
Más allá de los rindes extraordinarios: Los datos que arroja el maíz bajo riego de la Norpatagonia demuestran que el potencial también se mide en calidad, secado y adaptación
El potencial agronómico de los campos bajo riego en el norte patagónico no es discutible en absoluto. Se trata de una región que, al calor de suelos vírgenes, la disponibilidad continua de agua...
El potencial agronómico de los campos bajo riego en el norte patagónico no es discutible en absoluto. Se trata de una región que, al calor de suelos vírgenes, la disponibilidad continua de agua pura y la alta radiación solar rompe techos de rendimiento campaña tras campaña y promete un horizonte muy próspero.
Pero detrás de esos números grandilocuentes fue necesario también avanzar con la tarea de investigación, para finalmente ponerlos en contexto y abrir nuevos interrogantes.
En el marco de la Red Maíz de INTA del Valle Inferior rionegrino, de la que participan numerosas empresas semilleras, investigadores, técnicos y productores, se evaluaron recientemente más de 40 híbridos comerciales. Sus resultados demuestran que los maíces de la Norpatagonia son mucho más que sus rindes de hasta 25.000 kilos por hectárea y que en esa “nueva pampa húmeda” el potencial es más elevado de lo que cree.
La red de ensayos es dirigida por los ingenieros agrónomos Evelyn Neffen y Roberto Simón Martínez, del INTA Valle Inferior, junto con el aporte de Lucio Reinoso, de la Universidad Nacional de Río Negro y Luis Bertoia, de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
Su objetivo, explicaron a Bichos de Campo, es generar información local sobre el comportamiento agronómico, rendimiento, humedad de cosecha, fenología y calidad de distintos híbridos comerciales en la producción bajo riego de la Patagonia.
Más que hacer un podio que defina cuáles son mejores o peores, la idea es que exista información objetiva sobre qué decisión es acertada bajo determinadas condiciones.
En ese sentido, los resultados obtenidos desde 2021 hasta la fecha arrojan rendimientos que pueden variar entre 13.000 y 20.000 kilos por hectárea según el año y las condiciones climáticas. El pico más elevado fue en la campaña 2024/25, en la que hubo máximos cercanos a 25.000 kilos en algunos híbridos y densidades específicas.
Pero, además de los altos rindes, los ensayos también revelaron detalles sobre otros ejes clave. “Uno de los resultados más interesantes fue la dinámica de secado natural del grano”, explicó Neffen, quien señala que, por su estabilidad, “representa una ventaja importante para la región, porque permite planificar cosechas”.
Analizando varias campañas se observó que, una vez alcanzada la madurez fisiológica, la humedad disminuyó en promedio 0,23 puntos porcentuales por día, equivalente a aproximadamente 1,5 puntos por semana. Sin embargo, también se registraron diferencias de más de 8 puntos entre híbridos.
Una de las principales fortalezas de la producción bajo riego es que otorga previsibilidad. Al administrar casi en su totalidad el recurso hídrico y aportar una alta nutrición, se puede tener mayor certeza de que el rendimiento será constante. Son planteos de punta que requieren también de mucha inversión en infraestructura e insumos.
Cabe destacar que en todos los ensayos llevados a cabo se aplicó una fertilización nitrogenada cercana a los 400 kilos de urea por hectárea y 6 riegos gravitacionales durante el ciclo, aportando alrededor de 800 milímetros de agua adicionales a las precipitaciones.
El resultado también queda a la vista en cuanto a la calidad. En proteínas, el promedio general fue de 6,5%, con materiales destacados que se ubicaron por encima del 7%. Son valores muy competitivos e incluso superiores a los que suelen obtenerse en la zona núcleo pampeana, donde generalmente los valores oscilan entre el 5,5% y el 6,5% dependiendo del híbrido, el ambiente y la disponibilidad de nitrógeno.
En cuanto a la energía digestible, el promedio fue de 3,7 Mcal/kg con máximos de 3,9 Mcal/kg, valores también mejores a los de las principales zonas productoras y que refuerzan el potencial de estos materiales para la producción de alimento animal de alta calidad.
Además, los ensayos permitieron analizar la respuesta a la densidad de siembra. Los mejores comportamientos se observaron con entre 6 y 7 plantas por metro ya que, en densidades mayores se comenzó a registrar caídas de rendimiento y un incremento importante en costos de implantación y nutrición, lo que impacta directamente en la viabilidad económica de esos planteos.
En cuanto a la fenología del cultivo, allí el principal factor es externo: la acumulación de grados día, o, dicho de otro modo, el calor total que necesita el maíz para desarrollarse.
Al respecto, los resultados de la red de ensayos arrojaron que los híbridos de ciclo largo únicamente expresan todo su potencial cuando los niveles de radiación y el ambiente acompañan. Por el contrario, los de ciclo corto requieren de menos grados día, llegan antes a floración y madurez, y, por ende, permiten adelantar cosecha y secado.
La “nueva pampa húmeda” (bajo riego) que se gesta de la mano del riego en los valles rionegrinos trae consigo la promesa de que, en algunos años, Argentina podría producir mucho más maíz. Pero ese horizonte necesita del trabajo de investigación, que irá paulatinamente cerrando brechas entre lo esperado y lo que efectivamente sucede en el lote.
“Es importante remarcar que todos estos ensayos evalúan potenciales productivos máximos bajo determinadas condiciones, pero no existen híbridos universalmente mejores o peores. El objetivo de la red es aportar información objetiva y regional para mejorar esas decisiones en los sistemas irrigados de la Patagonia”, expresó Neffen, a modo de reflexión, sobre los datos expuestos.