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Por las fuertes lluvias, los feedlot pasaron del polvo al barro: “Hoy el problema ya lo tenemos y pega de lleno en la conversión, la sanidad y el negocio”, advierte Román Irurtia, de Biofarma

“Estamos en plena zafra y entrando hacienda, pero en condiciones climáticas que no son las mejores”. Así resume Román Irurtia, del SENAB de Biofarma, un feedlot modelo del norte de Córdoba...

Por las fuertes lluvias, los feedlot pasaron del polvo al barro: “Hoy el problema ya lo tenemos y pega de lleno en la conversión, la sanidad y el negocio”, advierte Román Irurtia, de Biofarma

“Estamos en plena zafra y entrando hacienda, pero en condiciones climáticas que no son las mejores”. Así resume Román Irurtia, del SENAB de Biofarma, un feedlot modelo del norte de Córdoba...

“Estamos en plena zafra y entrando hacienda, pero en condiciones climáticas que no son las mejores”. Así resume Román Irurtia, del SENAB de Biofarma, un feedlot modelo del norte de Córdoba, el momento que atraviesan los corrales tras varios días de lluvias que devolvieron a muchas regiones a un escenario más “normal”, aunque incómodo.

“Nos habíamos malacostumbrado en los últimos tres o cuatro años, con otoños de mucho menos régimen hídrico, y este año volvimos a la normalidad. Y no solo en la zona centro, también en Córdoba, el NOA y el oeste de Buenos Aires”.

Ese regreso del agua dejó al descubierto falencias en los corrales. “Hay corrales que a lo mejor el mantenimiento no estaba hecho como se debía y hoy se ve, porque hay mucho barro mezclado con la bosta y eso afecta a los animales”, explicó el productor ganadero.

Aunque aclaró que el ingreso de hacienda más pesada amortigua parte del impacto, fue directo sobre las consecuencias: “Productivamente impacta mucho y hay que ser muy cuidadosos”.

El primer golpe es sobre la eficiencia. “Lo primero que se impacta es la conversión. Un animal que no está en buenas condiciones, que no tiene bienestar, come menos y engorda menos. Además, el gasto de mantenimiento para termorregular el frío o moverse en el barro hace que la eficiencia empeore”.

A eso se suma la cuestión sanitaria: “Hay muchos más problemas, empiezan a aparecer neumonías y eso impacta mucho más sobre las categorías livianas. Hay que estar muy atentos”.

Irurtia puso números para dimensionar el problema en un contexto de alta inversión: “Hoy un animal vale entre 800 y 1.000 dólares, es decir, es una inversión muy grande. Hay que tratar de tener las mínimas mermas posibles. Por eso la prevención es clave: antibióticos, mejores manejos de recepción, todo lo que se pueda hacer, porque después el impacto se ve en el resultado”.

En condiciones normales, explicó, la eficiencia de conversión se ubica entre 7 y 8 kilos de materia seca por kilo de ganancia de peso. Pero con barro ese número se deteriora fuerte: “Dependiendo de la cantidad de barro y del estado del animal, puede empeorar entre un 20 y 30%. Es muchísimo, más sabiendo que el kilo producido es lo que permite licuar la diferencia compra-venta”.

Y ahí aparece el otro frente de preocupación del negocio. “Estamos en un año medio raro. El alza de precios que todos esperábamos para esta época a lo mejor se dio hasta febrero o marzo, pero después cayó. Y la baja de la invernada, por la zafra, bajó pero no lo que todos esperaban. Ese diferencial compra-venta sigue existiendo”.

En ese contexto, el margen se vuelve extremadamente sensible. “Tenemos una diferencia cercana al 20% entre compra y venta. Entonces hay que pensar cuántos kilos necesitamos para diluir eso. Hoy necesitamos entre 50 y 70 u 80 kilos dentro del corral. A partir de ahí se empieza a ganar dinero”.

Pero incluso alcanzando esos kilos, la rentabilidad sigue siendo ajustada. “Es una inversión muy grande y las rentabilidades son bajas. Cuando estás cuatro o cinco meses con el animal en el corral, te queda una rentabilidad muy pequeña, a veces por debajo de una tasa bancaria”.

A eso se suman los costos, especialmente en la compra. “Todos hablan del precio del ternero, pero después están los gastos. El flete antes estaba en 70 u 80 pesos por kilo y hoy se fue a 110 o 120 pesos por kilo, más los gastos comerciales, que suman un 5/6% adicional”.

Con este escenario, el barro no es solo una incomodidad operativa: es un factor que puede torcer el resultado económico. “En la parte productiva hoy el problema ya lo tenemos. Hay que mirar para adelante y entender que el mantenimiento de corrales es una variable fundamental para que no nos afecte el kilo producido”, cerró Irurtia.

Fuente: https://bichosdecampo.com/por-las-fuertes-lluvias-los-feedlot-pasaron-del-polvo-al-barro-hoy-el-problema-ya-lo-tenemos-y-pega-de-lleno-en-la-conversion-la-sanidad-y-el-negocio-advierte-roman-irurtia-de-b/

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