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Fernando Canosa repasa un largo camino junto a la ganadería: “No me va a alcanzar la vida para hacer todo lo que sueño hacer”

“Volvería a hacer todo bastante parecido a lo que hice”, reflexiona el analista ganadero Fernando Canosa, consultado sobre qué se diría a si mismo a sus 20 años. “Quizás, lo prepararía ...

Fernando Canosa repasa un largo camino junto a la ganadería: “No me va a alcanzar la vida para hacer todo lo que sueño hacer”

“Volvería a hacer todo bastante parecido a lo que hice”, reflexiona el analista ganadero Fernando Canosa, consultado sobre qué se diría a si mismo a sus 20 años. “Quizás, lo prepararía ...

“Volvería a hacer todo bastante parecido a lo que hice”, reflexiona el analista ganadero Fernando Canosa, consultado sobre qué se diría a si mismo a sus 20 años. “Quizás, lo prepararía para que viva el presente intensamente y sepa de antemano que en la vida no es todo lineal ni color de rosa”, agrega sobre ese diálogo imaginario.

En un nuevo capítulo de El podcast de tu vida (séptima temporada) desandamos los caminos en la vida de Fernando Canosa, director de Conocimiento Ganadero, asesor, productor, administrador de empresas agropecuarias en diferentes zonas, autor de varios trabajos de experimentación e investigación y conferencista sobre sistemas ganaderos.

Referente en el movimiento CREA, fue coordinador técnico en la Mesa de la Cadena de las Carnes entre 2015 y 2020. Por citar parte de sus palmarés. Podría decirse que es uno de los buenos y respetados referente en la ganadería.

En la charla no sólo repasamos las decisiones que tomó en ese camino profesional, sino también los sentimientos y emociones en ese trayecto. El rol de la familia, los hijos (la muerte de dos de ellos), su pasión por la ganadería, fundar un colegio, su participación institucional, el fútbol (deporte que practicó hasta pasados los 50 años), música y más. Pasen y lean…

-Viajemos imaginariamente a tu infancia, ¿Dónde te criaste? ¿Cómo estaba conformada esa familia?

-Yo nací en la década del 50. Soy el primer hermano de cinco. Mi padre, Roberto, abogado, mi madre, Susana, ama de casa. Los dos dedicados a la familia, rigurosos y exigentes, ejemplos de vida para mí. Me forjaron de un espíritu resiliente y a nunca bajar los brazos. Soy un tipo de acción y concretar. No estoy para la charla de café. Quiero hacer.

-¿Y qué te acordás de la infancia?

-Soy nacido y criado en Buenos Aires. Tuve una linda infancia, normal, jugué mucho al fútbol. De hecho, jugué hasta los 50 años. Andaba mucho a caballo cuando nos íbamos en el verano al campo. Me levantaba a la mañana, hacía la vida de cualquier peón, el caballo y yo éramos uno solo en esa época. Hoy en día disfruto de subirme a un caballo. Me acuerdo también de mi sala de cinco porque la monja que tuvimos de maestra me dejó escribir con la zurda. Eran épocas en las que muchos te obligaban a escribir con la derecha. Después entré en el Colegio el Salvador. Tengo una educación jesuítica, porque mi padre era muy jesuita. Y agradezco esa educación porque me dio herramientas para toda la vida. Estuve 12 años y luego 6 años trabajando, mientras estaba en la universidad.

-¿Y al campo de quien ibas?

-Un campo que había comprado mi bisabuelo Nicolás Bruzone, cuyo nombre lleva un pueblo en el sur de Córdoba. En algún momento se dividió ese campo y le tocó a mi madre un pedacito. Allí íbamos todos los veranos, a principios de enero y volvíamos cuando comenzaban las clases en marzo.

-¿Y cómo surge estudiar Agronomía? ¿Tenías un plan b?

-Yo en el tercer año del colegio sabía que quería ser agrónomo. Sabía que me quería dedicar al campo, que mi futuro estaba en las vacas, el pasto, la producción agropecuaria. No te voy a negar que estaba la disyuntiva de la abogacía porque mi padre era abogado. En esa época, agronomía no era una carrera tradicional.

-¿Dónde fue tu primer trabajo de agrónomo?

-En ese momento el desarrollo de nuestra profesión era básico, incipiente. Pero tuve la suerte de ligarme al movimiento CREA a través de compañeros de la facultad. Me recibí en diciembre de 1976, con 23 años y me fui a trabajar primero con un primo, lo ayudaba con unos campos en la Córdoba y Santiago del Estero. Pero yo quería ser asesor CREA. Y a fines de 1977 quien era mi padrino de tesis en la facultad, un asesor del CREA Guatraché, se iba de ahí y me ofreció ese puesto. Así fue como empecé. Significó un paso gigante para mí.

-¿Qué es lo que más te gusta de lo que hacés hoy?

-Tengo la suerte de haber hecho en toda mi vida lo que me gusta y hoy como corolario tengo el placer de liderar una consultora con mis hijos. Me levanto todos los días con ganas de hacer. Mi trabajo no es rutinario. Hoy me dedico al asesoramiento, la administración, la comunicación y no hay un día igual al otro. Yo siempre digo que no me va a alcanzar la vida para hacer todo lo que quiero hacer, pero bienvenido sea.

-¿Cómo ves vos ese amalgama generacional?

– Yo siempre le dije a mis hijos que les iba a dejar dos cosas: educación y vacas. Tuve cinco hijos y de los cinco me quedan tres. Esto nos ha marcado fuerte a todos en la familia. Pero hay una conjunción porque yo tengo la experiencia del viejo que ha transitado diferentes huellas y ellos tienen el entusiasmo e ímpetu de los jóvenes. Pero mis hijos tienen su impronta.

-Como decías, perdiste dos hijos ¿Dónde te has apoyado para superar esta tragedia familiar?

-El primer hijo murió en un accidente de auto, cuando se cruzó una vaquillona y salió despedido. Trato de buscar explicaciones. Nunca las encontré. Pero fui diferente después de esto. Hasta ese momento yo me comía el mundo. No me paraba nadie. Creo que si yo hubiera seguido en ese tren, hubiese sido un tipo insoportable y soberbio. Esto me bajó el copete y me hizo ver que había algunos frenos en la vida y no todo dependía de mí. Fue duro. Creo que el trabajo fue uno de esos refugios. Después vino la muerte de Gastón en 2010 que él decidió irse de esta vida y fue una bomba atómica en mi casa, que incluso provocó la separación con quien estuve casado 32 años. Hoy una de las grandes compañías y apoyo que tengo es mi actual mujer. El trabajo, la familia y los amigos han sido los puntales para pasar los momentos difíciles.

-Decime algo que te entusiasme y algo que te preocupe de la ganadería actual?

-Yo creo que estamos en un momento que nunca hubiera imaginado. Es único, irrepetible. Se han alineado los planetas. Una demanda mundial insatisfecha que vino para quedarse y por otro lado tenemos una oportunidad de crecimiento fenomenal que ahora se conjuga con políticas públicas que acompañan este crecimiento. Venimos de 20 años donde nos dieron con todo. Argentina hoy no tiene carne porque a (Néstor) Kirchner en 2006 se le ocurrió cerrar las exportaciones, más las barbaridades que hizo Guillermo Moreno después para aumentar la oferta de carne momentánea. Al lado nuestro, Brasil creció un montón, igual que Uruguay. Nosotros éramos los primeros de la clase y pasamos al último. Espero que esta oportunidad no se pierda. Creo que no se va a perder porque hay un cambio de mentalidad y de época. Yo avizoro que, así como la década del 90 fue la década de la agricultura, es muy posible que esta sea la década de la ganadería.

-¿Y lo que te preocupa?

-Lo que a mí me preocupa más es el tema comunicacional porque el sector agropecuario, y el ganadero en particular, no es tenido en cuenta por la sociedad como uno importante dentro de la economía, como sí hoy se habla de vaca muerta. No es que la carne brota de la góndola y los argentinos vamos a tener carne por que sí y regalada. Hay un déficit nuestro, tenemos que tratar de generar más vasos comunicantes con la sociedad.

-También en tu paso por el gremialismo, en Sociedad Rural Argentina, estuviste vinculado a la cuestión educativa.

-Si, me invitaron a trabajar en la comisión directiva durante el último año de Hugo Luis Biolcatti, después estuve toda la presidencia de Luis Miguel Etchevehere. Me habían nombrado director de educación. Bajo esa órbita yo tenía el colegio de Realicó, el CEIDA y el ISEA. Lo hice con mucho entusiasmo, sin cobrar un peso y después vino la conducción liderada por (Nicolas) Pino que, después de 50 años le entregó el Colegio de Realicó a la Universidad de La Pampa. Nunca me consultaron para esto. Fue un golpe fuerte para mí porque entendí que la educación no le importaba mucho a esta dirigencia. Es cierto que la pandemia lo había complicado financieramente, pero teníamos un proyecto de integración para levantarlo. Esto me alejó de la actividad gremial.

-Llegamos al ping pong fuera del surco. ¿Qué te despeja la cabeza de lo laboral?

-Por un lado, al tener un trabajo que disfruto. Me desenchufo charlando con mi mujer, leo los diarios y sus suplementos de fin de semana que tienen artículos y temáticas de fondo muy interesantes. Cuando llevo muy pasado me tomo un whiskicito.

-¿Deportes?

-Fui futbolero desde siempre. Hincha y socio de Boca. Iba todos los domingos a la cancha. Pero de más chico íbamos a la cancha de River con dos tíos, una cosa rara, porque uno de mis tíos de Boca y otro de Racing, y mi hermano de San Lorenzo y yo de Boca. Pero íbamos a River porque ellos tenían unas plateas ahí. Jugué mucho al fútbol, de dos, de tres, de cinco. Nunca fui un gran jugador, ni un estilista, pero era un buen defensor y metía. Jugué hasta los 50 o más. También jugué tenis, golf, padel. Hoy camino y voy al gimnasio.

-¿Qué tal te va como cocinero?

-De chico siempre me gustó la cocina. Después la abandoné. Pero hacía pizzas, scones, me divertía cocinando. Siempre fui bastante exquisito para la cocina. Mis platos de cumpleaños eran pulpo a la gallega y sabayón.

-No sé si sos de mirar películas. ¿Qué te gusta mirar?

-Me cuesta estar un par de horas sentado frente a una pantalla o televisor. Pero he ido mucho al cine. Me gustan las películas entretenidas, de acción o comedia o incluso románticas. No me gusta lo abstracto. Para mí el cine es un lugar de distensión.

-¿En música por dónde vas?

-Me gustó siempre todo tipo de música. En mi casa mi viejo escuchaba folclore, tengo un hermano guitarrista. De esa época me gustan Los Chalchaleros. Pero después no fui del folclore. Me gustaba más la música romántica, Frank Sinatra, Roberto Carlos, Pintura fresca, la Joven Guardia. Y me gusta mucho bailar. En el colegio donde hacíamos fiestas me llamaban el trompo, porque abro y cierro la pista. Disfruto bailar y divertirme.

-Las últimas dos tienen que ver con viajes en el tiempo. ¿A dónde irías si pudieses subirte al auto de Volver al Futuro?

-Yo te diría que por un lado volvería a vivir las vacaciones en el mar o la nieve con mis hijos. Fueron momentos inolvidables, yo me distendía del todo.

-Imaginate que el Fernando de hoy se cruza con el que estaba arrancando la carrera de agronomía de 18-20 años. ¿Qué creés que podría susurrarle al oído para allanarle el camino?

-Yo volvería a hacer todo bastante parecido a lo que hice. Quizás lo prepararía para que sepa de antemano que en la vida no es todo lineal y color de rosa. Y después, a que viva el presente intensamente porque no sabés cuándo te cortan el cable de arriba a vos o cuando un hecho desgraciado te toca de cerca. Por eso siempre busco disfrutar todo lo que puedo.

 

Fuente: https://bichosdecampo.com/fernando-canosa-repasa-un-largo-camino-junto-a-la-ganaderia-no-me-va-a-alcanzar-la-vida-para-hacer-todo-lo-que-sueno-hacer/

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