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Sergio Quipildor produce en el hermoso valle salteño de Potrero de Linares, pero viajó y conoció otros lugares, aprendió del valor de las tecnologías y por eso reivindica la presencia del INTA

El valle de Potrero de Linares, ubicado en la localidad de La Silleta, municipio de Campo Quijano, en el departamento Rosario de Lerma, al oeste de la ciudad de Salta, es uno de los paisajes rurale...

Sergio Quipildor produce en el hermoso valle salteño de Potrero de Linares, pero viajó y conoció otros lugares, aprendió del valor de las tecnologías y por eso reivindica la presencia del INTA

El valle de Potrero de Linares, ubicado en la localidad de La Silleta, municipio de Campo Quijano, en el departamento Rosario de Lerma, al oeste de la ciudad de Salta, es uno de los paisajes rurale...

El valle de Potrero de Linares, ubicado en la localidad de La Silleta, municipio de Campo Quijano, en el departamento Rosario de Lerma, al oeste de la ciudad de Salta, es uno de los paisajes rurales que conserva la esencia productiva de la región. Para llegar, es necesario atravesar serranías y ríos hasta divisar este pintoresco valle salteño que, entre pendientes, montes y tuscales, va dando lugar a fincas y potreros donde los pobladores desarrollan la ganadería y la agricultura a pequeña escala como sustento de vida.

Sergio Quipildor, hombre criado en ese paraje, que recorrió diversas zonas de Argentina trabajando y aprendiendo, es hoy el presidente de la Asociación de Pequeños Productores Agro-ganaderos Potrero de Linares. En diálogo con Bichos de Campo, Quipildor contó la historia de esa entidad y ponderó el aporte del INTA y del ya extinto Instituto Nacional para la Agricultura Familiar (INAFCI), resultante de las políticas de motosierra. 

“El aliado más cercano que tiene la asociación en el territorio ahora son los técnicos del INTA, de la Agencia de Extensión Rural de Valle de Lerma, y del INTA Cerrillos. Es lo único que nos está quedando, porque lo demás, como ya sabemos, lo fueron cerrando. Nosotros participamos de Cambio Rural, que ya se cerró. Agricultura Familiar también nos ayudaba. Diversos programas del Ministerio de Agricultura de la Nación, todo eso fue cerrando las puertas”, lamenta.

A lo que agrega: “Por eso es que pedimos a la gestión actual que tenga consideración, que mire un poco al alrededor, que estudie cómo viene la producción del país. Los pequeños productores también aportamos, y necesitamos tener aliados, necesitamos la ayuda. Por eso es que pedimos que el INTA siga establecido, es una entidad que ayuda a mucha gente, a muchos productores del país”.

Tierra de familias originarias como la de Quipildor, quien bromea: “mi apellido lo dice todo”, renuevan arraigadas tradiciones gauchas. Allí se organizan para criar ganado bovino y ovino, para cultivar alimentos, hacer forraje, trajinar tras el agua y, cuando pueden, hacen una pausa para contemplar los bellos paisajes que tienen.También es tierra de necesidades. 

“Tenemos diferentes necesidades que todavía no se han llegado a resolver”, dice. En cuanto a lo doméstico, “una tiene que ver con el agua. Si bien es cierto que hay ríos cercanos para poder hacer una conexión y hacer una represa o un estanque, necesitamos dos o tres tanques australianos para repartir el agua a cada familia, para que no le falte agua para consumo. Además nuestras viviendas son muy primitivas, pero vamos mejorándolas de a poco”. 

Una problemática productiva de la zona, que se comparte con tantas otras regiones del país, es el tema del agua para riego y el Bache Forrajero. “Tenemos que hacer más pastura, implantar alguna variedad de grama, ya sea en parte del cerro, en las partes de la llanura. Aquí, los inviernos son muy crudos, las sequías son muy largas, y entonces hay que tecnificar la parte de forraje”, plantea.

Asimismo, Quipildor sostiene que es necesario hacer mejoras en cuanto a la genética de los animales: “Pudimos avanzar poco con esto. Se han hecho cursos de inseminación artificial y es parte de nuestro horizonte implementar esa técnica para poder mejorar. También aspiramos comprar ejemplares, no puros, pero sí otra sangre para ir mejorando la calidad de la carne”.

La base es la ganadería mayor con bovinos, pero también existe ganado menor, en pequeña escala. “Vemos la posibilidad de volver a reimplantar y mejorar los planteles de ganado menor, agrandar la crianza. Pero la necesidad principal es el ganado mayor, tener un animal que podamos comercializar con un buen precio”.

En la zona la ganadería es tradicional y se hace el ciclo completo. El animal se cría en el campo y en los cerros. No hay encierre, ni engorde. “Nosotros aspiramos a tener un corral comunitario de engorde para que el animal salga más rápido del campo. Intentamos el destete, la técnica que es la más rápida para obtener una ganancia, y aparte de descargar el campo. Con ganadería de ciclo completo el campo siempre está lleno de animales de diferentes categorías. Además del corral comunitario, queremos adquirir una balanza, y hacer un galpón para guardar forraje, como hay en otros parajes. Vamos camino a eso”, relata esperanzado. 

Muchas de las propuestas de la Asociación están vinculadas a los viajes y estancias que Quipildor realizó de joven, luego de cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, que lo confinó por más de un año en Tartagal.

“Vi el manejo de la ganadería intensiva, de la agricultura de precisión, todo lo que produce el país, las grandes extensiones de campo, las distancias. Yo aprendí en Potrero de Linares la base, el manejo de la jeringa, castración, manejo del equino, el amance, el manejo del lazo, de herramientas. Sabemos arar con bueyes, con caballos, en pequeños predios. Todo lo hacía la familia. Pero viajar me abrió la cabeza a otras formas de producir y de mejorar”, rememora.

La Asociación Agro-ganadera se inició con el impulso de algunos productores y de la Secretaría de Agricultura Familiar por el año 2012. “Dialogamos por el tema de cómo se podía conseguir mejoramiento para las familias rurales, ya sea de parte técnica, de capacitación, infraestructura”, recuerda el actual presidente.

“La asociación sale en octubre de 2018, con persona jurídica. En el primer periodo de la comisión, durante 3 años, fue de presidente el señor Santos Mercado. Luego fui elegido yo y ahora voy por un segundo período”.

La asociación está compuesta por 69 socios. “En realidad, seríamos 33 familias, de las cuales de ahí salen los socios. Y también son 33 rodeos que hay por el momento, o sea, cada familia tiene su rodeo de ganado vacuno, con un promedio, más o menos, de 20 a 25 vacas por cada rodeo”, aclara. 

Y agrega, retomando el tema del INTA, “nosotros tenemos muchas posibilidades y habilidades. Somos productores, en la misma familia tenemos constructores, hay diferentes oficios, pero nos es fundamental contar con ayuda. Los cambios de la normativa del Estado han perjudicado al pequeño productor. El INTA nos ha ayudado notablemente porque trabajábamos con capacitaciones, con la guía de los técnicos. Presentamos proyectos que no lograron financiamiento, pero lo intentamos. Fuimos invitados a ferias, hemos aprendido sobre el uso de implementos y herramientas, como ser el motocultivador, el tractor Chango.  También se trabaja especialmente con el tema de la mujer rural. Se ha trabajado con los artesanos, en la fabricación de envasado de dulces, y conformamos un grupo”. 

Concluye diciendo que con “un médico veterinario de la agencia del Valle de Lerma trabajamos desde el inicio, en todo lo referido a cría del ovino y caprino, sobre la sanidad de los animales, la alimentación, y el aprovechamiento de la lana. Elaboramos peleros, gorros, guantes, medias, fajas. Todo eso se está trabajando y capacitando. Por otra parte nos dieron capacitaciones sobre poda de frutales, sobre injerto. Trabajamos alternativas al cultivo de la frutilla, con el cultivo del ajo que nunca se había hecho. Se hizo un lote, una siembra, un ensayo que salió todo perfecto, y ya tenemos otra alternativa para para poder seguir en el campo”.

“Entonces, nuevamente, sería pedir a las autoridades nacionales que reviertan la situación del INTA. Es una entidad que ayuda mucho al pequeño productor, al mediano y al grande también. Lo que se ve en las góndolas sale de la producción del campo y en eso está el INTA. A nosotros nos interesa que quede algo para las otras generaciones, que los caminos que podamos abrir queden para ellos, que sigan y no haya desarraigo, que sigan nucleados”.

Fuente: https://bichosdecampo.com/sergio-quipildor-produce-en-el-hermoso-valle-salteno-de-potrero-de-linares-pero-viajo-y-conocio-otros-lugares-aprendio-del-valor-de-las-tecnologias-y-por-eso-reivindica-la-presencia-del-inta/

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