
Un productor le pone números a la grave crisis de la mandarina: El precio de la fruta no llega ni a pagar el costo de cosecha y “hay quintas que se es están abandonando”
Los consumidores, con bolsillos flacos por la crisis, pueden aprovechar este invierno el consumo a bajos precios de las mandarinas, una fruta riquísima y fuente de vitamina C, necesaria para comba...
Los consumidores, con bolsillos flacos por la crisis, pueden aprovechar este invierno el consumo a bajos precios de las mandarinas, una fruta riquísima y fuente de vitamina C, necesaria para combatir los resfríos y gripes. En algunas cadenas de supermercados se consigue esta fruta de estación en oferta a 799 pesos por kilo.
Esa “buena noticia” en una punta de la cadena esconde lo que pasa en la otra: la crisis profunda de los productores que se van del sistema por falta de rentabilidad, lo que sucede hace muchos años.
En el otro extremo de la cadena, el productor apenas recibe una fracción de ese valor y atraviesa una de las peores crisis que recuerde la citricultura. En Entre Ríos, uno de los principales polos productivos del país, los números ya no cierran y muchos pequeños productores empiezan a pensar en abandonar la actividad.
“Si nosotros cobráramos el 20% de lo que se paga un kilo de mandarinas en el supermercado seríamos ricos”, resumió con crudeza Víctor Hugo Pezzellato, productor citrícola de Colonia La Argentina, en el departamento Federación. Según explicó, hoy un kilo de fruta se paga en la chacra entre 50 y 80 pesos, dependiendo de la variedad y la calidad, muy lejos de los costos de producción.
“La realidad es que hoy un bin de fruta de unos 350 kilos vale entre 25.000 y 60.000 pesos. Una mandarina de buena calidad puede llegar a 70 u 80 pesos por kilo, pero el resto de las variedades ronda los 50 o 55 pesos. Y la venta está muy lenta, muy quieta”, describió.
Luego agregó: “No cubrimos el costo de producción ni el gasto comercial”. Según explicó Pezzellato, producir un kilo de mandarinas cuesta entre 110 y 120 pesos, más del doble de lo que recibe el productor.
“Para producir un bin de buena calidad tenés que hablar de entre 110.000 y 130.000 pesos de costo. Después vendés una variedad Dancy en 25.000 o 30.000 pesos si tiene buen tamaño. No hay forma de cerrar los números”, lamentó.
La alternativa de destinar la fruta a la industria tampoco aparece como una solución. Los precios que pagan las fábricas de jugos son todavía más bajos y además la demanda internacional atraviesa un momento muy débil.
“La industria anda peor todavía. Hablan de 20.000 pesos por bin puesto arriba del camión, cuando solamente cosechar cuesta entre 14.000 y 15.000 pesos. La gente la está sacando de la planta para que no quede arriba”, explicó.
Pezzellato señaló que la industria tampoco logra recomponer márgenes porque el mercado mundial de jugos permanece deprimido. “La tonelada de jugo de mandarina se está vendiendo a 1.700 dólares, que son valores del 2016 o 2017, pero con los costos de hoy. La naranja ronda entre 1.950 y 2.100 dólares por tonelada y tampoco hay una demanda internacional que permita mejorar los precios”, sostuvo.
A este escenario se suma una exportación prácticamente paralizada. Según comentó, Argentina perdió competitividad frente a otros países, especialmente Sudáfrica y Brasil. “Se está exportando muy poco. Solamente la fruta de muy buen tamaño. No podemos competir con otros países. Mucha gente está trabajando prácticamente a pérdida”, aseguró.
El problema trasciende el resultado económico del año. La fruta que no se cosecha queda en las plantas, generando problemas sanitarios y comprometiendo la próxima campaña.
“Las variedades que la industria ya no recibe siguen arriba de las plantas. Eso termina siendo un problema fitosanitario porque después aparecen mosca de los frutos y otras plagas. Además no podés hacer las labores que corresponden y la planta se deteriora para el año siguiente”, explicó.
El productor advirtió que la falta de rentabilidad ya está obligando a muchos establecimientos a reducir al mínimo las tareas de manejo.
“Estamos a dos o tres meses de la floración y la pregunta es con qué vamos a producir el año que viene. Venimos de dos o tres años muy malos, la gente ya se comió los ahorros y se está descapitalizando para seguir produciendo”, señaló.
Las consecuencias empiezan a verse en el mapa productivo. “Ya hay quintas que se van a abandonar. Eso termina concentrando la producción en manos de empresas más grandes y el productor chico desaparece”, alertó.
En la región de Federación predominan precisamente esos establecimientos familiares. “El 70% de los productores tiene menos de 15 hectáreas y vive únicamente de esto. Para ellos se hace muy cuesta arriba mantener la producción. Este año lo veo más difícil que nunca porque no hay ninguna perspectiva de que los precios mejoren de acá a fin de año”, afirmó.
El impacto, remarcó, no queda puertas adentro de las quintas sino que alcanza a toda la economía regional. “Se nota muchísimo el parate en las ciudades que viven de la citricultura. Si el productor no tiene plata, el cosechador no trabaja, el camionero no viaja, el comerciante no vende. Es una cadena. Cuando la producción no se mueve, se nota y se nota mucho”, concluyó.