
¿Por qué no se renueva la maquinaria agrícola? Con un atraso tecnológico que ya le cuesta hasta 25% de eficiencia al campo, el sector apunta a la falta de crédito
El mercado de maquinaria agrícola volvió a arrancar flojo el año, repitiendo el mismo patrón del año pasado, y desde la industria advierten que, sin financiamiento, cualquier recuperación ser...
El mercado de maquinaria agrícola volvió a arrancar flojo el año, repitiendo el mismo patrón del año pasado, y desde la industria advierten que, sin financiamiento, cualquier recuperación será apenas pasajera.
Así lo describió Leandro Brito Peret, director ejecutivo de la Asociación de Fábricas Argentinas de Tractores (AFAT), quien alertó por el fuerte atraso tecnológico del parque de equipos en Argentina.
“Este año está replicando lo que pasó el año pasado. Empezó muy bajo en enero y febrero, pero después tuvimos un repunte muy interesante en ventas. Esperemos que esa réplica termine ahora y se despegue para arriba”, explicó el directivo.
El problema, según detalló, es que ese rebote ya tiene antecedentes poco alentadores. “El año pasado también hubo un impacto fuerte en abril y mayo, pero cuando no se volvieron a replicar las puertas crediticias, el mercado cayó y no levantó más. Terminamos con un año que no fue bueno y con volúmenes que no son adecuados a la necesidad de renovación tecnológica del país”, advirtió.
Y ese punto es central: la Argentina tiene un parque de maquinaria envejecido que ya impacta directamente en la productividad. “Nuestros números arrojan que alrededor del 80% de las cosechadoras tiene más de 10 años de antigüedad y cerca del 80% de los tractores tiene arriba de 15 años. Cuando uno compara con Brasil, deberíamos estar en torno a los 6 años. Estamos muy lejos”, señaló.
El costo de ese atraso no es menor. “Cambiar una cosechadora de 10 años por una nueva tiene un impacto en la eficiencia productiva de entre 20 y 25%”, afirmó Peret, marcando con claridad lo que el campo pierde por no poder invertir.
¿Por qué no se renueva la maquinaria? La respuesta, para AFAT, es contundente: falta crédito. “El principal factor es el financiamiento. La inestabilidad que arrastra el país hace demasiados años hace que no tengamos un sistema crediticio adecuado. No hay oferta acorde a la necesidad del sector”, sostuvo.
Para graficarlo, apeló a la experiencia reciente: “En Expoagro hubo buena oferta crediticia y abril y mayo fueron récord de ventas. Después esa oferta no se replicó, se desplomaron las ventas y quedaron planchadas. Esto se repite todos los años: cuando hay crédito hay ventas, cuando no hay crédito no hay ventas”.
A ese cuello de botella se suman los problemas estructurales de la economía argentina. “Tenemos los mismos problemas que todas las industrias: el costo argentino, logística, seguros, financiamiento, carga fiscal y costo laboral. Son altos y no son competitivos, entorpecen bastante la producción local”, describió el director ejecutivo de AFAT.
Pese a ese escenario, el sector tiene peso propio: son 12 plantas industriales y unas 16.500 personas trabajando de forma directa en la cadena. “Capacidad tenemos, conocimiento también, y la voluntad del argentino de seguir adelante es fortísima. Si se ajustan esas variables, podríamos ser mucho más competitivos”, planteó.
En paralelo, otro frente de preocupación es la importación de maquinaria. Si bien desde AFAT aseguran no temerle a la competencia, reclaman reglas más parejas. “No tenemos problema en competir, pero pedimos hacerlo en igualdad de condiciones, en una cancha nivelada. Si competís contra países con menor carga fiscal o menores costos laborales, no es una competencia efectiva”, explicó.
Además, denunció falta de información confiable sobre el ingreso de equipos: “Hay un problema de visibilidad estadística. No estamos pudiendo ver todo lo que se importa ni todo lo que se vende”.
Como ejemplo, mencionó datos detectados por el sector: “Se habrían importado alrededor de 4.000 tractores de origen asiático, pero en los registros de patentamiento aparecieron solo 476. La estimación es que se vendieron entre 2.500 y 3.000. Eso genera mucha incertidumbre”.
Esa falta de claridad complica la planificación de las empresas. “Nos impacta a la hora de proyectar producción, compras, personal. Si no sabés bien el tamaño del mercado, no sabés cuánto vas a vender. Eso afecta decisiones de inversión y de contratación”, remarcó.
Por último, Peret también marcó diferencias entre los equipos locales y algunos importados, más allá del precio: “No es solo la máquina, es el servicio. Son bienes de capital que tienen que trabajar para producir. Nosotros tenemos entre 500 y 600 puntos de servicio técnico en todo el país, con disponibilidad de repuestos y asistencia en los lugares más recónditos”.
Y concluyó: “Esa red es clave para darle tranquilidad al productor y al contratista. Ahí es donde muchas veces está la diferencia frente a equipos importados que no tienen ese respaldo”.