
El increíble mundo de los nemátodos del tomate: Corteva lanzó una nueva molécula y nosotros aprendimos que la horticultura tiene los mismos desafíos que la agriculltura extensiva
La cita no era en Pergamino ni en Rosario sino en un hotel ubicado estratégicamente muy cerca del poderoso cinturón hortícola de La Plata, el que le da de comer verduras a la mayor parte del AMB...
La cita no era en Pergamino ni en Rosario sino en un hotel ubicado estratégicamente muy cerca del poderoso cinturón hortícola de La Plata, el que le da de comer verduras a la mayor parte del AMBA. El tema de conversación no eran los granos y sus plagas sino la más popular de las verduras, el tomate, y su amenaza más invisible, los nematodos. Los productores habían llegado de todas los cinturones verdes del país: de Mendoza, de Córdoba, de Mar del Plata. Quién los había convocado era la empresa Corteva, que tenía una novedad para contarles.
Tanto la agenda de las multinacionales del agro como la de los medios que -como Bichos de Campo– cubren la información del sector usualmente están enfocadas en la producción de cereales y oleaginosas. Por eso llamó la atención que una escenografía común en los lanzamientos de nuevas tecnologías agrícolas se produjera en el cordón hortícola platense y tuviera como protagonista excluyente el tomate. Pero esa así y reflejaba y una fuerte apuesta de Corteva también en el rubro de Frutas y Verduras. Por eso había un centenar de los más avezados productores muy atentos a los anuncios.
Lo que lanzó Corteva este jueves en la Argentina, casi en simultáneo con Chile y un año después que en México, es un nematicida totalmente novedoso, porque se basa en un nuevo principio activo que demandó casi 12 años de investigaciones y desarrollo. Lo mismo que con la soja o el maíz, pero con el tomate. Para nosotros fue toda una novedad y lo mismo pasó con los horticultores, que prestaron atención durante casi tres horas a las charlas técnicas sobre este nuevo insumo.
Para Bichos de Campo, lo confesamos, fue todo sobre un aprendizaje: un descenso al increíble mundo oculto de los nematodos. Y el descubrimiento de que para e mundo hortícola los desafíos son muy semejantes a los de la agricultura extensiva. Quizás incluso más intensos.
Primero responder qué son los nematodos.
Son gusanos redondos y alargados, la mayoría de ellos de tamaño microscópicos e invisibles a la vista, que pululan en el suelo y el agua. Dice una página específica de la Universidad de California que “se han encontrado nematodos en todos los continentes y habitan en desiertos, pantanos, océanos, zonas tropicales y hasta en la Antártida”. Agrega que “aunque se estima que existen millones de especies, solo se han nombrado unos pocos miles”.
Pero la clave para vincular estos gusanitos invisibles con los tomates es que “la mayoría de los nematodos se alimentan de bacterias, hongos u otros organismos microscópicos. Por ello, constituyen un componente fundamental de los ecosistemas del suelo y los sedimentos”.
El primer aprendizaje, entonces, es que para la producción hay nematodos buenos y nematodos malos.
Entre los malos, por ejemplo, aprendimos que hay uno llamado “Nacobbus aberrans”, que como su nombre indica es aberrante para la planta del tomate. En la zona de La Plata hace estragos ya que “es muy agresivo”, según contó el agrónomo Mariano Di Miro, que desde 2013 viene realizando ensayos con el nuevo producto para combatirlo. Pero no es el único. En definitiva, los suelos dedicados a cultivos hortícolas están repletos de ellos.
¿Cómo actúan los nematodos? En el caso de los que son agresivos con la planta del tomate, y de otras verduras como la berenjena o el pimiento, esos microscópicos gusanitos van penetrando en las raíces, y no solo las debilitan sino que además pueden introducir en ellas otras bacterias o enfermedades. En el caso del tomate, el daño se cuenta en “agallas”. Estas agallas son como pequeños bultos o nudos en las raíces, que bloquean el paso de agua y los nutrientes. Esto lógicamente debilita la planta. Hay marchitamiento y un bajo crecimiento. Cae la producción.
Para los productores no hay nada nuevo hasta aquí: los nematodos son una amenaza constante y desde hace años existen tratamientos para enfrentarlos bajo tierra. Pero la mayoría de ellos, según el relato de los técnicos, ya no tiene los efectos buscados y han perdido eficacia; los productores así se ven obligados a repetir las aplicaciones, con costos crecientes y a veces insoportables dentro de su ecuación económica. Esto tiene que ver con un problema universal de la agricultura (o de la Naturaleza, mejor dicho) que es la creciente resistencia a los diferentes principios activos lanzados por la química.
Con la mirada de los consumidores cada vez más atenta, especialmente en alimentos como el tomate que se comen frescos, el líder de frutas y vegetales de Corteva, Sebastián Spaccesi, comentó que en al horticultura, tal como sucede con la agricultura extensiva, un gran problema es que se viene achicando demasiado rápido “la caja de herramientas” con que contaba el productor para enfrentar insectos, malezas, hongos y también nematodos.
Los datos que aportó el ejecutivo sobre este achicamiento son elocuentes. En los años 80 la industria de agroquímicos aportaba cuatro veces nuevos descubrimientos que ahora, y eso a pesar de que las empresas del sector invierten 4 millones de dólares por día en investigación y desarrollo. Pero lograr nuevos principios activos se ha hecho cuesta arriba, y a eso se suman larguísimos plazos para lograr su “desregulación” por parte de los gobiernos. En la Argentina esa realidad también se nota mucho: En el Senasa se han aprobado 7.300 registros de insumos agrícolas, pero responden a solo 400 ingredientes activos, y la mayoría de ellos ya han generado resistencia. Desde 2010 se han registrado solamente 20 nuevas moléculas.
Como en la agricultura extensiva, en la horticultura también la búsqueda para zafar de esta encerrona se está buscando intensamente en la incorporación de productos biológicos, mucho más amigables con el ambiente y sobre todo con la microbiota, es decir con la población de microorganismos que dan vida a los suelos, incluyendo a los nematodos. En este giro están también las grandes compañías: Corteva, sin ir más lejos, se integró hace unos años con Stoller, una de las líderes en ese nuevo sendero de enriquecer la biología de los suelos para que crezcan allí plantas más sanas y vigorosas.
“Hay que integrar biología con agronomía. Esta es la única manera de dar otro salto en producción”, enfatizó el experto chileno Javier Solar, hablando sobre las líneas que guían el futuro de las investigaciones para recuperar herramientas a favor del productor. No solo el del granos, también el de tomates.
Pero mientras tanto los nematodos “malos” se hacen una fiesta.
Es en este contexto que puede entenderse la expectativa que provocó en la comunidad tomatera este lanzamiento de Corteva: se trata de una nueva molécula surgida de la química que permite controlar los nematodos que atacan el tomate pero a la vez tienen un impacto muy reducido sobre otras poblaciones de microorganismos benéficos. La sanjuanina Magalí Tores mostró un montón de ensayos realizados en Chile que lo confirman. Y resumió todo este acierto con una frase: dijo que el nuevo nematicida tiene la eficacia de un químico con las virtudes de un orgánico.
“Los nematicidas que están en el mercado encuentran límites. Muchos productos han perdido sensibilidad”, explicó la agrónoma de Corteva, mostrando casos de resistencia concreta de los gusanitos a los principios activos presentes en el mercado. La solución de incrementar las aplicaciones tampoco ya es viable, por el daño que se provoca sobre las poblaciones de microorganismos benéficos que pueblan los suelos y el altísimo costo económico. Es lo mismo que sucede con las malezas frente a herbicidas muy populares como el glifosato: hay resistencia, ya no funcionan como antes.
En definitiva el nuevo principio activo de Corteva, llamado Salibro, viene a oxigenar esa pelea. Se trata de un nematicida formulado a partir del principio activo Reklemel, que actúa por contacto sobre nematodos fitoparásitos, protegiendo las raíces y respetando los organismos benéficos del suelo. ¿Cómo actúa? Entre 24 y 48 horas después de aplicado los pequeñísimos gusanitos quedan paralizados y no pueden prosperar en sus ataques a las raíces del tomate, que así no sufren de las temibles agallas.
Lo novedoso es que este novedoso insumo no se fumiga como otros sino que se aplica mediante el riego, a razón de 1,5 a 2 litros por hectárea, de modo de penetrar bien en los suelos. Para evitar que pierda eficacia rápidamente, los técnicos de Corteva enfatizaron que no debe aplicarse más de dos veces por año, justamente para evitar la aparición de resistencias. Puede aplicarse antes o después del trasplante y hasta un día antes de la cosecha, pero nunca más de esas dos ocasiones.
Pero el dato saliente es que “además de su acción sobre los nematodos fitoparásitos, Salibro presenta un perfil de selectividad que permite preservar organismos benéficos del suelo, como hongos, bacterias y nematodos de vida libre. De esta manera, se integra a programas de manejo integrado y contribuye a un equilibrio saludable del suelo”, según dice la gacetilla de prensa.
En otras palabras, la química conviviviendo con la biología. Porque en esa transición estamos todos.