
La “sojización” en crisis: Hace diez años el poroto era imbatible y goleaba 4 a 1, pero ahora las gramíneas (trigo y maíz) sacan pecho y casi empatan el partido
El equipo de estimaciones agrícolas de la Bolsa de Comerio de Rosario (BCR), casi al margen, reveló uno de los datos más significativos para la agricultura argentina en los últimos años: “El...
El equipo de estimaciones agrícolas de la Bolsa de Comerio de Rosario (BCR), casi al margen, reveló uno de los datos más significativos para la agricultura argentina en los últimos años: “El monocultivo, el mar de soja que dominaba a lo largo y ancho de la región núcleo, parece haber quedado definitivamente atrás”, escribieron en su informe semanal GEA, destinado a evaluar la marcha de los cultivos.
¿A qué se refería? A que en las dos últimas campañas agrícolas las siembra de gramíneas (como el trigo y el maíz) compitieron palo a palo con la oleaginosa, equilibrando una relación que se había perdido desde hace al menos 25 años, con la irrupción de la soja transgénica RR y su avance arrasador frente a otros cultivos y opciones productivas, como la ganadería.
El pico de la denominada “sojización” de la agricultura argentina sucedió hace más de diez años, en la campaña 2014/15, tiempos en que la oleaginosa llegó a ocupar cerca de 20 millones de hectáreas mientras que los cereales, mal intervenidos en aquellos momentos por el gobierno de Cristina Kirchner, caían a sus pisos históricos. En aquel momento la relación llegó a ser de 4 a 1. ¿Qué quiere decir? Que se sembraban 4 hectáreas de soja por cada 1 de gramíneas.
Pero ahora, según marcan los equipos técnicos de la BCR, al menos en la región núcleo se “confirma un cambio de paradigma: por segundo año consecutivo la relación soja/gramíneas es casi de paridad”.
El cuadro que acompaña este informe muestra la corrección paulatina de la “sojización” en la región pampeana argentina. El año anterior, en la campaña 2025/26, la relación que había sido de 4,40 hectáreas de soja por cada 1 hectárea de gramíneas, bajó a un mínimo histórico de 1,07. Y previniendo las nuevas siembras en 2026/27, estima una relación de 1,14. La conclusión es que estamos en un equilibrio nunca vistos en lo que va del milenio.
“Y al final, en la región núcleo ganaron las rotaciones”, celebraron los analistas. “El monocultivo, el mar de soja que dominaba a lo largo y ancho de la región núcleo, parece haber quedado definitivamente atrás. La relación soja/gramíneas pasó de 4 a 1 a casi una relación de paridad en los últimos 10 años”, amplió el equipo de la BCR.
El gran beneficiario de este proceso histórico es sin duda el suelo agrícola, la gran reserva para generar riqueza que tiene la Argentina, y que padeció sin dudas la sucesión casi eterna de siembras de soja sobre soja y barbecho químico.
“En aquella época, el gran desafío del agro pasaba por enfrentar la caída abrupta de los índices de la fertilidad física y química de los lotes. También, las malezas y las plagas que cada año se iban volviendo más agresivas. Pero la relación soja/gramíneas -que indica cuántas hectáreas de soja se siembran por cada una de trigo y maíz- fue en el año pasado de 1,07. Hay que destacar que hubo récord de siembra de trigo y maíz. Para el nuevo ciclo 2026/27 se estima en 1,14”.
La Red GEA de la Bolsa de Rosario celebra que los productores y los dueños de los campos, más allá de la ecuación económica de cada campaña, hayan incorporado el concepto de rotaciones a sabiendas de que “este cambio estructural termina sumando kilos a los rindes de la oleaginosa”, ya que }“una soja de alta producción necesita un antecesor de maíz”.
Estos números surgen de la estimación de nuevas siembras para la campaña 2026/27, donde la soja sigue resignando superficie mientras que el gran protagonista podría ser el maíz.
“En una semana dónde se produjo una nueva baja de la urea que pasa a conseguirse en valores de 550 a 600 dólares por tonelada, las encuestas señalan una afirmación del maíz con una siembra similar al año pasado o incluso mayor. En soja de primera se considera un 10% más y en trigo una caída del 12%”, compara el informe.
“Por las expectativas de un Niño, el reacomodamiento del precio del nitrógeno y la intención de realizar planteos tempranos y de alta tecnología se está preparando una gran siembra maicera”, insiste la BCR citando informes que le llegan desde Pergamino. Que agregan: “en soja se prevé una presencia importante en los mejores ambientes por su menor costo de implantación y simplicidad de manejo, aunque persisten dudas sobre su rentabilidad”.
Con rotaciones intensivas, logran más rendimiento y contenido de proteína en un ensayo con soja
La soja, claramente, ha venido perdiendo terreno no solo por la persistencia de altas retenciones (aunque bajaron desde el 33% del último gobierno al 24% en el actual) sino también porque el maíz ha logrado paquetes tecnológicos muy competitivos que cada día sorprenden con mayores rindes. La soja, en cambio, tiene rendimientos estancados desde hace prácticamente dos décadas.
En ese sentido, la Red GEA apuntó que “en los últimos años se viene comentando que la oleaginosa pierde terreno frente a los rendimientos de maíz, pero en las últimas dos campañas empieza a notarse una mejora en los resultados”.
¿Qué es lo que está pasando? En las encuestas desde Rosario resaltan “es una combinación de factores donde se destaca un salto tecnológico en genética, una mejora en los planteos productivos y el efecto acumulado de las rotaciones, cuando el agua no es limitante”.
Por ejemplo, en esta campaña “los lotes de mayor potencial alcanzaron rendimientos cercanos a los 50 quintales por hectárea”, dicen en Corral de Bustos, mientras que en Colon se alcanzaron hasta 80 quintales en ambientes con buena disponibilidad hídrica y napa”, remarcó el informe.
Uno de los principales motores del aumento de productividad fue el factor genético. Los productores destacan especialmente la incorporación de variedades con nuevos eventos de tolerancia a herbicidas que permiten mejorar el control de malezas difíciles y simplificar el manejo.
“Es un antes y un después, el productor que la adoptó no vuelve atrás”, señalan desde Colón: “estas tecnologías ampliaron los techos productivos”. Y se suma un cambio estructural en los sistemas agrícolas: una mayor participación de gramíneas dentro de la rotación.
“La soja implantada sobre rastrojos de maíz muestra un comportamiento diferencial respecto de los antiguos esquemas de soja sobre soja”, resaltan los técnicos. La fertilización aparece como el próximo desafío para seguir elevando los techos productivos.
En ese territorio, si bien se observan oportunidades de mejora, como en micronutrientes, el aumento del costo del fósforo de esta campaña (por encima de los 1.000 dólares pr tonelada) podría limitar la incorporación.
Desde General Pinto hablan de otro tema muy sensible para la soja: la fertilidad física por compactación de los suelos. “Tenemos un problema importante de compactación sobre todo en suelos arrendados. Cuando llueve festejamos porque sacamos 50 quintales, pero tal vez nos perdemos 10 quintales por que la planta no puede explorar a mayor profundidad y eso en soja es un problema que se nota mas que en otros cultivos”.