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Desde su empaque de naranjas y mandarinas en Federación, Darío “Negusi” Toller explica con claridad por qué cruje esta economía regional: “Nunca ocurrió que los tres negocios de la citricultura estuvieran en crisis al mismo tiempo”

En 2019, Bichos de Campo visitó en Federación, Entre Ríos, a los Hermanos Toller, una pujante...

Desde su empaque de naranjas y mandarinas en Federación, Darío “Negusi” Toller explica con claridad por qué cruje esta economía regional: “Nunca ocurrió que los tres negocios de la citricultura estuvieran en crisis al mismo tiempo”

En 2019, Bichos de Campo visitó en Federación, Entre Ríos, a los Hermanos Toller, una pujante...

En 2019, Bichos de Campo visitó en Federación, Entre Ríos, a los Hermanos Toller, una pujante empresa familiar de esas que trabajan tanto que no les queda más remedio que crecer. De hecho, por entonces la firma acababa de dar un paso importante y comenzaba a exportar sus cítricos a la Unión Europea. Por ese entonces, veía en los mercados externos el camino lógico para seguir creciendo.

Seis años después volvimos. La empresa efectivamente creció, amplió su estructura y llegó a colocar hasta 3.000 toneladas de mandarinas en el exterior durante una de sus mejores temporadas. Pero ahora sucede algo que en aquel momento resultaba difícil imaginar: pese a todo lo invertido y aprendido, exporta mucho menos que antes y volvió a recostarse en el mercado interno.

“Hoy estamos sufriendo un poco el problema de las empresas que estamos en el negocio de la exportación. Con los costos altos, nuestra empresa ha bajado mucho los niveles de exportación”, contó Darío Toller, al que todos en Federación conocen por su apodo “Negusi”.

No es, por cierto, un problema exclusivo de esta pyme entrerriana. Según explicó el productor y empacador, los embarques de cítricos dulces argentinos vienen perdiendo volumen frente a competidores que lograron crecer con fuerza, como Perú y especialmente Sudáfrica.

Esa dificultad para exportar sería algo más llevadera si los productores locales pudieran refugiarse en los otros destinos que tienen para su fruta: el mercado interno y la industria juguera. Pero allí aparece la particularidad de esta temporada citrícola, que todos en el Litoral califican como “crítica”. Según Toller, por primera vez los tres grandes negocios de la citricultura están atravesando dificultades simultáneamente.

Mirá la entrevista:

“Nunca ocurrió eso. Siempre hemos tenido años difíciles o años malos, pero este año se presentan los tres negocios” complicados, explicó el pujante emprendedor, que en su empaque trabaja solo con la fruta de producción propia que obtienen de unas 600 hectáreas implantadas, dos terceras partes alquiladas.

Esta explicación es importante para entender por qué la economía regional de cítricos dulces se declaró en crisis este año, con todo lo que ellos implica, sobre todo en el sostenimiento de miles de puestos de trabajo.

El primer mercado que ingresó en crisis  es el mercado interno, que absorbe la fruta fresca. Allí, según Toller, se siente de lleno la caída del consumo. “A la gente no le están alcanzando los sueldos y, como nosotros no vendemos un producto de primera necesidad, es prácticamente un postre, entonces se nota la caída del consumo”, afirmó.

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El segundo negocio es precisamente aquel por el que los Toller habían apostado cuando Bichos de Campo los conoció: la exportación. En aquel momento, la empresa consiguió desarrollar clientes y demostrar que podía colocar sus mandarinas en distintos destinos. El problema actual, sostuvo el productor, no está en la calidad de la fruta sino en los costos argentinos.

“Somos carísimos”, resumió.

Toller puso un ejemplo. Una caja de fruta para exportación puede tener un valor internacional cercano a los 10 dólares, pero esa suma no deja el mismo resultado para un productor argentino que para uno de sus competidores regionales. “Esos 10 dólares no nos rinden como le rinden a Perú. No nos rinden como a los otros países”, sostuvo, en una referencia elíptica al atraso del tipo de cambio.

La consecuencia se observa en los volúmenes. “Lo venimos viendo año a año, cómo venimos cayendo con los volúmenes de exportación. La verdad que nos preocupa como empresa y como zona”, señaló Negusi.

Entre los factores que encarecieron la actividad enumeró las tarifas eléctricas, los combustibles y el costo laboral. La citricultura requiere una enorme cantidad de trabajo manual y, por lo tanto, cualquier incremento en ese rubro impacta con fuerza sobre la fruta terminada.

Eso no quiere decir demasiado, sino que expone una distorsión. “Tenemos los salarios más caros en dólares de la región, pero tampoco a quienes les pagamos nosotros, a nuestros empleados, les alcanza para vivir. Entonces algo está pasando ahí”, razonó Toller, quien puso especialmente el foco sobre las cargas sociales.

El tercer negocio que dejó de funcionar como refugio es la industria de jugos. Allí ocurrió un fenómeno diferente. Dos años atrás, recordó Toller, una escasez mundial había llevado las cotizaciones del jugo a valores extraordinariamente altos. Pero los compradores no terminaron de convalidarlos y comenzaron a sustituir naranja por otras alternativas. “Se tiraron a otros jugos: jugo de guayaba, jugo de mango, otros jugos, y dejaron de consumir el jugo de naranja”, explicó.

Ahora, con precios nuevamente bajos, recuperar aquella demanda perdida no resulta sencillo. Según Toller, las industrias jugueras de la región tienen producto que les cuesta colocar.

A ese combo se sumó esta campaña una producción abundante. Mucha fruta se encontró entonces con un consumo interno retraído, una industria menos demandante y una exportación que perdió competitividad.

 

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Para Toller, allí está la explicación de una crisis que puede observarse con solo recorrer las quintas de Federación o del sur de Corrientes.

De todos modos, y por eso nos encanta su testimonio, el empresario del citrus no exageró: habló de crisis pero aclaró que todavía no necesariamente implica una catástrofe definitiva.

El problema sería que la situación se prolongue. “Si nosotros tuviéramos el próximo año una situación como esta, yo creo que entrarían muchas empresas en crisis”, indicó con claridad.

La esperanza del productor es que una menor cosecha durante la próxima campaña permita recomponer precios. Pero también considera indispensable recuperar la exportación, porque sacar fruta del país no beneficia solamente a quienes tienen capacidad para vender directamente al exterior.

Su empresa es un buen ejemplo: con solo 600 hectáreas, tiene 40 empleados en relación de dependencia y durante la cosecha contrata alrededor de otras 100 personas. “Es una actividad que demanda mucha mano de obra intensiva. Las economías regionales son el sustento de todos los pueblos del interior”, destacó.

Para dimensionarlo hizo una comparación: mientras 600 hectáreas de agricultura extensiva pueden ser atendidas por una o dos personas, una superficie semejante de cítricos requiere más de un centenar de trabajadores. Por eso considera que recuperar mercados externos tendría un efecto que excedería largamente a los exportadores.

“Si nosotros pudiéramos sacar un 30% de lo que producimos y posicionarlo en el mercado exterior, todo el mercado interno andaría mucho mejor. Todos los otros productores que son más chicos, que tienen otra estructura de venta, andarían mucho mejor”, explicó. Exportar permitiría, en otras palabras, sacar presión sobre una plaza doméstica que este año quedó abarrotada de fruta.

Fuente: https://bichosdecampo.com/desde-su-empaque-de-naranjas-y-mandarinas-en-federacion-dario-negusi-toller-explica-con-claridad-por-que-cruje-esta-economia-regional-nunca-ocurrio-que-los-tres-negocios-de-la-citricult/

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