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El especialista en tecnologías agrícolas Nicolás Reinoso medita, toca la guitarra y canta, tiene un podcast, dibuja y reconoce: “Soy un ingeniero medio raro”

Practica la meditación desde que, hace unos años, se inmiscuyó en la filosofía, prácticas del budismo y el entendimiento del alma. Escribió un libro, “El amor no duele, el ego sí”. Dibuj...

El especialista en tecnologías agrícolas Nicolás Reinoso medita, toca la guitarra y canta, tiene un podcast, dibuja y reconoce: “Soy un ingeniero medio raro”

Practica la meditación desde que, hace unos años, se inmiscuyó en la filosofía, prácticas del budismo y el entendimiento del alma. Escribió un libro, “El amor no duele, el ego sí”. Dibuj...

Practica la meditación desde que, hace unos años, se inmiscuyó en la filosofía, prácticas del budismo y el entendimiento del alma. Escribió un libro, “El amor no duele, el ego sí”. Dibuja y pinta, toca la guitarra y canta en un grupo. Ama y juega (cuando vuelve a Argentina) al rugby. Tiene un podcast “Entrevistas con la mente” y un blog “The evolution path”. “Si, soy un ingeniero medio raro”, confiesa Nicolás Reinoso, protagonista de uno de los capítulos de El podcast de tu vida (7ma. temporada). 

Desde hace unos años vive en Estados Unidos, actualmente en Raleigh, Carolina del Norte, donde hace base la empresa que fundó en 2024 llamada NetZero Project, que asesora empresas y productores en la adopción de tecnologías vinculadas a las prácticas regenerativas y sustentables. Es emprendedor (él se define como “startupero”), y asesor de empresas latinas que quieren instalarse en Estados Unidos y viceversa. 

A lo largo de su carrera, Nico ha trabajado directamente con agricultores y ecosistemas agrícolas en más de 27 países, analizando sistemas de producción, comportamientos de adopción y las realidades económicas que influyen en la incorporación de tecnologías en el campo.

-¿Dónde te criaste? ¿Cómo estaba conformada la familia?

-Nací y me crie en Buenos Aires, en el barrio de Belgrano. Papá arquitecto, mamá ama de casa. Somos cuatro hermanos varones, yo soy el más chico. Mucha impronta italiana en casa por mamá, que era la que se sentaba en la cabecera de la mesa, con la olla de aluminio grande y las pastas. El secundario fue de pupilo en  el Liceo Militar. 

-¿Y el campo? ¿Qué sensaciones se te vienen?

-Uff… Bueno, viajaba bastante al campo de mi padrino en Neuquén, y por ahí vino la profesión. El campo eran 37.000 hectáreas de meseta patagónica, un campo gigante con el río Limay de límite, entre Piedra del Aguila y Picún Leufú. Y recuerdo los inviernos y las heladas machazas. No había electricidad. Íbamos al río, jugábamos con los animales. Eso de chico. De grande empecé a acompañar a mi padrino en las recorridas. Arrancábamos 5.30, hacíamos lo que haga falta y a la tarde íbamos a ver a Don Salinas en un puesto de adobe, al lado de la salamandra, la pava, los mates, me acuerdo los cuentos de Don Salinas, un gran personaje. 

-Llegó el momento de estudiar y elegiste agronomía. ¿Tenías plan b?

-La primera carrera no fue agronomía, sino “Aprovechamiento de recursos naturales renovables”, así se llamaba, en San Juan se estudiaba. Relacionado a lo que hoy en día es sustentabilidad, recuperación de suelos, fijación de médanos. Que era lo que necesitaba bastante ese campo de mi padrino. Pero era durísimo ir para allá. Después pensé en zootecnia, pero era Lomas de Zamora. Asi llegué a agronomía. 

-¿Y qué es lo que más te gusta de lo que hacés hoy?

-Siempre me llamaron lo que acá le dicen un “trouble shooter”, un resolvedor de problemas. Y eso es lo que más me gusta. Cuando la persona o la empresa se encuentra atascada me gusta poder meterme en ese problema y encontrarle la solución. Soy una persona muy calma en la peor de las crisis. 

Para el experto Nicolás Reinoso, aunque Argentina usa biológicos desde hace décadas, su adopción sigue limitada por falta de estructura, protocolos y exigencia del mercado

-Contaba en la introducción que sos un estudioso de la mente y el alma. Contame cómo, cuándo y por qué empezaste este camino.

-Hay una fecha que fue en enero de 2020, yo estaba en una mala situación, y un día que sentí que tenía que solucionarlo. Dejé de pensar que las responsabilidades de lo que me pasaba estaban afuera y sentí que tenía que empezar a trabajar en mí. Fue una especie de despertar. Me puse a estudiar y me fui para todos lados, desde la física cuántica hasta todo lo que se te ocurra que antiguamente yo denigraba sin conocimiento. Y en esa búsqueda encontré en el budismo una estructura, un pragmatismo, que me llevó a meditar y encontrar en eso algo interesante en el estudio de la mente. 

-¿Y cómo cambió tu cotidianeidad a partir de la meditación?

-Medito todos los días, casi siempre a la mañana, pero además, me ayudó a entender cómo funcionan tus procesos mentales y te permite regular los vaivenes que hay en la vida. 

-¿Qué es meditar?

-Un hábito que hay que ejercitar, no es cerrar los ojos y listo o decir ¡qué bueno me quedé dormido meditando! Si te quedás dormido no estabas meditando bien… Meditar te permite encontrar paz en momentos críticos y calma en momentos de goce y alegría. Porque sabés que en algún momento va a acabar y si te quedás enganchado o apegado como se dice en el budismo terminás sufriendo. Entonces lo malo te pone triste pero duele menos y dura menos. Y en lo bueno uno aprende a disfrutarlo más que antes. Uno redefine la palabra placer. 

-Tiene mucho de entrenamiento, como lo hacemos con el físico, pero en este caso, entrenar la mente…

-Si, es como llegar al gimnasio el primer día y querer levantar 250 kilos. Y si, te vas a frustrar. Hay que tener paciencia para generar el hábito. 

-También escribiste un libro, “El amor no duele, el ego sí”. ¿Qué buscaste transmitir allí? 

-Nunca estuve de acuerdo con aquellos que dicen que el amor tiene que doler, que si te lastima está bien. ¿Por qué es tan difícil o la gente dice que es difícil vincularse? Y otro tema, hoy juzgamos antes de conocer a las personas, por lo que vemos en redes en general. Antes era distinto. Por eso invito a volver a vivir el amor desde la experiencia. 

-Bueno, llegamos al pin-pong de este podcast y la primera pregunta es ¿Cómo despejás tu cabeza? 

-Voy al gimnasio, pero irme a un lugar y vincularme con la naturaleza es lo más importante. También hacer deportes de riesgo, que es como meditar. 

-¿Qué deportes hacés?

-Jugué toda mi vida al rugby, muchos años. Me encanta verlo, pero me gusta más jugarlo, cuando voy a Argentina y puedo me “golpeo” un rato en veteranos… También me gusta la bicicleta, tipo enduro que se llama downhill, que vas bajando una montaña, tenés que ir muy concentrado porque te la pegás. Acá jugamos también al fútbol a veces. Soy muy malo, pero nos divertimos. 

-¿Qué tal te va en la cocina?

-Soy bueno, eh… acá me cocino siempre yo. Si no te cocinás acá terminás con 30 kilos más. Mi especialidad es un pollo con arroz que no te vas más. Y la parrilla me encanta. Era de ser muy anfitrión. Acá estoy más solo. No le tengo a nada. 

-Series, películas, ¿Qué te gusta mirar?

-Me gusta la ficción. Siempre hacia hacia la historia. Ponele Vikingos y eso, casos reales. Y si no, thrillers. Suspenso. “Ozark” me pareció muy buena. 

-¿Música qué escuchás?

-Soy muy rock, pop. De hecho, tenemos una banda acá. Toco guitarra. Soy de elegir más por las letras la música. Si la letra no tiene sentido es probable que no la escuché. No soy de los que van por el folclore. Huyo. 

-¿Y lo del grupo? ¿Cómo surgió?

-Yo viví en Brasil hace mucho. Siempre toqué, ojo, nivel fogón. Pero en Brasil empezamos a bromear y allá cada uno tiene un instrumento. Empieza a correr el alcohol y salen instrumentos de los baúles de los autos. Así fuimos armando una banda. Y después, en cada lugar que voy me engancho siempre con alguno que toque. Acá encontré un grupo de argentinos, un chileno, un venezolano, tocamos en varios bares. Siempre en el rock y el pop, no me dejan tocar country, me dicen que cambio la voz cuando canto country (se ríe). 

-Si pudieses ir a la biblioteca de talentos y elegir uno que no tengas…

-El piano. Es una materia pendiente. me encantaría. De hecho, me compré el piano en un momento pero quedó ahí. Me gusta el dibujo, pinto, me gusta el arte, soy ingeniero medio raro. 

-¿Y qué dibujás, qué pintás?

-Hago surrealismo, con marcadores, mucho detalle. Lo pueden ver en una cuenta de Instagram que se llama Nicsmind. Me gustan los desafíos. Si es difícil es muy probable que lo intente. 

-Si pudises subirte al Delorean, de volver al futuro. ¿A qué fecha irías? Un rato y volvés.

-¡Ah, no me puedo quedar! (Se ríe). Me iría a los 600 años antes de Cristo para estar con Buda. Escuchando sus charlas a Siddhartha. Y después volvería a mi época de Brasil, que yo era más chico, 26-27 años y la pasé muy bien. 

-Imaginate que el Nicolás de hoy, que ha transitado todo este camino, se cruza con aquel que estaba empezando agronomía. Esos primeros años de mucho entusiasmo, pero también incertidumbre. ¿Qué le dirías para alivianarle el camino o para ayudarlo, despertarlo de algunos caminos que fue tomando…

-Creo que le susurraría, “tranca, todo va a estar bien, no tiene nada que ver con vos, metele para adelante”. Porque fue una época muy difícil para mí. Haciendo un balance, en ese momento jamás hubiera imaginado que ese chico iba a llegar a donde llegué hoy. 

 

 

Fuente: https://bichosdecampo.com/el-especialista-en-tecnologias-agricolas-nicolas-reinoso-medita-toca-la-guitarra-y-canta-tiene-un-podcast-dibuja-y-reconoce-soy-un-ingeniero-medio-raro/

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