
En el pozo con Lucila Álvarez, una mujer de cuchillo llevar: La agrónoma pampeana nos enseñó qué cosas se deben observar para hacer un diagnóstico certero de la salud de los suelos
Lucila Álvarez es una orgullosa ingeniera agrónoma recibida en la Universidad Nacional de La Pampa. Ella nació allí, y allí permanece, haciendo algo que le gusta y que supo que iba a ocupar su...
Lucila Álvarez es una orgullosa ingeniera agrónoma recibida en la Universidad Nacional de La Pampa. Ella nació allí, y allí permanece, haciendo algo que le gusta y que supo que iba a ocupar su tarea profesional desde aquellos días de facultad: cuidar el suelo. Para eso, sus principales herramientas son el conocimiento adquirido, una pala para cavar un pozo y un pequeño cuchillo que lleva a todos lados.
Pero también se apoya en la convicción de que está haciendo algo necesario. Deberíamos haber sospechado cuando la encontramos hace unas semanas dentro de una calicata en un campo de Catriló, escarbando las distintas capas de suelo con su pequeño cuchillo, que era la misma Lucila que en 2020, recién recibida, envió una nota a Bichos de Campo advirtiendo sobre un tema que a ella la atormentaba y que a la mayoría nos pasa desapercibido: En la Argentina, por manejos errados de los productores, muchas veces forzados por las malas condiciones económicas que ofrece el negocio, se degrada cada año una superficie equivalente a Costa Rica.
-Evidentemente en algún momento te empezó a obsesionar el tema de suelos. ¿Cuándo fue? ¿Te acordás?
-Me gusta la agronomía en general. Pero ya cuando me recibí empecé un doctorado trabajando en lo que es fertilidad fosforada en el suelo y ahí ya me quedé, me gustó y me quedé en la cátedra.
-¿Y por qué sentís que es importante cuidar los suelos?
-Cuidar el suelo es fundamental, es la base de todo. La mayoría de los servicios ecosistémicos nos lo brinda el suelo. No solamente la provisión de alimentos o de fibras o materiales, sino asociado a la regulación de inundaciones, por ejemplo, o a la mitigación del cambio climático a través de la captura de carbono de la atmósfera. Nos provee también productos medicinales. También nos gusta ver un paisaje lindo, y todo eso está sustentado por el suelo.
-Nosotros los argentinos vivimos del suelo, por las divisas que generan las cosechas. Pero si los suelos están degradados, la agricultura va a dejar de ser productiva y no vamos a tener los dólares para nuestra economía. Finalmente, todo depende del suelo.
-Totalmente. Antes había como una idea de que más productividad iba en contra del cuidado del suelo, y hoy sabemos que más productividad, más biomasa, cultivos que estén mejor, y tener más cantidad de cultivos durante el año, va a ir favoreciendo también la calidad del suelo. Así que va va todo de la mano.
Mirá la entrevista completa con Lucila:
A Lucila, como dijimos, la encontramos dentro de una calicata en un campo sembrado con girasol, haciendo lo que más le gusta hacer: una verificación visual de las condiciones de ese suelo. Ella forma parte de la consultora AGSUS, fundada por varios docentes especializados en este tema y que está trabajando fuerte en una nueva tendencia de la agricultura local hacia la certificación de la salud de los suelos, mediante ciertos análisis y recomendaciones para que los productores puedan desplegar un plan agronómico que permite regenerar los campos degradados o conservar los que continúan manteniendo un buen estado.
Por eso es una mujer de cuchillo llevar. Lo utiliza como herramienta para ir pinchando los suelos que le toca analizar. Parece lastimarlos cuando en realidad está cuidándolos.
Aprovechamos el encuentro para que nos enseñe cómo se diagnostica si un suelo está sano o degradado.
“En los suelos encontramos de todo. La mayoría está como en una condición moderada, pero encontramos algunos suelos más degradados. También nos sorprende encontrar muchos productores que cuidan el suelo porque piensan en el suelo que le van a dejar a sus hijos”, se ilusiona la investigadora.
-¿Y cómo es el trabajo de verificar un suelo? ¿Hacen esta calicata en cada uno de los campos donde van?
-Esta calicata es una exageración. Hacemos algo más chico. Pero muchas veces se toman solamente las muestras del suelo, las mandamos al laboratorio, tenemos el análisis, el dato químico, y nos olvidamos de mirar cómo está el suelo. Y eso es un error, porque a veces encontramos un determinado contenido de fósforo, pero después cuando la planta quiere ir a buscarlo, se encuentra con una compactación, por ejemplo, y no puede acceder a ese recurso.
Por eso en AGSUS insisten en hacer pozos un poco más profundos para ver también las condiciones físicas de cada campo, en busca de compactación y otras posibles problemáticas.
Con el fenómenos de la compactación, explica Lucila, “se pierde poros, generalmente los más grandes. Y esto afecta la entrada de agua. Y hace que a las raíces les cueste penetrar y les cueste ir a buscar esos recursos, como el agua o los nutrientes poco móviles, como el fósforo.
-Entonces, ustedes además del análisis químico, vienen al lugar y hacen este tipo de pozos para ver justamente el estado del suelo…
–Nos parece fundamental. Siempre decimos que el suelo habla, que nos cuenta cosas, que tenemos que observar colores, formas… Sentir el suelo.
-¿Y qué te dicen los colores?
-Los colores nos dicen mucho. Acá, por ejemplo, encontramos siempre en los primeros centímetros un color más oscuro producto de la acumulación de materia orgánica. Entonces, sabemos que si el suelo está más claro, por ahí está degradado. Acá estamos en un ambiente que tiene influencia de una napa freática. Si buscamos un poquito más abajo, el indicador asociado al color nos deja un suelo que ha estado anegado por mucho tiempo, por ejemplo con influencia de la napa freática.
“Y así empezamos a mirar todas esas cosas en el suelo, el suelo nos va contando qué proceso sufrió o qué procesos está atravesando, y eso nos sirve para decir está pasando esto. Y definir qué hacemos con las prácticas de manejo. ¿Cómo seguimos?”
El campo que está revisando Lucila cuando hacemos esta entrevista viene de buenas prácticas agrícolas desde hace varios años, con lo cual los problemas no son tan evidentes: algo de compactación quizás, la napa demasiado cerca. Para remediarlo la agronomía tiene respuestas, y por eso después del girasol se iba a destinar ese mismo lote a un cultivo de cobertura bien fertilizado, para que eche raíces que luego permitirán una mejor penetración del agua. “Sobre todo cuando son gramíneas, contribuyen mucho a empezar a mejorar estos problemas de compactación”, nos dice la agrónoma.
-¿Y cómo se nota la compactación? ¿También visualmente?
-Podemos sentirlo. Nosotros vamos siempre metiendo el cuchillo y vamos sintiendo qué resistencia nos ofrece el suelo. Y después podemos también ver cómo vienen creciendo las raíces. A veces nos encontramos con una planta que viene creciendo la raíz para abajo, llega a los 15, 20 centímetros y empieza a crecer lateralmente. Eso indica que esa raíz encontró con algo, no pudo seguir creciendo, entonces empieza a crecer por donde puede, para los costados.
En AGSUS tienen una lista de indicadores visuales para diagnosticar un suelo, no se quedan solo con la compactación. En un análisis completo, incluyen ítems como estructura, textura, porosidad, color, moteados, macrofauna…
-¿Me imagino que esto tiene que ver con si encontrás insectos o no?
-Sí, lombrices, más que nada, que son constructores de la estructura del suelo
-¿Y profundidad potencial qué quiere decir?
-Profundidad potencial está asociado a si las raíces también se encuentran con alguna limitación, no por la compactación que se mide aparte, sino por ejemplo con una napa o -más en la zona de Santa Rosa- con la tosca. A veces la tosca está hasta 30 o 40 centímetros. Entonces, la planta se encuentra con una maceta de 40 centímetros para explorar solamente y para almacenar agua. Pero tal vez, dentro del mismo lote, tenemos un suelo más profundo de 80 centímetros o 1 metro. Ahí la raíz va a poder explorar mucho más y ese suelo va a poder acumular mucha más agua para el cultivo.
Otra de las cosas que visualmente buscan los agrónomos de esta consultora especializada es el encharcamiento de cada campo, aunque eso sin necesidad de recurrir al cuchillo. “El encharcamiento es más como un fenómeno de superficie. Primero hay que ver en qué lugar estamos parados, si estamos en un bajo es más probable encontrar encharcamiento, si estamos en una loma no, pero ahí nos detenemos más en cuestiones de erosión hídrica en todo caso y no tanto de encharcamiento. Está muy asociado también con la formación de costra. Cuando se forma costra arriba afecta la captación del agua de lluvia.
-¿Y por qué se forma la costra?
-La costra se forma más que nada porque el suelo tiene poca estabilidad estructural. Entonces, por ejemplo, caen las gotas de lluvia y estos agregaditos son muy débiles, no toleran esa presión, se rompen, y eso hace que las partículas se distribuyan de manera tal que quedan las partículas más finitas arriba, con poca porosidad. Entonces, cuando llueve y quiere entrar el agua, se encuentra con eso, le cuesta entrar, tarda más y se produce el encharcamiento. Y si hay pendiente, ese agua no queda encharcada, sino que empieza a correr y empieza a generar otro de los indicadores que tenemos, que es la erosión.
-¿Hay recetas para resolver todas estas problemáticas desde la agronomía?
-Sí, la la respuesta en general siempre es que el suelo tenga raíces la mayor parte del año, o todo el año de ser posible. Mientras haya raíces el suelo va a estar vivo, las raíces van a contribuir a secuestrar el carbono. La mayor parte del carbono que entra al suelo es por las raíces, más que por la biomasa aérea. Y las raíces son las que van a ir generando esos bioporos, que es por donde también después va a poder circular el agua. Así que la respuesta rápida y general es que haya raíces en el suelo.
En esta escuela pampeana de ingenieros preocupados y ocupados por la salud del suelo no son dogmáticos para nada. Y dependiendo de la magnitud del problema que encuentran en cada campo, a veces encaran la solución con cultivos de cobertura (para generar raíces) y otras veces “no queda otra que meter algún implemento como puede ser un cincel”.
-Sos una profesional que combina lo que estudió, lo que le gusta y lo que le preocupa. Poca gente tiene este privilegio de trabajar en ess condiciones. ¿Sufriste alguna vez por algún suelo? ¿Lloraste por el estado de algún suelo? ¿Te conmovió?
-Nos pasa, sí. Pero a mí me pasa más que me pongo contenta cuando llega a un suelo y metes la pala, y la pala entra fácil, y ves esa estructura, esos agregaditos chiquitos, una buena estructura, nos encontramos alguna lombriz. Nos pone contentos encontrarnos con un buen suelo.