
El “Messi” de la sandía lo volvió a hacer: Luego del “hit” en Uruguay, gestionó la exportación de zapallo a Chile, con un proyecto que busca desplazar a Perú como proveedor
El año pasado, Walter Detzel logró lo impensado para la producción frutihortícola chaqueña: habilitar el mercado uruguayo para la exportación de sandías, un proceso que hasta entonces atrave...
El año pasado, Walter Detzel logró lo impensado para la producción frutihortícola chaqueña: habilitar el mercado uruguayo para la exportación de sandías, un proceso que hasta entonces atravesaba arduas trabas burocráticas y controles que lo tornaban inviable. Fue una gestión que hizo directamente ante el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, muy afecto a ese tipo de casos, y que marcó un camino hacia transformaciones centrales en el sector.
Aquel pedido para flexibilizar los controles para el empaque de frutas de gran tamaño derivó en una importante desregulación del mercado frutihortícola, que Sturzenegger directamente midió en “kilos” de papeles ahorrados. Ahora, el ya autodenominado “Messi de las sandías” lo volvió a hacer: gestionó la apertura de la exportación a granel de zapallo plomo a Chile.
Un proceso que comenzó con una experiencia para el olvido en 2022, los ensayos arruinados por el clima, y la alternativa para recomponer el vínculo con los chilenos y, por qué no, proyectar a futuro un reemplazo de uno de sus principales proveedores. Walter Detzel dialogó con Bichos de Campo sobre este nuevo hito que se anota en su haber.
Oriundo de Castelli, en el noroeste de la provincia de Chaco, Walter ya había gestionado la exportación de zapallo plomo hacia Chile en 2022, un acuerdo que estaba motivado por la escasez de la variedad camote, la más consumida en el país vecino. En búsqueda de alternativas, llegaron a las chacras chaqueñas, pero quedaron varados en la frontera por varios días.
“El problema fue en Mendoza, donde se encontraron con las trabas de Senasa y de la Aduana y con inspectores que no se ponían ni siquiera de acuerdo entre ellos de tanta normativa que existía”, recordó el productor.
En aquel entonces, al igual que le ocurría con las sandías para la exportación a Uruguay, no había certezas sobre el “packaging” que deben tener las frutas de gran porte. Inicialmente, para los zapallos les exigían bines de madera y hasta se impugnaban aquellos cuyo vástago, el “cabito” característico de la hortaliza, no tuviera 2 centímetros de largo.
“El importador pasó la peor experiencia de su vida, con el camión parado 15 días en la zona. Hasta que lo dejaron llevarla en bolsones de arena, la mercadería prácticamente se pudrió y perdió mucha plata. Nos llamó y nos dijo que nos había hecho la cruz”, agregó Detzel.
Pasó mucha agua -y desregulaciones- bajo el puente-. Y luego del “hito” de las sandías a Uruguay, el caso que recorrió el país, Walter se animó a recuperar la gestión por los zapallos.
Lo amparaba una nueva normativa, pero lo más difícil no dependía de las leyes. “El trabajo más duro era cómo recuperar la confianza. Los llamé una y otra vez durante 6 meses, les insistí y los logré convencer”, señaló el productor, a quien pusieron a prueba con un proyecto muy particular: le enviaron muestras de semillas de zapallo camote, el único que consumen en cantidad los chilenos, y le pidieron que realizara ensayos para evaluar su viabilidad en suelo chaqueño.
No le faltaron ganas, sino agua. Con más de 40 días de sequía en la zona, en una época tradicionalmente “llovedora”, Walter se enfrentó con el eterno flagelo de los productores hortícolas de la zona y tuvo que abandonar esa cosecha.
El gesto, sin embargo, fue suficiente para que los compradores volvieran a mostrar interés en la zona. “Vinieron y buscaron alternativas ellos mismos”, explicó Detzel. La solución la hallaron en un establecimiento de Pampa del Indio, a cien kilómetros de Castelli, donde sí había llovido y había zapallo plomo salteño. De allí salieron las primeras 25 toneladas que llenaron el camión hacia Chile.
No fueron los productos de su chacra, pero aún así el “Messi de las sandías” participó activamente del proceso. “Nosotros pusimos nuestra empresa a disposición para operar y coordinamos el trabajo con el Senasa en Mendoza para hacer que esto fluya”, explicó Walter, que fue quien ofició de nexo entre los productores de la zona y el comprador.
“Nuestro trabajo fue abrir el juego, porque de eso se trata”, agregó.
Durante las últimas horas, el primer cargamento terminó de cepillarse en un empaque de Mendoza para atravesar finalmente la frontera. Es la prueba piloto que seguramente permitirá dejar atrás la muy poco grata experiencia de 2022 y “abrir el juego”, como señala Detzel.
A futuro, si la gestión burocrática los convence, hay chances de avanzar hacia la inscripción de una semilla de zapallo camote en Argentina, para producirlo directamente en el NEA.
Inicialmente, sería para cubrir unas 200 o 300 hectáreas. “Y si todo fluye, los funcionarios acompañan y el Senasa no entorpece, llegado el momento prevén cargar hasta 5 camiones por día. ¿Cómo no le vamos a poder vender? En eso es lo que estoy trabajando yo”, expresó el productor de “Sandías Castelli”.
En realidad, tras encontrar trabas en Argentina, Chile ya lo hizo con Perú, actualmente su principal proveedor de esta hortaliza. Y es que, además de su elevado consumo. el país vecino sale a buscarla puertas afuera por una cuestión productiva.
“Lo que nosotros le ofrecemos al chileno es nuestra ventana climática: cuando acá en Chaco hace calor, en Chile está helando. Y eso es muy valioso. Tenemos clima, tenemos tierra y un gran grupo de productores idóneos”, destacó Detzel.
El comprador que consiguieron es un importante proveedor de fruta fresca y hortalizas a supermercados de la región. “Pero esto es como las ovejas, cuando una cruza el río todas van detrás”, proyectó Walter, que espera que la experiencia les permita atraer a más importadores en las campañas siguientes.
“Son más oportunidades para los productores y genera movimiento en la zona, porque trabaja el camionero, el changarín y se generan divisas. Creo que va a ser un éxito, porque volvieron y después de cuatro años volvemos a hacer historia”, concluyó el productor, que no sólo se siente cómodo con el apodo del mejor jugador del mundo, sino con estas proezas productivas que terminan haciendo historia.