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“Trabajamos para combatir la idea de que son humo”, dicen en la Cámara de Bioinsumos: Avisan que el mundo ya pegó el viraje hacia los biológicos y critican la legislación “incómoda” del Senasa

Desde su creación en 2017, fruto del empuje de ocho empresas del rubro, la Cámara Argentina de Bioinsumos (CABIO) mantiene vigente su misión de crear un espacio genuino que contribuya al desarro...

“Trabajamos para combatir la idea de que son humo”, dicen en la Cámara de Bioinsumos: Avisan que el mundo ya pegó el viraje hacia los biológicos y critican la legislación “incómoda” del Senasa

Desde su creación en 2017, fruto del empuje de ocho empresas del rubro, la Cámara Argentina de Bioinsumos (CABIO) mantiene vigente su misión de crear un espacio genuino que contribuya al desarro...

Desde su creación en 2017, fruto del empuje de ocho empresas del rubro, la Cámara Argentina de Bioinsumos (CABIO) mantiene vigente su misión de crear un espacio genuino que contribuya al desarrollo, la expansión, la difusión y la visibilización de este sector, que ya alcanza una facturación anual de 140 millones de dólares, y crece a una tasa que supera el 15%.

“No somos como una cámara tradicional que está enfocada en el lobby comercial. Además de lo comercial nos une la inversión en innovación y desarrollo, y ese desarrollo vinculado al sector académico. Eso viene del afán de generar normativas específicas acorde a los bioinsumos. Nos tuvimos que hacer un espacio dentro de la normativa de los agroquímicos”, señaló Jimena Sabor, titular de esa Cámara, en un encuentro con la prensa.

“Trabajamos mucho por llegar con tecnología al productor, y por combatir esta idea de que los bioinsumos son humo. Queremos darle garantías al productor, de que detrás de cada producto hay mucha tecnología y trabajo”, sostuvo a continuación.

“Todavía falta madurar el sector”: Jimena Sabor, desde la cámara sectorial, advierte que la industria de biológicos sigue en construcción

Y a casi diez años de ese comienzo, la Cámara nuclea hoy a más de 30 firmas en todo el país, manteniendo además un trabajo coordinado con los llamados “socios honorarios”, como Universidades del interior, estaciones experimentales del INTA y también el Senasa.

De todos modos, desde CABIO reconocen que todavía hay mucho por hacer, sobre todo a nivel regulatorio.

“Hoy los bioinsumos tienen su área de coordinación pero se quedaron sin norma específica. En este proceso de simplificación, las normas que habíamos logrado en 2023 quedaron directamente en junto a las normas de los químicos. Los requisitos son más o menos los mismos pero cambia la interpretación. No estamos cómodos con esta nueva norma”, afirmó Natalia Curcio, directora técnica de CABIO. En particular, la técnica hizo referencia la norma general 458/2025.

“Por eso para nosotros son importantes los socios honorarios, que son nuestro soporte técnico para dar batalla a las regulaciones en los distintos ámbitos”, sostuvo en esta línea.

-¿Esto se lo plantearon a las autoridades?- le consultamos desde Bichos de Campo.

-Sí, lo planteamos. Cuando uno simplifica muchas cosas desaparecen y hoy nos estamos volviendo a encontrar con una norma con la que no estamos cómodos. Casualmente ayer estuvimos reunidos con el Comité Asesor de Senasa, donde la mayoría de los temas son químicos. Ellos se llevan puesto todo lo demás.

-A la hora de registrar hoy un bioinsumo, ¿con qué se encuentran?

-Vos entrás al área del trámite y te encontrás con químicos y bioinsumos. Cuando vas a cumplir los requisitos, te encontras muchas cosas que tenés que revisar, si tiene antecedentes, si no tiene antecedentes. Tenés que hacer un ejercicio muy grande para encaminar los requisitos que tenés que cumplir.

-¿Pero finalmente es posible hacerlo?

-Sí, es posible.

¿Quién entiende a Senasa? En 2023 había avanzado hacia la regularización de los biopreparados artesanales y ahora retrocede diez casilleros para quedar bien con la industria de los bioinsumos

A continuación, Curcio esbozo una autocrítica: “Institucionalmente creo que algunas cosas deberían haber ocurrido para que el sector hoy esté más fuerte. Debería haberse puesto todo bajo un paraguas, debería haberse tenido una estrategia un poco más integral. Pero bueno, también hay sectores que maduran de diferente modo. Nosotros en eso sí somos ansiosos, queremos que eso ocurra, como lo vemos en otros países. Brasil tiene su ley de bioinsumos, Uruguay tiene su programa nacional de bioinsumos”.

Otro apunto a abordar es la cuestión del negocio, en donde desde la Cámara reconocen que todavía corren muy por detrás de los insumos químicos.

“Los biológicos representan 140 millones de dólares anuales, con un crecimiento a tasas por arriba del 15% anual. Brasil está al 20%. Ellos hacen 8 aplicaciones por cultivo, mientras que acá se hacen 3. En frente están los insumos químicos, que representan 7 mil millones de dólares anuales”, esbozó el agrónomo Juan Pablo Brichta.

A nivel mundial, desde la Cámara indicaron que el crecimiento del sector supera los 15 mil millones de dólares anuales, “más del doble que los insumos químicos tradicionales”. A esto se suma una proyección de crecimiento al 2030 de entre 25 y 32 mil millones. “El mercado ya tomó una decisión: la biología es el futuro, pero solo si puede convertirse en industria”, destacaron.

En cuanto al portfolio de productos en el sector, Brichta señaló que, a diferencia de lo que ocurre en otros países, en Argentina la delantera la tienen los fertilizantes biológicos.

“Son el 60%. Ahí entran los inoculantes de soja, a los que conocemos desde los 80’. En los 200 empezaron a aparecer otros productos como los promotores de crecimiento, y se empezó a extender su uso en trigo, maíz, y en algún caso a girasol. Ahí el sector empezó a crecer de a poco. Luego aparecieron los biofertilizantes y los bioinsecticidas”, detalló.

La gran pregunta que queda es por la situación de los bioherbicidas, los grandes ausentes de este porfolio.

“Son caros, pocos y carecen de selectividad. Pero su eficiencia está probada”, dijo sin pelos en la lengua Carlos Silvestre, vicepresidente de CABIO.

Los químicos lo que tienen es básicamente un adjetivo: son versátiles. Un químico es versátil, un biológico es terapéutico. Y después tenemos que hablar de otra serie de inconvenientes, por ejemplo las condiciones de conservación, las condiciones logísticas, que hoy por hoy estamos en una posición desventajosa frente a los químicos. La parte de huella de carbono sigue delante. En algunas cosas es más sencillo y en otras no es fácil para esta industria”, confesó luego Silvestre.

Esta es en gran medida la razón por la que desde el sector están prontos a lanzar, en colaboración con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), un manual que sirva para acercar información a productores, asesores y universidades sobre los bionsumos.

Y demostrándo lo poco que todavía se conoce a estos insumos, Brichta tomó de ejemplo a la coyuntura actual y se refirió a la campaña triguera.

“Hoy tenés a la urea en 900 dólares para el productor. Estamos hablando de que tiene que gastar entre 5 y 7 quintales de trigo para fertilizar, mientras que con un biológico hablamos de medio a un quintal y medio. ¿Por qué no se hace? Porque hay que salir de la caja, del área de confort”, afirmó.

Fuente: https://bichosdecampo.com/trabajamos-para-combatir-la-idea-de-que-son-humo-dicen-en-la-camara-de-bioinsumos-avisan-que-el-mundo-ya-pego-el-viraje-hacia-los-biologicos-y-critican-la-legislacion-incomoda/

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