana electrónica. Tenemos que tener procesos claros, trabajar mucho con el equipo y cuidar la sanidad. Son esas cuatro patas las que hacen sostenible cualquier proyecto de innovación”, sintetizó.

Después de más de una década de trabajo, el establecimiento de General Alvear es un ejemplo de cómo una estrategia sostenida en el tiempo puede cambiar por completo la productividad de un campo. Y, según Solé, el contexto actual solo refuerza esa convicción: “Si todo esto nos dio buenos resultados cuando la ganadería tenía mucha menos rentabilidad, hoy ni lo dudo. Al que esté dudando, lo invito a juntar coraje y empezar”.

Fuente: https://bichosdecampo.com/el-agronomo-jose-sole-explica-las-claves-de-la-transformacion-de-un-campo-de-cria-en-uno-de-ciclo-completo-donde-se-duplico-la-carga-animal/

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