
Las 120 hectáreas que alimentan a Europa: Una visita por Mercabarna, el mercado central de frutas, hortalizas, pescados y flores, que opera las 24 horas y comercializa 2,5 millones de toneladas de alimentos por año
En el sur de Barcelona, cercado por el barrio Marina, el puerto, el aeropuerto y el Mar Mediterráneo, hay un predio de 120 hectáreas que nunca apaga sus luces ni cierra sus puertas. Y es que cóm...
En el sur de Barcelona, cercado por el barrio Marina, el puerto, el aeropuerto y el Mar Mediterráneo, hay un predio de 120 hectáreas que nunca apaga sus luces ni cierra sus puertas. Y es que cómo podría hacerlo, si lo que allí se esconde es una auténtica ciudad desde la que salen las frutas, hortalizas, pescados y flores que alimentan y visten a España y Europa.
Se trata nada más y nada menos que del Mercabarna, el principal mercado mayorista de alimentos frescos en volumen del viejo continente, que Bichos de Campo no dudó en visitar en su fugaz paso por ese país.
Creado en 1967 con el objetivo de garantizar el funcionamiento eficiente y responsable de toda la cadena de alimentos perecederos, Mercabarna pasó de operar en el centro de Barcelona a adquirir tierras en una zona de las más requeridas por todo el arco industrial-comercializador. Allí se mueven unas 6.800 toneladas diarias de alimentos, lo que equivale a unas 2,5 millones por año.
Aquello explica, en parte, su extensión: por día acceden al predio unos 14 mil vehículos, entre camiones y autos; y más de 20 mil personas entre trabajadores de las empresas –el mercado concentra unas 600 en total- y clientes. Además cuenta con restaurantes, bares, bancos, talleres de reparación, comercios de complementos gastronómicos, centro médico y hasta una escuela.
“Es una ciudad alimentaria que funciona las 24 horas del día”, señaló una representante de Mercabarna a Bichos de Campo.
“Se trata de una empresa pública: el ayuntamiento tiene el porcentaje mayoritario; luego le sigue Mercasa, una empresa estatal que fundó la red de mercados españoles (actualmente hay 23); y la Generalitat (el gobierno de Cataluña). Y como tal, tenemos que procurar que haya competencia y equilibrio entre empresas grandes, medianas y pequeñas. Que haya mercado pero que esto no se convierta en un monopolio”, detalló a continuación.
En el corazón del predio se encuentran las 7 naves destinadas a la comercialización de frutas y verduras, que de alguna forma marcan el pulso del mercado, y en las que este medio enfocó su atención.
El 75% de los productos allí disponibles son de origen español, de los cuales 15% son catalanes. El 25% restante proviene de otros países: un 10% son productos europeos y el 15% restante son en su mayoría exóticos o de contraestación, de países del hemisferio sur.
Pero para entender cómo esto se organiza lo mejor es prestar atención a las “plazas” o locales dentro de cada mega galpón.
En el central, que oficia de pasaje entre las 3 naves de la margen izquierda del predio y las 3 de la mano de derecha, hay una zona externa y una interna. En la externa, y bajo el cartel de “Proximitat”, se encuentran los pequeños productores del Bajo Llobregat y del Maresma, localidades lindantes a Barcelona.
“Ellos solo vienen los días fuertes del mercado, que son los lunes, jueves y viernes. Como suelen tener una hectárea de tierra o un poco más, y no pueden afrontar el gasto de pagar la comisión del mayorista –que es un porcentaje del precio de su producto- para comerciar con él, se tiene la delicadeza de ayudarlo con este espacio. Ellos venden lo de temporada, por lo que si no tienen producto, no vienen y no pagan”, explicaron a Bichos de Campo.
Pero a pesar de ser de muy baja escala, sus productos son muy demandados especialmente por el circuito de la “restauración”, nombre con el que se refiere a los restaurantes, hoteles, etc. La imagen más pintoresca es la de estos agricultores, sentados junto a sus productos bajo un pequeño cartel con su nombre de pila.
Ahora bien, si se trata de un productor con una mayor superficie, con una estructura que le permite ofrecer un producto más diferenciado (en caja, con marca, acondicionado, etc.), puede optar por comerciar a través de un mayorista (que en algunos casos también son productores) o alquilar su propia plaza dentro de la nave.
Allí la foto es otra: espacios más amplios, mucha iluminación, marquesinas con el nombre de las firmas, numerosos montacargas subiendo y bajando cajas, y depósitos y cámaras de frío por detrás (con salida a sus camiones) para guardar aquello que no se vende en el día.
Lo que se repite tanto dentro como fuera es el orden y la limpieza, En esto son claves los profesionales que son parte de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, que a diario recorren el lugar, controlar la seguridad alimentaria y aplican sanciones en caso de ser necesario. Ese equipo incluye también veterinarios para el área cárnica.
Otra cuestión importante es que tanto para la compra de alimentos como para la venta se requiere una licencia de negocio, lo que impide que minoristas ingresen.
“Se nos puede colar alguno pero lo cierto es que tienen que enseñar su licencia porque, si no, el detallista, que es el pequeño comerciante a la calle (verdulero, pescadero, carnicero), se enfada. Ellos están pagando impuestos todo el año por ese local y les molesta que alguien que no los paga ingrese a comprar”, indicaron a este medio.
Y como dato de color adicional, por las naves circulan muchas personas en bicicleta. Se trata, curiosamente, de los grandes compradores, que recorren todos los puestos en busca de los mejores productos y precios para luego negociar.
Un segmento adicional que también es central en Mercabarna es la ZAC, la zona de actividades complementarias, montada por las propias empresas. Allí hay desde almacenes hasta pequeñas fábricas, donde los mayoristas ofrecen servicios adicionales a sus clientes, como la preparación de productos considerados de “cuarta gama”: ensaladas ya listas, papas cortadas, etc. Eso aplica tanto para los comercializadores de frutas y verduras como para el área de pescados, y permite sumar valor agregado a la producción primaria.
El espacio frutihortícola termina de completarse con el área de las cooperativas, que también representan a pequeños productores de la zona.
Por año Mercabarna mueve unos 35,05 millones de euros entre todos sus segmentos. Y del total de alimentos comercializados allí, un 35% es exportado. Para esto resultó importante el armado de un clúster exportador, que sirvió para capacitar a muchas de las empresas en cómo llevar adelante ese tipo de negocios.
“La gracia de este mercado es que tiene mucho de exportación a Europa, y esto ha sido una vía de salida porque el consumo está estancado desde hace tiempo, y la venta al exterior sigue creciendo”, afirmaron a Bichos de Campo.
El circuito se completa con el Foodback, un centro de aprovechamiento alimentario cuyo objetivo es gestionar los excedentes y evitar el descarte de productos que son aptos para el consumo.
Cuenta con equipamiento para hacer “triaje” de frutas y hortalizas, que son aportadas por los mismos operadores, y que se distribuyen entre bancos de alimentos. El resto es procesado y gestionado para evitar contaminación en la zona.
El área educativa de Mercabarna merece una mención aparte. El mercado ofrece formaciones prácticas, tanto para jóvenes en busca de salida laboral como para aquellos que han quedado desempleados. El dato más relevante es que el 87% de quienes no tienen trabajo encuentran uno dentro del mercado tras su formación.
Los cursos son para aprendiz de carnicero, carnicero, aprendiz de pescadero, pescadero, charcutero, reponedor de supermercado y florista, entre otros.