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¿Qué es el desarraigo? Lo que trata de combatir con educación y desarrollo rural Federico Mutti, desde un centro educativo de Pilcaniyeu

Desde hace unos años y de forma global, se está viviendo un proceso de éxodo de las zonas rurales hacia los centros urbanos. A veces paulatino, a veces acelerado, de acuerdo a la zona. Lo que no...

¿Qué es el desarraigo? Lo que trata de combatir con educación y desarrollo rural Federico Mutti, desde un centro educativo de Pilcaniyeu

Desde hace unos años y de forma global, se está viviendo un proceso de éxodo de las zonas rurales hacia los centros urbanos. A veces paulatino, a veces acelerado, de acuerdo a la zona. Lo que no...

Desde hace unos años y de forma global, se está viviendo un proceso de éxodo de las zonas rurales hacia los centros urbanos. A veces paulatino, a veces acelerado, de acuerdo a la zona. Lo que no cambia es el avance. La migración de las poblaciones rurales no frena.

El proceso en Argentina tiene un cariz propio, puesto que la infraestructura, las tecnologías y las condiciones de vida de las zonas rurales que están por fuera de la región agrícola por excelencia, ayudan a la expulsión, particularmente de los jóvenes. Hijos, nietos y sobrinos de pobladores y productores, que buscan oportunidades de desarrollo profesional y personal en los grandes centros urbanos. Allí la conectividad, el acceso a la información, caminos, y sociabilización es sensiblemente mejor que en los ámbitos rurales.

Eso lo que genera, de forma irreversible en muchos casos, es el desarraigo. Pibes que se van a estudiar a las ciudades, no vuelven al campo, y la población rural que envejece. La síntesis es de campos abandonados, escasa o nula inversión en infraestructura y tecnología, y hasta índices productivos magros.

Buena parte de esta pintura se está trazando en las zonas cercanas a Bariloche, que ofrece oportunidades laborales y universitarias para los jóvenes de la zona. Allí proliferan los campos abandonados.

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Sin embargo, hay quienes le pelan a ese destino. Federico Mutti es uno de ellos. Al frente del Centro Educativo Pilca Viejo, en Pilcaniyeu, Río Negro, Federico busca desde el desarrollo rural y la educación, fomentar el arraigo de los pibes, y evitar que se vayan a la ciudad. Su sueño, cuenta, es que los pibes egresen de su establecimiento pudiendo montar una empresa de aplicaciones aéreas con drones, por ejemplo. Lo que busca es que los chicos se reconecten con las labores ancestrales del campo, le den una vuelta de tuerca y puedan generar ganancias con eso, convirtiendo a cada chicho en un actor económico importante de esa tierras que cada vez son más inhóspitas.

A Federico lo encontramos en la última edición de la Rural de Bariloche. Lo primero que llamó la atención del equipo periodístico de Bichos de Campo fue que en las puertas de su stand, tenía unos cajones con verduras y frutas. Hacia allí fuimos, y nos pintó una escena mucho más amplia.

“Pilca Viejo es una escuela agrotécnica que tiene cuatro años de vida. Comenzamos en 2022 con primer año y este año abrimos quinto. Es una escuela media con formación agrotécnica, que busca acercar esta modalidad a los chicos y chicas de los parajes rurales de la Línea Sur de Río Negro”, explica Federico Mutti ante los micrófonos de este medio.

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La escuela pertenece a un movimiento más grande, llamado Cruzada Patagónica, que es una organización civil sin fines de lucro creada hace 46 años, que trabaja sobre dos ejes: educación y desarrollo rural. Tiene tres escuelas agrotécnicas: una en Junín de los Andes, con más de 40 años; otra en Cholila, Chubut, con casi 20; y  la de Federico en Pilcaniyeu, Río Negro.

Sobre la educación, el director asegura: “Además del eje educativo, también trabajan en desarrollo rural, acercando tecnologías de proceso, capacitaciones, acceso al agua, energías alternativas y distintas herramientas para pobladores rurales que muchas veces no tienen esas oportunidades”.

El propósito de esta cruzada educativa, según relata Mutti, tiene que ver con el desarraigo, y la chance de evitarlo: “Cuando la Fundación se crea, lo que busca es fomentar el desarrollo integral del poblador rural patagónico y, sobre todo, el arraigo. Hace más de 40 años ya se veía el problema del desarraigo y hoy sigue pasando. La gente se va buscando oportunidades porque en el campo muchas veces no las encuentra. La idea es que, a través de la educación y el desarrollo rural, los chicos y las chicas elijan vivir en el campo. Y vivir en el campo con todo lo que eso significa”.

Mirá la entrevista completa con Federico Mutti:

“La idea es que los chicos y las chicas elijan vivir en el campo. Y vivir bien del campo”, insistió Mutti. Y para eso, la estrategia combina saberes tradicionales con nuevas herramientas tecnológicas.

“Muchos de los chicos vienen de generaciones trabajando en el campo. Nosotros muchas veces lo que hacemos es ponerle nombre a cosas que ya saben hacer desde hace años. Pero también acercamos nuevas técnicas, nuevas miradas sobre el bienestar animal o los sistemas agroecológicos”, explicó.

Incluso, la escuela empieza a trabajar sobre tecnologías que hace algunos años parecían lejanas para la Patagonia profunda. “Hablábamos con productores sobre hacer cursos de manejo de drones. Tal vez se piensa al dron para agricultura extensiva, pero acá puede servir para monitoreo de ganado, para saber dónde están los animales o cómo se mueven”, señaló el director.

La lógica de enseñanza apunta al “aprender haciendo”. Por eso, durante las jornadas escolares conviven aulas con huertas, invernáculos, producción ovina, porcinos y sectores de elaboración de conservas y dulces.

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“Tenemos distintos espacios didáctico-productivos. Hay huerta, un gran invernáculo, producción de dulces y conservas. Todo esto elaborado por los chicos junto a sus profesores”, contó Mutti mientras mostraba esos cajones llenos de verduras, papines y frascos de producción propia.

Uno de los desarrollos más importantes es un invernáculo de 600 metros cuadrados que permitió sostener producción incluso durante el verano patagónico. También avanzan sistemas de cama profunda para porcinos, pensados para reducir el consumo de agua, un recurso escaso en gran parte de la región.

Pero la escuela no funciona solamente como espacio educativo. También opera como residencia. Hoy, cerca del 60% de los estudiantes vive allí de lunes a viernes.

“El alumno que viene desde más lejos hace 200 kilómetros. Y son las familias las que hacen el esfuerzo de traerlos y buscarlos, porque al ser una escuela privada no tenemos transporte escolar”, relató Mutti. En invierno, esos caminos de ripio y nieve se vuelven todavía más complejos.

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Detrás de todo el proyecto hay una mirada regional que excede la formación individual de cada estudiante. Según contó el director, cuando la Fundación Cruzada Patagónica evaluó abrir una escuela en Río Negro, detectó dos áreas estratégicas para el desarrollo de la Línea Sur: el cooperativismo y el agroturismo.

“En la región hay muchas cooperativas laneras y agrícolas. Entonces necesitamos gente capacitada que pueda incorporarse a esos espacios y ayudarlos a crecer”, explicó.

Y el turismo aparece como otra gran oportunidad. “Estamos cerca de Bariloche y hay mucho interés por conocer cómo se produce. Poder mostrarle al turista todo el circuito, desde la siembra hasta el dulce terminado, tiene muchísimo valor”, indicó.

Para Mutti, el objetivo final no pasa solamente por enseñar técnicas productivas. La apuesta es mucho más profunda: generar condiciones para que las nuevas generaciones vuelvan a imaginar un futuro posible en el campo patagónico.

“Los chicos viven en lugares paradisíacos, en plena estepa. Entonces la idea es transformar eso también en una oportunidad económica. Que puedan decir: ‘Yo quiero vivir acá, formar mi familia acá y quedarme en este lugar’”, concluyó.

Fuente: https://bichosdecampo.com/que-es-el-desarraigo-lo-que-trata-de-combatir-con-educacion-y-desarrollo-rural-federico-mutti-desde-un-centro-educativo-de-pilcaniyeu/

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