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Hermosa historia de amor: Doña Lorenza y Don Florencio formaron familia entre el pimentón y siguen “venteando” el trigo juntos con más de 70 años

No hay mucho para escribir en esta nota. Más bien hay que tomarse un rato para disfrutar de los tonos, las complicidades y también de la emoción de estos dos pequeños productores de los Valles ...

Hermosa historia de amor: Doña Lorenza y Don Florencio formaron familia entre el pimentón y siguen “venteando” el trigo juntos con más de 70 años

No hay mucho para escribir en esta nota. Más bien hay que tomarse un rato para disfrutar de los tonos, las complicidades y también de la emoción de estos dos pequeños productores de los Valles ...

No hay mucho para escribir en esta nota. Más bien hay que tomarse un rato para disfrutar de los tonos, las complicidades y también de la emoción de estos dos pequeños productores de los Valles Calchaquíes. Doña Lorenza Ríos y Don Florencio Córdoba, a los que encontramos en su finca de San Carlos “venteando” el trigo a la vieja usanza, llevan 50 años juntos y han construido una hermosa historia de amor y compañerismo en la que vale la pena detenerse.

Mirá la entrevista:

La pequeña finca de este matrimonio queda en un paraje llamado El Barreal, cercano al río Calchaquí y a a localidad de San Carlos. Ambos llegaron a trabajar allí esa tarde de marzo luego de dormir una reparadora siesta.

Doña Lorenza se ríe cuando le preguntamos si se arrepintió alguna vez de permanecer durante tanto tiempo al lado de Don Florencio. Separar ambas vidas parece ser una cosa inimaginable para ella. “Eso nos han enseñado nuestros padres, a respetarse”, aclara como si hiciera falta. “Hay que respetarse”, insiste.

El venteo del trigo es una tarea intensa y que requiere de una gran energía: consiste en arrojar el trigo recién cosechado al aire, aprovechando el viento del lugar, para que se lleve el polvillo y la paja un pco más lejos, mientras que el grano vuelve a caer por su mayor peso específico. Así se separa la espiga de las impurezas. Y así comienza el proceso para hacer una harina muy sana y saludable, que ambos ancianos -ambos tienen más de 70 años- utilizan para su propio consumo.

Con cortesía por nuestra aparición en el lugar, Florencio y Lorenza detienen un rato esa tarea, que les consumirá toda la tarde. Sus respuestas en la conversación que prosigue parecen inconexas pero no lo son, para nada: todas relatan retazos de una vida compartida y cruzada por la actividad productiva. El hombre relata que tuvieron fincas no solo en Barreal sino en otras zonas del valle, como Animaná, saliendo camino de San Carlos hacia Cafayate. La mayor parte de las veces somo “medieros”, es decir trabajando en las tierras de otros y pagando el alquiler con una parte de las cosechas que obtenían.

El pimentón cruza sus vidas, porque ha sido el cultivo emblemático de todas esta zona de la provincia de Salta, bendecida en sus condiciones para producir ciertas especias. La matemática nunca es perfecta en estas historias: Florencio recuerda que en Corralito sacaban 9.000 kilos de pimiento para pimentón por hectárea y entonces, como medieros iban a medias con el dueño del terreno, repartiéndose 4.000 kilos para cada uno.

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-¿Ustedes cedieron entre el pimentón?

-Sí, pimentón y comino (se van pisando), trigo y cebolla. Y después ponemos verduras y me gustan los animales. Hemos tenido unas gallinas, unos chanchos. No mucho pero que estén.

“Al par siempre”, acota con firmeza Doña Lorenza cuando su marido parece marcharse solo con sus recuerdos de hazañas productivas.

El pimentón de los Valles calchaquíes es famoso por su calidad, pero está en vías de extinción, porque ha dejado de ser rentable entre los productores. Luego de contar que él en cierta ocasión llegó a producir 6.000 kilos en una hectárea, el hombre reconoce que ahora hay tierras que no producen ni 200 kilos. Culpa de ello “al bicho, a la plaga”. Este matrimonio, definitivamente, forma parte de una época donde la agricultura era mucho más artesanal y no dependía tanto de los agroquímicos.

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“Si no se vuelve amarillo y queda ahí nomas. Por eso yo me he cabreado. No pongo más pimentón, ni cebolla tampoco”, se queja Don Florencio, planteando la recurrente situación en que se siembra algo y, cuando se quiere cosechar, los precios de venta no cubren los costos.

 

Doña Lorenza, a su lado, vuelve a exponer cierta contradicción al contar que -pese a todas esas contingencias- con las cosechas de estas cinco décadas pudieron sostener una familia y criar a los hijos. “Ante daba más la finca. Así le he ensañado a mis hijos, que trabajen. Han crecido todos se ha ido. No tengo más unita que me acompañe”.

Antes daba más, antes el agua no alcanza. En la pequeña finca de Barreal desde hace un mes que no se regaban los cultivos porque no habilitaban el canal.

-¿Y ustedes por qué siguen trabajando así como ahora si no vale la pena?

-Porque es un gusto- contesta Doña Florencia. Luego dirá que “si me quedo dos o tres días en la casa ya quedo como paloma triste”.

-Yo para no perder la costumbre- revela su marido.

Se van los dos contentos de regreso a trabajar, pensando en todo lo rico que podrán hacer con su trigo.

Fuente: https://bichosdecampo.com/hermosa-historia-de-amor-dona-lorenza-y-don-florencio-formaron-familia-entre-el-pimenton-y-siguen-venteando-el-trigo-juntos-con-mas-de-70-anos/

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