
En un momento difícil para el sector, la cerveza artesanal redobla la apuesta y abraza su adn: Hacer un producto 100% a base de ingredientes argentinos
En 2025 se cumplieron los primeros 15 años de historia de la cerveza artesanal argentina, al menos desde su boom y su consolidación como sector. El aniversario, sin embargo, encontró a los produ...
En 2025 se cumplieron los primeros 15 años de historia de la cerveza artesanal argentina, al menos desde su boom y su consolidación como sector. El aniversario, sin embargo, encontró a los productores en un contexto difícil, signado por la caída del consumo -que también golpeó al vino y otras bebidas alcohólicas-, altos costos y cierre de establecimientos.
Lejos de retraerse, la respuesta a ello llegó desde lo comunicacional: desde sus insumos básicos, hasta la pinta bien helada, el sector recuerda que es capaz de producir cervezas 100% argentinas, toma distancia de las firmas industriales -generalmente más económicas y con mayor poder de mercado- y busca volver a hallarle un lugar privilegiado al circuito artesanal.
“El sector está listo para un nuevo capítulo”, expresaron en conjunto los productores, que este año inaugurarán el “IPA Day Argento”, una iniciativa promocional que se celebrará del 7 al 9 de mayo en los principales bares y tiendas del país que tiene, como telón de fondo, la excusa de vincular a esta variedad con el adn albiceleste.
Cambio cultural: Con la caída del consumo de cerveza no existen buenas noticias para la cebada
Los responsables de la popularización de la India Pale Ale (IPA) en el país fueron los productores artesanales, que paulatinamente acostumbraron los paladares argentinos a un espectro más amplio de sabores y mostraron que más allá de la clásica Lager -la cerveza “rubia”- había todo un mundo por descubrir. Ese efecto alcanzó incluso a la industria, que de la mano de las principales marcas del mercado introdujo también otras variedades y elevó la vara.
Por su composición, la IPA tiene además un condimento extra y un diferencial competitivo: Argentina es uno de los pocos países del mundo que puede producirla de forma íntegra con componentes propios. Esa es la bandera que utiliza el sector artesanal hoy para sacar músculo en un momento complejo.
Para elaborar una IPA se necesitan sólo cuatro ingredientes. La base es, por supuesto, la malta, que se obtiene a partir de la fermentación de la cebada producida en los suelos del centro del país. El otro componente indispensable son las levaduras, encargadas justamente de transformar el mosto azucarado en cerveza, produciendo alcohol. Todas ellas se desarrollan también en suelo nacional, en polos de innovación especializados.
Además del agua, otro de los ingredientes básicos de toda cerveza, la India Pale Ale suma uno muy distintivo, el lúpulo. Se trata de flores que otorgan el característico amargor y aroma de esta variedad y que en Argentina proliferan en la Comarca Andina, con localidades como El Bolsón o Bariloche como epicentro. En ese aspecto, el sector cobra mucha relevancia en términos productivos.
“La producción de cerveza artesanal en Argentina consume el 34% del lúpulo nacional. Estamos felices de que existan las cervecerías artesanales porque generan un vínculo muy lindo con nosotros los productores, nos obligan a aprender más, y demandan calidad y trazabilidad. Todo lo que produzcamos en casa en lugar de importar es generar divisas para el país, y eso es también lo que nos mueve como productores”, expresó al respecto Hernán Testa, socio de la firma Lúpulos Andinos.
Con una estrategia centrada en fortalecer el mercado interno y la cultura cervecera local, el sector busca disputarle una cuota de mercado al sector industrial en un contexto de caída del consumo. A ello responde la búsqueda de una nueva identidad propia y la apuesta al relanzamiento de la cerveza artesanal con un sello nacional.
Y tienen con qué hacerlo, porque las cifras arrojadas por cada una de las ramas involucradas dan cuenta de eso. Con unas 5,7 millones de toneladas anuales, la cebada aporta más de 1200 millones de dólares en exportaciones y, cuando es convertida en malta, se emplean entre 5000 y 8000 personas en su proceso.
En el caso del lúpulo, considerado el “oro verde” de la Patagonia y uno de los baluartes argentinos, anualmente se producen unas 300 toneladas, que alcanza a cubrir sólo un 20% de la producción local -teniendo en cuenta el consumo de la industria en su totalidad- y debe suplementarse con importaciones desde Estados Unidos y Alemania. Parte de los brotes locales se remiten a Europa, donde se venden a 1.200 dólares por kilo.
Desde el sector hablan también del “respaldo científico” a la cerveza artesanal argentina, evidenciado en los recientes desarrollos en materia de levaduras. En conjunto con el Conicet, universidades nacionales identificaron recientemente más de 200 cepas de Saccharomyces eubayanus en los bosques patagónicos, que es considerada la “levadura madre” de las cervezas Lager, por lejos las más consumidas.
En paralelo, recientemente investigadores de la Universidad Nacional de San Luis desarrollaron una levadura nativa que fue autorizada para uso comercial, un hallazgo que ilusiona también a los productores ante la posibilidad de crear estilos cerveceros únicos con insumos 100% argentinos y perfiles sensoriales propios.