
Los Benjamín Franklin del agro: con la llegada de una tecnología “yankee”, el campo redescubre la electricidad y aplica terapia de shock contra malezas
Hace poco más de dos meses entró al país la primera máquina de la firma estadounidense Weed Zapper, destinada al control de malezas con electricidad, y específicamente diseñada para atacar aq...
Hace poco más de dos meses entró al país la primera máquina de la firma estadounidense Weed Zapper, destinada al control de malezas con electricidad, y específicamente diseñada para atacar aquellas hierbas resistentes a los herbicidas y controles previos, que compiten con el cultivo en las etapas clave de su crecimiento.
En verdad, se trata de una tecnología que está en el mercado hace 10 años y que desembarcó en Argentina por iniciativa de la empresa Agritech SA, que no casualmente es la responsable de haber introducido desarrollos similares, pero pensados para otros cultivos y otros estadíos de crecimiento.
Aunque desconocido aún, el campo del control eléctrico de malezas es muy amplio, y tiene lógicas por demás interesantes. En él introdujo a Bichos de Campo el ingeniero agrónomo y productor agropecuario Pedro Torre, responsable de que ahora en el país también se lo conozca.
Miles de voltios alcanzan la maleza y, en un plazo no mayor a una semana, la necrosan completamente. Una medida de control que trabaja por pura física y, mediante un electroshock letal, hace que la planta actúe de conductora entre un polo positivo y la tierra.
Esa es la idea a la que arribaron en 2016 un grupo de productores estadounidenses, que justamente eligieron llamarse “Old School Manufacture” (sinónimo de “hecho a la vieja usanza” en español) porque renegaban de las nuevas tecnologías de herbicidas y buscaban una solución para hacer soja orgánica.
Hoy, ya venden entre 80 y 100 equipos al año, que rondan los 130.000 dólares, y recientemente ingresaron a uno de los destinos más codiciados: las grandes llanuras argentinas.
Claro que, de este lado, ya tenían hace tiempo un socio estratégico, que es la empresa que fundó y dirige Torre. En su taller de General Deheza, y bajo la marca Agro Thrive, aquí ya hace algunos años que se emplea la misma tecnología, pero para fines distintos.
“La Weed Zapper, que es la que trajimos de Estados Unidos, trabaja por encima del nivel del cultivo, y, como es por contacto, tiene que haber una diferencia de altura con la maleza de al menos 10 centímetros. Nuestras máquinas Agro Thrive también actúan con electricidad, pero lo hacen al ras del suelo”, explicó el agrónomo.
En el primer caso, el shock eléctrico es dirigido a las malezas cuando alcanzan un desarrollo considerable y compiten con el cultivo. En el segundo, se trabaja sobre el barbecho en siembra directa o entre surcos, en estadíos tempranos de la maleza. En ambos casos, se trata de un implemento que se suma al tractor o una pulverizadora autopropulsada.
“Por el momento son dos máquinas diferentes. En el futuro quizá logremos hacer una sola que cumpla ambas funciones”, agregó Torre, que habla en plural porque mantiene un convenio de colaboración con la firma estadounidense, que de hecho comenzará a fabricar en sus talleres el desarrollo cordobés además del propio.
Como actúa a una altura mínima de 35 centímetros, y requiere que el cultivo sea más bajo que la maleza -para no electrocutarlo también- la nueva maquinaria se está promocionando, sobre todo, dentro del clúster del maní. “En algunos casos es la única solución para sacar las malezas, y esto es una herramienta para hacerlo a gran escala y con más mecanización”, destacó Torre.
Del mismo modo, también tiene potencial en el caso de la soja, ya que en estadíos avanzados, la maleza supera su altura, y hasta en horticultura, otro de los propósitos más demandados en Estados Unidos. Desde ya que no sucede lo mismo con el maíz, porque en ese caso sí la planta supera a la maleza.
A diferencia de la Weed Zapper, la máquina cordobesa utiliza los shocks de tensión, entre 6.000 y 10.000 voltios, al ras del suelo. En ese sentido, el mayor potencial se observa en los primeros estadíos de la agricultura convencional, como también en economías regionales, como frutales, olivos y cítricos.
Lo que está claro, explican desde la firma, es que, si bien el método es muy efectivo, no deja de ser un complemento en la estrategia agrícola, y no alcanza a ser un reemplazo absoluto de la pulverización convencional.
“Esto no es una solución única. Primero hay que trabajar en el manejo, con las fechas de siembra y un buen pre emergente para atacar todos los primeros nacimientos. Y después, sí para luchar contra las malezas resistentes o lo que se haya escapado en ese control”, observó Torre.
Donde sí se empieza a mirar con buenos ojos en las zonas periurbanas, donde las áreas de exclusión para la aplicación de agroquímicos suelen limitar a la actividad agrícola.