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Su padre cura decidió crear pueblos en El Impenetrable y ellos ahora siembran trabajo y desarrollo en Formosa: La historia de los hermanos Soneira, los productores que apuestan por un territorio agrícola todavía inexplorado

Desde el norte argentino, entre el Chaco, Santiago del Estero y ahora también en Formosa, Diego Soneira se convirtió en protagonista del inicio simbólico de la cosecha gruesa al enviar el primer...

Su padre cura decidió crear pueblos en El Impenetrable y ellos ahora siembran trabajo y desarrollo en Formosa: La historia de los hermanos Soneira, los productores que apuestan por un territorio agrícola todavía inexplorado

Desde el norte argentino, entre el Chaco, Santiago del Estero y ahora también en Formosa, Diego Soneira se convirtió en protagonista del inicio simbólico de la cosecha gruesa al enviar el primer...

Desde el norte argentino, entre el Chaco, Santiago del Estero y ahora también en Formosa, Diego Soneira se convirtió en protagonista del inicio simbólico de la cosecha gruesa al enviar el primer lote de soja al tradicional remate de la Bolsa de Comercio de Rosario, realizado la semana pasada.

Ingeniero agrónomo, con una trayectoria que combina asesoramiento técnico y producción propia, hoy desarrolla junto a su hermano la empresa Santa Cecilia en una de las regiones más desafiantes y menos exploradas de la agricultura extensiva.

“Yo soy ingeniero hace seis años, me desarrollé en Chaco y en Santiago, y hace unos cinco años empezamos a trabajar en Formosa”, contó Diego a Bichos de Campo. La decisión de desembarcar allí tuvo más de intuición que de certezas: “La conocíamos, pero vimos que había poco desarrollo agrícola, así que nos pareció una oportunidad, con todas las complicaciones que eso significa”. Y no tardaron en confirmarlo: “Es muy distinta a las zonas que ya conocemos. Lo que creíamos que estaba sabido es empezar de vuelta”.

En Formosa trabajan en la zona de Subteniente Perín, cerca de Ibarreta, en el centro-sur de la provincia, una región atravesada por la ruta 81. Allí se enfrentan a condiciones muy particulares: “Tiene un período libre de heladas muy largo y precipitaciones que pueden ir de 700 a 1.200 milímetros según la ubicación”.

Pero el mayor desafío no es climático sino edáfico: “La dificultad más importante es la heterogeneidad. En mil metros podés tener tres tipos de suelo distintos, lo que obliga a pensar mucho cada lote y a no copiar modelos”.

Ese proceso, admite, los obliga a aprender desde cero: “No hay muchos vecinos, no hay cartas de suelo, no hay tanta información. Entonces cada uno tiene que hacer su propio libreto, generar datos, ensayar”. En ese camino, el trabajo en red fue clave: “Nos sumamos al movimiento CREA y se formaron más grupos en la zona, eso acorta mucho los tiempos de aprendizaje”.

Pero detrás de este presente productivo hay una historia familiar que explica buena parte de la mirada que Soneira tiene sobre el campo y su rol social.

Su padre era sacerdote. “Mi viejo era cura, pidió permiso, se casó con mi mamá y se fueron a El Impenetrable chaqueño”, relata. Allí comenzaron literalmente desde cero: “Llegaron con una carpa, con una topadora que les dieron para abrir camino, y avanzaron hasta chocar con el río Bermejo. Así se fueron formando pueblos”.

No fue una decisión económica sino social. “Fueron a hacer acción social. No tenemos bienes, no fuimos a hacer plata. Lo que nos dejaron fue la posibilidad de estudiar”, dice.

Los Soneira son ocho hermanos, todos profesionales, criados en un contexto de esfuerzo: “Con pocos recursos, pero con mucho compromiso”.

Esa herencia se traduce hoy en su forma de producir. “Tenemos 12 empleados, algunos permanentes y otros por campaña. Muchos son chicos de la zona, algunos aborígenes, con formación primaria, que hoy manejan drones, cosechadoras o pulverizadoras selectivas”, explica. Y remarca: “El desarrollo llega para todos. Están en blanco, tienen obra social, jubilación, pueden progresar”.

Para Soneira, la agricultura es una herramienta concreta de transformación en regiones postergadas. “Yo me crié en El Impenetrable y sé lo que es el no desarrollo. Volvés después de años y ves que falta muchísimo: caminos, servicios, oportunidades”. Pero también vio el cambio: “Conocí lugares como Quimilí o Pampa de los Guanacos hace 25 años y no son lo que son hoy. La producción cambia todo”.

El desembarco en Formosa responde a esa lógica. “Es una zona con valores de tierra parecidos a lo que era Santiago del Estero hace 20 años. Para nosotros, que empezamos de cero, era la oportunidad de tener algo propio”.

Luego agregó cómo fue el inicio: “Tuvimos que desarrollar contratistas, porque nadie quería venir a una zona nueva con suelos desparejos y riesgos operativos”, cuenta. El mecanismo fue casi artesanal: financiamiento, capacitación y acompañamiento. “Actuamos como una incubadora de pymes. Compramos maquinaria, capacitamos gente, y después ellos prestan servicios a otros productores”.

Incluso innovaron en prácticas poco difundidas en la zona. “Como es muy húmeda, la pulverización terrestre es compleja, entonces empezamos a trabajar con drones cuando todavía no se usaban. Bajamos costos y generamos una nueva alternativa de trabajo”.

El planteo productivo es mixto. “Probamos maíz de agosto, soja de primavera, trigo, algodón, y también ganadería. Creemos que en zonas alejadas de los puertos hay que diversificar para ser sustentables”, afirma. Los resultados iniciales son prometedores: “En Formosa hicimos 38 quintales de soja de primavera, algo muy bueno para nosotros”.

Sin embargo, el contexto productivo viene golpeado. “En Chaco y Santiago venimos de dos campañas históricamente malas, con rendimientos cero. No se cosechó soja, ni maíz, ni algodón. Fue muy duro”, recuerda. Y aunque este año pinta mejor, hay nuevas complicaciones: “Estamos con excesos de agua que no nos dejan cosechar”.

En lo económico, también hay incertidumbre. “La estabilidad ayudó mucho a ordenar, pero los aumentos de costos como combustibles vuelven a generar tensión en los servicios y en el flete”, señala. Y vuelve sobre un reclamo estructural: “Los derechos de exportación nos pegan mucho más a los que estamos lejos de los puertos. Es una transferencia enorme de recursos que no vuelve en infraestructura”.

Pese a todo, sostiene una visión clara sobre el rol del sector privado: “Creemos que también se puede generar desarrollo social desde las empresas. No todo pasa por el Estado”. Y lo explica con una imagen concreta: “A una persona le cambiás la vida con un trabajo digno, con la posibilidad de crecer, de ver que su esfuerzo vale”.

Hoy, incluso, esa historia tiene un cierre simbólico potente: sus padres, ya mayores, trabajan con ellos en el campo. “Mi viejo tiene 82 años, mi mamá 73, y están con nosotros ayudando, haciendo cosas en el galpón, acompañando el proyecto. Es como cerrar un círculo”.

Desde aquella carpa en el impenetrable hasta el envío del primer lote de soja a Rosario, la historia de Soneira combina esfuerzo, innovación y una apuesta decidida por el norte profundo. “Lo que hacemos en estas zonas suma. Y que se conozca también”, concluyó.

Fuente: https://bichosdecampo.com/su-padre-cura-decidio-crear-pueblos-en-el-impenetrable-y-ellos-ahora-siembran-trabajo-y-desarrollo-en-formosa-la-historia-de-los-hermanos-soneira-los-productores-que-apuestan-por-un-territorio-agric/

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