Mientras esperamos que se ponga en marcha el acuerdo con la Unión Europea, desde la cámara industrial Argentino-Alemana celebran: “Todo lo que sea baja de aranceles es beneficioso”
Durante la reciente edición de Expoagro, el pabellón alemán volvió a mostrar que la relación entre Argentina y Alemania está lejos de ser declamativa. Hay empresas, hay tecnología y, sobre t...
Durante la reciente edición de Expoagro, el pabellón alemán volvió a mostrar que la relación entre Argentina y Alemania está lejos de ser declamativa. Hay empresas, hay tecnología y, sobre todo, hay una estrategia de largo plazo que ahora encuentra un posible punto de inflexión en el demorado acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.
Julieta Barra, directora de Negocios y Consultoría y gerente de Comercio Exterior de la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana (AHK), planteó el tema de la relación entre ambos países al describir el rol de la entidad: “Nuestra función principal es asistir a las empresas alemanas que quieren abrir mercado e interactuar con potenciales clientes o partners comerciales”. Esa tarea, que en la práctica implica traducir culturas empresariales y reducir fricciones, se sostiene sobre una red global de cámaras que funciona como primera puerta de entrada para las firmas germanas que salen al mundo.
Lo que esas empresas encuentran en Argentina no es un mercado sencillo, pero sí uno atractivo. “Ven sobre todo muchísimo potencial de crecimiento, ven una economía con volumen”, explicó Barra en diálogo con Bichos de Campo, marcando una lógica que se repite en distintos sectores. Es que Alemania aporta tecnología y desarrollo industrial, mientras que Argentina escala productiva y mercado.
Esa complementariedad, sin embargo, no elimina tensiones. La pregunta sobre si es fácil colocar productos alemanes en un país con industria propia encuentra una respuesta directa: “Fácil no es y nosotros estamos justamente para facilitar esos procesos”. En ese punto aparece el dato de que del lado alemán empieza a haber una mayor disposición a entender mercados históricamente complejos, siempre que el potencial lo justifique.
Lejos de una competencia directa, Barra insiste en una lógica de integración: “La industria argentina con la alemana se complementan bastante, hay mucho lugar para empresas argentinas que sean parte de la cadena de proveedores de las grandes empresas alemanas”. Es decir, el vínculo no se agota en importar tecnología, sino que abre la puerta a insertarse en cadenas globales con estándares más exigentes.
Ese camino ya empezó a recorrerse, aunque de manera desigual. La presencia de empresas argentinas en Agritechnica -la principal feria agrícola del mundo que se realiza en Alemania- funciona como evidencia concreta. “Ya tenemos muchas empresas argentinas que participan con un pabellón exponiendo su maquinaria”, señaló Barra, dando cuenta de un proceso que lleva años pero que todavía está lejos de alcanzar su techo.
En ese contexto, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea aparece como una bisagra. Con versiones cada vez más firmes sobre su inminente puesta en marcha, el tratado promete modificar reglas de juego que durante décadas limitaron el intercambio.
“Sin lugar a dudas”, respondió Barra cuando se le preguntó si el acuerdo beneficiará el vínculo bilateral. Y avanzó: “Todo lo que sea baja de aranceles es beneficioso siempre para los dos lados”. La afirmación no es menor en un debate donde, especialmente en Europa, persisten resistencias. Sin embargo, relativizó esos temores: “Los riesgos que se veían desde algunos países de la Unión Europea no son, si uno lo analiza, tan amenazantes como se creía, por el sistema de cuotas que hay”.
Mirá la entrevista completa con Julieta Barra:
El impacto no se limitaría al comercio. Según su visión, el acuerdo también puede funcionar como disciplinador interno para el bloque sudamericano: “Al Mercosur le va a servir estar en un acuerdo más amplio que no sólo incluye baja de aranceles sino también la posibilidad de recibir inversiones para afianzar un bloque económico que tiene sus cositas y que podría funcionar muchísimo mejor si tuviese un marco regulatorio que lo obligue a ser más eficiente”, agregó la experta.
En un esquema donde la previsibilidad es un activo escaso, la posibilidad de reglas más claras aparece como condición necesaria para escalar el vínculo.
Aun así, el interés alemán no es nuevo ni coyuntural. “Las empresas alemanas que están en Argentina… hay algunas que cumplen más de 100 años”, recordó Barra. Y agregó un dato que desarma la idea de una relación volátil: “A lo largo de todas las fluctuaciones que ha tenido la economía argentina no hemos visto grandes éxodos de empresas alemanas del país”.
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La persistencia habla de una apuesta estructural. “La empresa alemana confía muchísimo en el potencial”, insistió, apoyándose también en factores menos tangibles como los vínculos culturales y la reputación tecnológica del “made in Germany” entre los empresarios argentinos. Con más de un siglo de presencia local y una red de más de 300 asociados, la AHK se posiciona como articulador de ese entramado.