
“Hacemos cine del campo argentino”: El sueño de dos amigos que eligieron recorrer el país para inmortalizar las historias más valiosas del interior productivo
Es difícil que el lente de una cámara pueda hacerle justicia a los paisajes del campo argentino. Pero más difícil aún -y eso consta en las líneas de este medio- es contar la infinidad de hist...
Es difícil que el lente de una cámara pueda hacerle justicia a los paisajes del campo argentino. Pero más difícil aún -y eso consta en las líneas de este medio- es contar la infinidad de historias que se escabullen en el interior productivo, de los héroes silenciosos que aportan tanto o más a la patria que cualquier funcionario de traje y corbata.
Octavio Ancarola y Álvaro Gallego, dos jóvenes de 24 y 27 años respectivamente, se propusieron unir ambos desafíos en un proyecto audiovisual. “Hacemos cine del campo argentino”, resumen, a riesgo de que esa frase no retrate completamente su trabajo pero dejando la pelota picando a la curiosidad..
En verdad, es un buen puntapié para conocerlos. Y eso fue lo que hizo Bichos de Campo.
Son amigos de hace muchos años y dicen tener la suerte de compartir dos pasiones: el trabajo audiovisual y el campo. Octavio es de Capital Federal y Álvaro de Capilla del Señor, pero por una u otra razón estuvieron siempre en contacto con el sector. Un día supieron que su más ambicioso proyecto había estado siempre frente a sus ojos.
“Somos grandes apasionados del campo, de la vida rural, de la gente del interior. En mi caso, en gran parte porque mi viejo es agrónomo, y crecí escuchándolo contar historias”, señaló Álvaro, un profesional de la comunicación que tuvo siempre mucha predilección por la fotografía.
Octavio, por su parte, trabaja como “filmmaker” -o realizador audiovisual- hace ya muchos años.
Ya habían hecho algunos proyectos juntos, pero la motivación para sumergirse en la cinematografía del campo llegó por el lugar menos esperado. Fue gracias al artista Mateo Gallardo, conocido por retrarar la cultura criolla de forma única en óleo sobre lienzo.
“Con Octavio lo veníamos consumiendo un montón su trabajo porque nos parece increíble. Y un día dijimos directamente, “che, hay que hacerle un homenaje´ porque sentíamos que no tenía el reconocimiento que merecía”, recordó Álvaro.
Sin conocerse, Gallardo les negó la visita a su taller porque les tenía reservado un proyecto mejor: viajar juntos por el interior productivo, a los lugares donde él, como artista, encuentra inspiración. De esa experiencia salió un lindo documental y también la inspiración necesaria para lanzarse de lleno al sector.
“Nos demostró que hay muchas historias que merecen ser contadas y mucha gente que, quizá, no tiene la visibilidad que merece. Hay mucho por explotar ahí”, afirmó.
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La esencia de Zaino Sagrado está inscrita en el propio nombre que eligieron para el proyecto. Por un lado, el compañerismo y la tradición que evoca la figura del caballo. Por el otro, la posibilidad de “sacralizar” historias e inmortalizarlas con un lente.
Y esa es la motivación para hacer cine del campo en su sentido más amplio, con todo lo que ello implica. Donde no sólo importa ser fiel a la belleza de los paisajes y los animales, sino también encontrar los personajes adecuados que sean protagonistas de esa obra.
Y esta es, de hecho, la empresa que más entusiasma a los jóvenes cineastas. “El proyecto tiene un objetivo social, que es darle visibilidad a historias que son valiosas para la cultura argentina y que hoy en día están de alguna forma ocultas”, explicó Álvaro.
Cámara en mano, ropa cómoda y muchas ganas les basta para recorrer el país, conocer a los héroes silenciosos y retratarlos, donde quiera que estén. Su mayor sueño es llevarlos a la pantalla grande, pero el camino recién empieza y vale la pena recorrerlo.
Hay algo romántico en esto de ir un poco contra la corriente. Como quien escribe novelas alejado de los “best sellers” o quien abre una librería de barrio en tiempos de “ebooks”, a Álvaro y Octavio los desvela la posibilidad de mostrar algo distinto en redes sociales. Entre tanto consumo fugaz, banal y superfluo, y tanto “scrolleo”, dicen que quieren aportar un granito de arena pero en el sentido opuesto.
“Estamos rodeados de temas muy poco relevantes para nuestra cultura, y eso es lo que nos anima a eternizar todas estas historias que nosotros creemos que sí son parte de Argentina. Hay mucha gente que con lo que hace aporta mucho a la patria y nunca tuvo el reconocimiento o la visibilidad que mereces. Y no hablo de fama, sino de valor”, expresó Álvaro.
Quizá, se trate sólo de ser el vehículo, de salir con la cámara a buscar a esos héroes silenciosos, de tener el ojo y la astucia para aprovechar esas miles de historias ya vividas pero nunca contadas, antes de que se apaguen u olviden.
Hay que ser un poco romántico para rendir pequeños homenajes en vida a quienes siquiera saben que lo merecen.