
Elcira Merino, la mujer que salió de El Boliadero y encontró en la lechería un futuro para su familia
Elcira Merino, es una productora rural neuquina. Nacer en El Boliadero, un paraje ubicado por encima de la localidad de Los Miches, significaba aprender desde muy temprano que cada logro requería ...
Elcira Merino, es una productora rural neuquina. Nacer en El Boliadero, un paraje ubicado por encima de la localidad de Los Miches, significaba aprender desde muy temprano que cada logro requería un esfuerzo extra.
La localidad es un pequeño y apacible pueblo ubicado en el norte de la provincia de Neuquén. Corresponde al departamento Minas, y está ubicado a orillas del río Lileo y al pie de la imponente Cordillera del Viento, distante a unos 21 kilómetros de la localidad de Andacollo.
Creció en una familia de nueve hermanos, rodeada por un paisaje tan imponente como desafiante, donde los inviernos eran duros y asistir a la escuela implicaba verdaderas travesías.
Para llegar a clases en Los Miches debía caminar durante horas y cruzar ríos a caballo. Cuando las lluvias o las nevadas aumentaban el caudal, el trayecto se volvía riesgoso porque no existían puentes. Muchas veces, además de estudiar, tenía la responsabilidad de cuidar a sus hermanos menores para que ninguno abandonara la escuela.
Aquella infancia en el campo forjó el carácter de una mujer que, años después, encontraría en la producción rural una forma de construir oportunidades para su familia.
Su vida cambió cuando conoció a quien sería su esposo, un criancero de la zona de Guañacos. Allí se radicaron y comenzaron una nueva etapa. Para levantar su casa, él vendió sus animales y tomó un empleo formal. Pero ella no se resignó a depender únicamente de ese ingreso y decidió emprender distintos proyectos productivos que ayudaran a sostener el hogar y la educación de sus hijos.
“Primero fui por la cría de pavos criollos. Llegué a tener cerca de 500 ejemplares, aunque el crecimiento del emprendimiento hizo después que espacio disponible fuera poco”, cuenta. Más tarde incursionó en la producción de pollos parrilleros para abastecer tanto a su familia como a clientes de la localidad.
Sin embargo, el proyecto que terminaría marcando su identidad llegó hace una década, cuando su marido le compró una vaca lechera. “Con esa pequeña inversión comenzamos a producir leche y quesos artesanales, una actividad que con el tiempo se consolidó como principal fuente de ingresos”, detalla.
Hoy, con una sala de elaboración propia y una ordeñadora que pudo adquirir, produce entre cuatro y cinco quesos por día. Sus clientes son vecinos de Guañacos y también turistas que visitan la región y se hospedan en su alojamiento durante el verano. La combinación entre producción y turismo le permitió agregar valor a su trabajo y abrir nuevos canales de comercialización.
Elcira destaca que no llegó sola hasta aquí. “A lo largo de los años participé en encuentros de mujeres rurales realizados en distintos puntos del país, desde Pigüé hasta Santa Fe y Buenos Aires. Esos espacios de intercambio me permitieron incorporar conocimientos, compartir experiencias y fortalecer vínculos con otras productoras”, asegura.
Los cambios también se reflejan en su propia comunidad. “Cuando comencé a elaborar quesos, en Guañacos apenas había dos productoras dedicadas a la actividad. Actualmente ya son ocho las queseras que trabajan en la localidad”, remarca dando una una señal del crecimiento que experimentó el sector.
Su rutina sigue estando profundamente ligada al campo. Cada mañana encierra y alimenta las vacas para luego ordeñarlas. Por la tarde se ocupa de los terneros y de las tareas vinculadas a la producción. El trabajo rodea también a sus hijos, quienes disfrutan de la vida rural y colaboran cuando pueden, especialmente su hija, que estudia en Chos Malal-la localidad más importante del norte de Neuquén- y regresa los fines de semana para ayudar.
“Tengo también el acompañamiento permanente de mi esposo”, subraya Elcira. El es con quien comparte cada decisión del emprendimiento una vez que termina su jornada laboral.
En esta rueda puesta a girar, destaca “las capacitaciones, el acompañamiento para presentar proyectos y las visitas de seguimiento”, que fueron herramientas que contribuyeron al crecimiento de la actividad.