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Milei propone y un acuerdo entre Gensus e INTA dispone: Lanzaron en Chaco una nueva variedad de algodón que tiene un evento único en el mundo y podría ser clave para levantar los rindes, como pidió el presidente

El algodón es un cultivo tan tradicional como complejo en estas zonas de Chaco donde Bichos de Campo estuvo recorriendo algunos lotes a punto de ser cosechados. Lo saben los produ...

Milei propone y un acuerdo entre Gensus e INTA dispone: Lanzaron en Chaco una nueva variedad de algodón que tiene un evento único en el mundo y podría ser clave para levantar los rindes, como pidió el presidente

El algodón es un cultivo tan tradicional como complejo en estas zonas de Chaco donde Bichos de Campo estuvo recorriendo algunos lotes a punto de ser cosechados. Lo saben los produ...

El algodón es un cultivo tan tradicional como complejo en estas zonas de Chaco donde Bichos de Campo estuvo recorriendo algunos lotes a punto de ser cosechados. Lo saben los productores, lo saben los ingenieros agrónomos y los únicos que parecen desconocer esta complejidad son los políticos ubicados cómodamente en sus poltronas de Buenos Aires, a cientos de kilómetros de distancia.

Dos de estos políticos, nada menos que Javier Milei y su ministro Federico Sturzenegger, han venido blandiendo el algodón en sus discursos, diciendo que la Argentina podría duplicar sus rindes e igualar a Brasil si hace algunas cosas, sobre todo proteger a los obtentores de nuevas variedades de semillas. El Presidente lo dijo nada menos que en marzo pasado en su discurso ante la Asamblea Legislativa. Entre insultos con la oposición, Milei recalcó que en Argentina el rendimiento de una hectárea de algodón es de 600 kilos de fibra mientras que en Brasil llega a 1.300 kilos. Siempre hablando de fibra, claro, porque algodón en bruto siempre es más.

“Es imposible hacer esa comparación. Brasil es un país con un clima totalmente diferente al nuestro”, se atajó con buen tino un avezado ingeniero agrónomo que planta miles de hectáreas de algodón, además de soja y maíz, cuando le trasladamos ese desafío. Es decir que estamos comparando peras y manzanas. En Brasil, por su característica tropical, los capullos son atacados por diferentes tipos de plagas de insectos, mientras que acá, con un clima más templado, el principal problema de los productores son las malezas. Además, el régimen de lluvias es completamente diferente en uno y otro sitio. Son condicionantes muy diferentes. Realidades distintas.

De lo que sí están seguros este y muchos otros productores de las zonas algodoneras (básicamente el Chaco y Santiago del Estero, más el norte de Santa Fe y un poco Formosa) es que la Argentina puede subir los rendimientos promedio, al menos de 600 a 1.000 kilos de fibra equivalente, si aplica un conjunto de tecnologías y prácticas de manejo que ya están disponibles. Por ejemplo, hay varios métodos de cosecha, y de cómo se haga esta tarea depende mucho no solo la cantidad de algodón que ingresa luego en la desmotadora, sino también sobre todo su calidad.

Sería interesantísimo que Milei y Sturzenegger se tomen un par de días para recorrer los algodonares del norte, así comprenden que es difícil hacer síntesis tan apretadas. Y aprenden sobre un sector que poco a poco se está alineando a dar el salto tecnológico que se necesita para incrementar la productividad, tener un perfil más exportador y permitir que este cultivo regional (que ya no lo es tanto) compita por al mismo área agrícola con cultivos como la soja, a veces más rentables pero sobre todo bastante más sencillos de hacer.

Ayer en Avia Terai, una localidad cercana a Saénz Peña, la compañía Gensus dio un gran paso en ese sentido, al presentar en sociedad con el INTA una verdadera innovación: una nueva variedad de semillas que ya pasó la prueba de asegurar mayores rendimientos, como quiere el Presidente.

Se trata de la variedad Arandú IMICott, que presenta una resistencia acumulada a varios herbicidas ya tradicionales e incorpora, por primera vez a nivel global, una tolerancia a otros herbicidas de la familia de las imidazolinonas.

El mejorador y especialista en algodón del INTA, Mauricio Tchat, adelanta el desarrollo de una nueva variedad resistente a los herbicidas, que proyectan probar en el exterior

De este modo, el nuevo cultivar amplía la paleta de posibilidades de control de malezas, que son la gran amenaza del algodón por esta zona. En combinación con otras tecnologías disponibles, como el sistema de cosecha en rollos, el riego, la fertilización, en los ensayos previos los agrónomos de Gensus -un semillero argentino que está cumpliendo diez años después de haber comprado las instalaciones locales de la ex Monsanto- han logrado muy buenos rendimientos de algodón en bruto: perfectamente, después de pasar por las cajas de desmote, logran superar con holgura los 1.000 kilos de fibra pretendidos por los funcionarios.

Pero esta variedad tiene otro encanto, porque inicia un camino de trabajo conjunto entre esa firma privada con los investigadores del sector público nucleados, en este caso, el prolífico INTA Sáenz Peña. Allí, hace unos años, se habían anunciado las primeras variedades transgénicas con resistencia acumulada a varios herbicidas (lo que permite reducir las aplicaciones de agroquímicos frente a las malezas e insectos), pero de aquellas novedades no pasó nada hasta que Gensus tomó la posta y las preparó para salir al terreno.

Arandú es la primera de esas semillas en salir al ruedo. Los que están detrás del proyecto llaman “cocreación” a este trabajo de interacción pública privada.

Por eso en el acto de lanzamiento estuvieron representantes de los dos sectores: hubo funcionarios nacionales como el presidente del INASE, Martín Famulari, o el jefe de Gabinete de la Secretaría de Agricultura, Martín Fernández, y participó nada menos que el gobernador de Chaco, Leandro Zdero, que saludó esta innovación destacando el gran trabajo que viene desarrollando el INTA y que da muestras de “un Estado que puede generar esperanzas concretas para una mejor producción”.

También estuvieron los representantes del sector productivo, deseosos todos de probar la nueva semilla. Había productores importantes de toda esta región y corporaciones que están revalorizando al algodón como alternativa exportadora, como LDC.

La introducción de Arandú al mercado, de todos modos, no será apta para ansiosos. Luego de una campaña de pruebas iniciales que confirman su potencial a campo, la empresa semillera argentina ha decidido sellar acuerdos solo con una decena de productores de punta, que la sembrarán en la campaña 2026/27 en una escala mayor, pero todavía acotada. La idea es ir creciendo paulatinamente, para evitar que esta innovación caiga en malas manos.

Sucede que el sector algodonero, como en la soja y en el trigo, sufre el embate del abuso del uso propio y proliferación de la bolsa blanca, como se llama a la semilla informal, que no reconoce la propiedad privada de los obtentores. Por eso Arandú será además la primera variedad de algodón que se comercializará bajo el esquema de Sembrá Evolución, a la espera de que el gobierno logre abusar nuevas reglas que protejan los desarrollos en nuevas semillas.

El caos en esta economía regional es tan grande que Gensus es el único criadero oficial que trabaja con semilla certificada, y compite con una cantidad de variedades ilegales, incluso muchas semillas transgénicas de las multinacionales que han entrado de contrabando desde Brasil y no están adaptadas localmente

En este nuevo lanzamiento hay bastante que proteger y no se trata de una multinacional sino de un desarrollo del propio INTA. “La variedad incorpora resistencia a herbicidas imidazolinonas, una tecnología de manejo agronómico que simplifica el control de malezas, uno de los principales desafíos del cultivo en la región algodonera. No se trata solo de una semilla nueva: es la primera herramienta de una estrategia que apunta a transformar toda la cadena”, indicaron desde Gensus.

En realidad, la apuesta que quiere hacer la sociedad entre esta semillera privada y el INTA. Según explico el CEO de la firma, Pablo Vaquero, incluirá de aquí a 2030 la resistencia a herbicidas es el primero de los desafíos. Pero luego quieren seguir anotando algodones transgénicos que ofrezcan resistencia a plagas, en especial el peligroso picudo algodonero. Y lo que sería un éxito total sería el otro objetivo: un algodón resistente a 2,4D, para poder resolver técnicamente una de las más agresivas amenazas para este cultivo: la deriva de las aplicaciones sobre la soja Enlist, que causa estragos en los otros del textil que no resisten ese principio activo.

“Arandú IMICott es la primera materialización concreta de ese modelo. Detrás vienen más variedades, más tecnologías y más convenios orientados a que el conocimiento llegue al lote y genere valor real en el campo”, se entusiasmaron los directivos de la semillera chaqueña que está cumpliendo su décimo aniversario.

Ahora solo falta que el Estado haga también algunas cosas pendientes. Porque las contradicciones de los funcionarios a veces son muy evidentes. Carlos Vera, un chaqueño que es vicepresidente del INTA y está empujando un retiro voluntario salvaje dentro del organismo tecnológico, terminó agradeciendo a los investigadores de Sáenz Peña que lograron este desarrollo modificando el ADN del cultivo. Quizás, de regreso a Buenos Aires, debería preocuparse por cambiar las lógicas de la motosierra y trabajar para generar mejores condiciones y para que estas iniciativas se multipliquen.

Fuente: https://bichosdecampo.com/milei-propone-y-un-acuerdo-entre-gensus-e-inta-dispone-lanzaron-en-chaco-una-nueva-variedad-de-algodon-que-tiene-un-evento-unico-en-el-mundo-y-podria-ser-clave-para-levantar-los-rindes-como-pidio-el/

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