
Nació literalmente con la siembra directa, pero sigue buscándole la vuelta: Federico Romagnoli tomó la posta de su padre, junto a quien trabaja para mejorar la técnica que impulsaron aquellos pioneros
Federico Romagnoli prácticamente nació entre discusiones sobre siembra directa. Su padre, Jorge Romagnoli, fue uno de los pioneros de ese sistema en la Argentina y uno de los fundadores de Aapres...
Federico Romagnoli prácticamente nació entre discusiones sobre siembra directa. Su padre, Jorge Romagnoli, fue uno de los pioneros de ese sistema en la Argentina y uno de los fundadores de Aapresid. Por eso, cuando todavía era demasiado chico como para entender qué estaba sucediendo, Federico ya andaba por reuniones y congresos donde aquellos productores discutían, a fines de los años 80, cómo sembrar sin remover la tierra con un arado, para evitar la erosión.
“Yo no tenía uso de razón, entonces no sabía dónde estaba”, recordó Federico, divertido, en diálogo con Bichos de Campo en el último congreso de Aapresid en Rosario, que ahora lo tenía como expositor. En la charla marcó que incluso algunas de aquellas primeras reuniones entre los impulsores se hicieron en la casa de sus padres.
Mirá la entrevista:
Casi cuatro décadas después, Federico sigue trabajando alrededor de la siembra directa y junto con su padre, aunque el entorno cambió: la labranza cero ya dejó de ser una rareza y es una práctica generalizada en el agro argentino, aunque todavía quedan varios aspectos por perfeccionar dentro del sistema.
Ese es precisamente el trabajo que realiza Federico desde Tainar, una empresa dedicada al desarrollo de accesorios para sembradoras y fertilizadoras que busca resolver algunos de los problemas que aparecen antes de que la semilla llegue finalmente al surco. “Siempre hay algo para mejorar”, resumió Romagnoli.
Uno de esos desafíos está en el rastrojo. La lógica de la siembra directa consiste justamente en conservarlo sobre la superficie y evitar las labores que remueven el suelo. Pero cuando hay grandes volúmenes de cobertura, esa misma ventaja puede convertirse en una dificultad operativa para lograr una buena implantación.
Allí entra en juego lo que Romagnoli define como la preparación de la línea o cámara de siembra. La propuesta es trabajar sobre una franja muy acotada antes de que pase el cuerpo sembrador, cortando el rastrojo y acondicionando el lugar donde después será depositada la semilla.
“En siembra directa se lidia mucho con terrenos irregulares, huellas o sectores compactados. Todas las soluciones que nosotros proponemos están dirigidas a mejorar el potencial de rendimiento de los cultivos”, explicó.
En este video promocional de Tainar , el prooio Jorge Romagnoli explica este nuevo dilema productivo:
La mirada no termina allí. Otra de las líneas de trabajo de Tainar está relacionada con la ubicación del fertilizante, especialmente en cultivos como el maíz. Federico Romagnoli explicó que algunas fuentes pueden generar problemas de fitotoxicidad cuando quedan demasiado cerca de la semilla. Por eso comenzaron a experimentar con sistemas que permiten modificar la profundidad y posición del fertilizante respecto de la línea de siembra.
“Hay que ver dónde lo ponés, cuándo lo ponés, si va más profundo, en el mismo lugar o al costado”, señaló. Según explicó, el objetivo final es mejorar la germinación, la emergencia y el desarrollo radicular para intentar que el cultivo exprese mejor su potencial.
La historia empresarial también tiene algo de continuidad generacional. Federico contó que actualmente son cuatro socios: él y su padre, por un lado, y Víctor Hugo y Germán Baro, por el otro, que también son padre e hijo. Ambas parejas provenían de ámbitos distintos pero terminaron trabajando juntos sobre maquinaria y agronomía.
Dicho de otro modos, son los hijos que siguen dándole una vuelta de rosca al trabajo que comenzaron los padres varias décadas atrás. “Somos los que laburamos y los padres están un poco más tranquilos. O eso pensamos”, bromeó Federico, el que nació literalmente con la siembra directa.