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Todo un “Señor Cordero”: Ignacio Rodríguez Vidal arrancó su emprendimiento ovino como un hobby pero terminó integrando con éxito a toda la cadena

La historia de Ignacio Rodríguez Vidal no arranca con una tradición familiar fuerte en la actividad ni con un plan de negocios cerrado. Empieza, como muchas en el campo argentino: con una inquiet...

Todo un “Señor Cordero”: Ignacio Rodríguez Vidal arrancó su emprendimiento ovino como un hobby pero terminó integrando con éxito a toda la cadena

La historia de Ignacio Rodríguez Vidal no arranca con una tradición familiar fuerte en la actividad ni con un plan de negocios cerrado. Empieza, como muchas en el campo argentino: con una inquiet...

La historia de Ignacio Rodríguez Vidal no arranca con una tradición familiar fuerte en la actividad ni con un plan de negocios cerrado. Empieza, como muchas en el campo argentino: con una inquietud personal, casi como un juego que después se volvió forma de vida.

“Al ir toda la vida de chiquito al campo me empezó a picar el bichito”, recuerda. Esa curiosidad inicial terminó convirtiéndose en una empresa que hoy integra genética, producción y comercialización de carne ovina, en un camino que define como de “prueba y error”.

Sus primeros pasos fueron siendo muy joven. “A los 18, 19 empecé a tener las primeras ovejas que mi papá me compró a pedido mío y primeras cabras”, contó Vidal en charla con Bichos de Campo. Lo que al principio era un pasatiempo empezó a mostrarle un potencial económico: “Empecé a criar cabras y ovejas como pasatiempo, para generar algún tipo de ingreso y después empecé a notar un nicho muy virgen”.

Ese nicho inicial fue la venta de animales en pie para faena, lo que le permitió crecer en volumen y empezar a pensar en eficiencia. Corrían los años 2005, 2006, y la inquietud lo llevó a investigar razas, productividad y adaptación. “Empezaba a averiguar razas que me permiten mejorar la conversión y la prolificidad”, dijo. Así llegó a las dos bases de su sistema productivo: la raza de ovinos Dorper y la caprina Boer.

Con el tiempo, lo que había comenzado como una majada comercial fue transformándose en algo más sofisticado. “Mientras más me metía en la investigación fui transformando lo que era la majada comercial en animales de pedigree”, explicó.

Ese proceso derivó en la consolidación de la Cabaña El Impenetrable, con fuerte foco en genética y biotecnología reproductiva. “Importamos mucha genética, hacemos inseminación artificial, transferencia de embriones, fertilización in vitro. Se volvió una pasión prácticamente”, resumió.

Pero el salto más grande llegó años después, cuando decidió avanzar sobre un terreno completamente desconocido. “En el 2017 decidí dar un paso nuevo que era la comercialización de carnes, algo que desconocía 100%”, reconoció. Así nació Señor Cordero, la marca con la que buscó cerrar el círculo productivo y capturar valor en todos los eslabones.

El contexto también jugó su parte. “Dentro de Argentina no había una marca, una empresa que se dedique a la comercialización de carne ovina”, señaló. Más allá de algunos actores ligados a grandes cadenas, detectó un espacio vacante en carnicerías, restaurantes y circuitos gastronómicos. “Encontramos un nicho interesante, desconocido absoluto”, dijo.

Hoy, casi nueve años después de aquel salto, el esquema está aceitado. La empresa produce, termina los animales, los envía a faena y luego avanza en la industrialización y distribución. “Mandamos a frigorífico, despostamos, envasamos al vacío y va a un centro de distribución en Rosario”, detalló. Desde allí abastecen a hoteles, restaurantes y carnicerías, pero también desarrollaron una línea de elaborados. “Producimos sorrentinos, hamburguesas, empanadas y chorizos de carne de cordero”, enumeró luego.

La estrategia comercial incluyó incluso salir a buscar al consumidor donde estuviera. “Tuvimos el primer food truck de ovinos de Argentina. Íbamos a ferias gastronómicas con hamburguesas, choripanes y sorrentinos”, contó, como parte de un esfuerzo por instalar el producto en grandes centros urbanos, donde el consumo es bajo pero el potencial alto.

Para Rodríguez Vidal, el negocio tiene una lógica clara: la carne ovina ocupa un lugar alternativo en la dieta argentina y su desempeño depende del poder adquisitivo. “Cuando hay un recorte en el consumo queda relegada, pero cuando se reactivan los consumos la demanda aumenta significativamente”, explicó.

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Detrás de los números y la estrategia, hay también una mirada personal sobre lo construido. Lo que empezó como curiosidad terminó siendo un proyecto integral que hoy le da sentido a su trabajo cotidiano. “Hoy ya llevamos casi nueve años de Señor Cordero, algo impensado en un momento”, admitió.

Su historia es, en definitiva, la de alguien que fue encontrando su camino sobre la marcha, aprendiendo en cada etapa y animándose a avanzar incluso sin tener certezas. Desde aquellas primeras ovejas compradas casi por capricho juvenil hasta una empresa que integra toda la cadena ovina, el recorrido muestra que en el campo todavía hay espacio para crear, innovar y construir desde cero.

Fuente: https://bichosdecampo.com/todo-un-senor-cordero-ignacio-rodriguez-vidal-arranco-su-emprendimiento-ovino-como-un-hobby-pero-termino-integrando-con-exito-a-toda-la-cadena/

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