
Los dilemas de la agronomía: Fernanda González Sanjuán se pregunta por qué hay que producir cada vez más, y con recursos limitados, si después esa comida no llega parejo a todos
A Fernanda González Sanjuán se la suele escuchar hablando de nutrientes, de fertilidad de los suelos y de cómo mejorar los rendimientos. Es ingeniera agrónoma, se especializó en esos asuntos y...
A Fernanda González Sanjuán se la suele escuchar hablando de nutrientes, de fertilidad de los suelos y de cómo mejorar los rendimientos. Es ingeniera agrónoma, se especializó en esos asuntos y trabaja desde hace mucho tiempo en la asociación civil Fertilizar, que promueve justamente una reposición correcta de los nutrientes.
-¿Alcanza con producir más?- le preguntamos.
Fernanda no esquivó la discusión. Dijo que ella obviamente quiere que la producción crezca y que la investigación siga dando respuestas, pero también se pregunta qué sucede después con ese esfuerzo, cuando la comida producida visiblemente no llega parejo a todos.
Por otro lado, en medio de este dilema, advierte que el sistema al que se le pide cada vez más tiene límites: los agrónomos administran agua y suelo.
Mirá la entrevista:
González Sanjuan pone sobre la mesa una condición individual para ejercer la profesión: honestidad intelectual. No distingue allí entre agrónomos y periodistas, ni supone que el título garantice nada. “Hay honestidad intelectual o no la hay en cualquier rubro”, señaló.
En su caso, la elección profesional sigue intacta. Cuenta que siempre repite ante sus hijos, de 22 y 18 años que si volviera a nacer, elegiría otra vez esa carrera. Es que su recorrido laboral, según explicó, la cruzó con muchos más buenos agrónomos que con aquellos con los que no se sentía identificada.
Al hablar justamente sobre su ámbito de trabajo, la asociación Fertilizar, ligada a la investigación y el desarrollo, agregó otra mérito generalmente compartido por los agrónomos: la generosidad intelectual. Gracias a ella los resultados de un ensayo no terminan en quien los obtuvo. Puede ser el comienzo del trabajo de otro investigador, siempre que ese conocimiento circule.
“Lo que queda escondido en un cajón no le sirve a nadie, ni tampoco le sirvió al que lo hizo”, sostuvo la agrónoma, para quien compartir tampoco le quita reconocimiento al investigador sino que sucede lo contrario.
Pero para ella, los dilemas actuales de la agronomía no se agotan en la conducta de cada profesional. En esta charla con Bichos de Campo, apareció el mandato más repetido para el sector y sus profesionales: hay que producir más alimentos y de mejor calidad para una población que crece y con recursos que se van agotando.
Fernanda comparte que ese desafío es real, aunque enseguida agrega una pregunta incómoda: “¿A costa de qué?”.
Su planteo no consiste en abandonar la búsqueda de mejores rendimientos. Ella misma habla habitualmente del crecimiento vertical de la producción, de obtener más con la misma superficie. Lo que cuestiona es que toda la respuesta al problema de la alimentación se siga buscando en el mismo lugar.
“Necesitamos los agrónomos sentarnos con la otra parte que cumple un rol estratégico, que es la distribución de la comida”, propuso.
Porque la pregunta que nos hace Fernanda finalmente es de qué sirve que se investigue tanto y se coseche más, si eso finalmente no alcanza para que todos puedan comer.
Para ella, esa discusión debe comenzar a formar parte del menú de discusiones profesionales. “Yo quiero que todo el mundo pueda comer. Pero claramente no lo voy a poder resolver sola, produciendo”, afirmó la agrónoma, consciente de que en el mundo se desperdicia gran parte de la producción de alimentos., mientras que los bolsones de hambruna siguen afectando a casi 700 millones de personas.
Además de una mirada humana, hay una razón agronómica detrás de esta inquietud. Pedir más producción implica exigirles más a los sistemas. Y la posibilidad de hacerlo depende de que puedan seguir funcionando en el tiempo.
“La idea no es exigir un sistema y bloquearlo y dejarlo seco”, advirtió González Sanjuan. “Administramos agua, administramos suelo”. Su conclusión es sencilla: “No es infinito el sistema que administramos”.